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Quinto centenario

El general de la Compañía de Jesús inauguró el Año Ignacio en Pamplona, la ciudad en la que empezó todo

Este jueves se cumplieron 500 años desde que San Ignacio de Loyola cayó herido en Pamplona. Con este motivo, que dio lugar a la creación de los Jesuitas, el general de la orden recorrió la capital navarra, con una parada especial en el colegio San Ignacio

El general de la Compañía de Jesús inauguró el Año Ignacio en Pamplona, la ciudad en la que empezó todo
El general de la Compañía de Jesús inauguró el Año Ignacio en Pamplona, la ciudad en la que empezó todo
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 21/05/2021 a las 06:00
¿Usted conoce personalmente al Papa Francisco? ¿Pero personalmente? Olivia D’Ors Gozalo, de 10 años y alumna de 5º de Primaria del colegio San Ignacio (Jesuitas) de Pamplona, quería salir de dudas y por eso insistió en la pregunta. “Por supuesto, estoy con él dos o tres veces al año”. Quien respondía era el general de la Compañía de Jesús, la máxima autoridad de esta orden religiosa en todo el mundo. Pero no lo hizo en la curia vaticana sino, rodeado de niños, en un aula de este colegio pamplonés. El jesuita venezolano Arturo Sosa, nacido en Caracas hace 72 años, visitó este jueves la capital navarra. Y lo hizo con motivo de la conmemoración de los 500 años desde que el 20 de mayo de 1521 Ignacio de Loyola fue herido en Pamplona, lo que supuso su conversión y la creación de la Compañía de Jesús. Por eso, el general, acompañado por otros cargos de la orden en España y Europa, inauguró así el Año Ignaciano en la ciudad en la que empezó todo. Una parte importante de la visita la dedicó a los alumnos del colegio de Pamplona.
“Vamos a contar la historia de San Ignacio de Loyola / que nació en la Casa Torre / la verdad es que no era pobre”. Cantando el ‘Rap de Nacho’, los alumnos de 5º le dieron la bienvenida en sus clases (algunos con muletas para recordar la herida de San Ignacio). En nombre de todos, Olivia D’Ors Gozalo y Daniel Purroy Asensio le entregaron un pañuelo de San Fermín con el escudo del colegio y le hicieron algunas preguntas. “¿Qué tenemos que hacer para ser felices?”, inquirieron. “Hay que ‘bacilar’ la vida, como se dice en Venezuela. Bailarla al ritmo de las cosas que van pasando”, contestó, al tiempo que explicaba que su superior cuando estudió Filosofía en Venezuela fue el jesuita navarro Félix Moracho, director del colegio San Ignacio hace décadas. “Por eso, es como si ya hubiera estado aquí. Muchos apellidos me resultan familiares por las historias que viví con los jesuitas navarros en Venezuela”.
Concluido ese encuentro, Arturo Sosa, acompañado por el director del colegio, Carlos Moraza, se reunió en el salón de actos del centro con delegados de los cuatro cursos de ESO y los dos de Bachillerato (unos 40 alumnos de entre 12 y 18 años). Dirigidos por el profesor de Religión Miguel Iriberri Villabona, fueron planteándole preguntas. “¿Cuál es el objetivo para este año ignaciano?”, se interesó Lucía, de 1º de Bachillerato. “Los jesuitas tenemos que aprovechar esta oportunidad para examinarnos y cambiar el fondo. La transformación de la vida de Ignacio es un ejemplo para que nosotros también cambiemos”, opinó Sosa. Los alumnos quisieron saber también cómo es un ‘día normal’ en su vida en Roma, por qué se hizo jesuita o cuál es la responsabilidad del general. “Yo soy como el cuello que une la cabeza, que es Jesús, con el cuerpo, que es la compañía”. Y recordó que fue la situación social de Venezuela en los sesenta la que le hizo convertirse en sacerdote. “Ser jesuita era el modo más eficaz para colaborar con Venezuela y con toda América Latina”.
La visita al colegio terminó con el saludo a los alumnos de Primaria que formaron, sentados en el suelo, el número 500, junto con sus profesores; y a los niños de Infantil. Mientras el resto de los cursos aplaudía desde las ventanas. Por la tarde, Arturo Sosa ofició una eucaristía en la catedral de Pamplona, amenizada por la Escolanía Loyola y la Orquesta Loyola Magis.
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