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Pedagogía Montessori

Pedagogía Montessori: Niños que sienten para poder aprender

¿Tiene la pedagogía Montessori base científica? La investigadora Catherine L’ Ecuyer se formuló esa pregunta y los científicos Francisco Güell y Javier Bernácer han respondido que sí. Los tres investigan en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra

Foto del biólogo Francisco Güell (izda) y el neurocientífico Javier Bernácer, en la Universidad de Navarra.
El biólogo Francisco Güell (izda) y el neurocientífico Javier Bernácer, en la Universidad de Navarra.
Actualizada 12/04/2021 a las 06:00

Seguro que, alguna vez, ha escuchado hablar sobre el pedagogía Montessori. Y aunque, quizá, no sepa muy bien en qué consiste, le suene que es algo moderno, contrario a la educación tradicional, un método en el que los niños van por libre y que está muy de moda en muchos países. Sí y no. Se trata de una filosofía que hunde sus raíces a comienzos del siglo XX en Italia, con las investigaciones de la médico y pedagoga María Montessori, pero que sigue de plena actualidad en colegios y universidades de todo el mundo. La investigadora canadiense Catherine L’Ecuyer, autora de best seller sobre educación como 'Educar en la realidad' o 'Educar en el asombro' y articulista en El País o La Vanguardia, quiso saber si esta metodología encerraba una base científica. Y así se lo preguntó a dos compañeros de la Universidad de Navarra con los que comparte investigaciones. Los científicos Francisco Güell Pelayo, biólogo y filósofo; y Javier Bernácer María, neurocientífico y filósofo, respondieron afirmativamente a su pregunta. Y así, los tres, continúan ahora investigando en este línea en el Grupo Mente-Cerebro del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) del campus navarro. ¿Y a qué conclusión han llegado? A varias pero, sobre todo, a que para que los niños aprendan necesitan sentir. Que el cerebro no se queda fijado durante los primeros años de vida, sino que el aprendizaje es plástico y siempre se puede aprender (un idioma u otras disciplinas). Y que no es necesario, sino contraproducente, sobreestimular a los niños.

Así lo explica el biólogo Francisco Güell. “Antes de que se descubriera que el cerebro era plástico (hasta las década de 1950-1060), los científicos creían que el cerebro humano se quedaba fijado en los primeros años de vida”, apunta este investigador. Nacido en Fuenterrabía (Guipúzcoa) hace 43 años y padre de dos hijos, recuerda que, tras años de investigación, se convino en que “el cerebro es capaz de reorganizarse a cualquier edad, también a lo largo de la vida adulta”. “Pero -añade-, la educación se quedó con la idea de que hay que aprender en los primeros años de vida. Algo que no ha evolucionado”.

A este respecto, el neurocientífico Javier Bernácer recuerda que en el cerebro hay 84.000 millones de neuronas, cada una con sus conexiones. Por lo que, este toledano, de 42 años, casado y padre de dos hijos, recalca que existen más conexiones neuronales en un cerebro “que estrellas en la galaxia”. “Estos descubrimientos arrojan la idea de que en el desarrollo del ser humano hay ‘periodos críticos’ (los que son claves para el desarrollo del lenguaje, el movimiento...) y otros, ‘sensibles’ (más propicios para aprender pero no los únicos). De estos ‘periodos sensibles’ (para aprender a hablar, idiomas...) son de los que hablaba Montessori. Como lo corrobora Catherine L’Ecuyer. “Es una idea falsa que solo se pueda aprender un idioma extranjero entre los 3 y los 5 años. Yo no hablaba nada de español hasta los 27”, recuerda en un perfecto castellano esta doctora en Educación y Psicología, afincada en Barcelona y madre de cuatro hijos.

'ESCRIBIR' EN LA ESPALDA

L’Ecuyer recuerda que el tema de su tesis doctoral fue el asombro (desde el deseo de conocer las emociones de los niños). Y apunta que María Montessori nunca pronunció esta palabra en su pedagogía pero, indirectamente, sí que lo hizo al referirse a la estimulación de los sentidos. A diferencia de lo que creen algunos padres (que enseñan a sus hijos música, idiomas, ciencia... casi desde la cuna), Montessori explicaba que los menores no aprenden por sobreestimulación pero sí por los estímulos sensoriales (vista, tacto, olfato, oído...) “La gente no entiende a María Montessori. Creen que es una moda y la confunden con la pedagogía Waldorf, que no tiene nada que ver”. Y, parafraseando a la italiana, insiste en que los menores necesitan “afinar su capacidad de percibir la realidad”. “No hay nada que pase por el intelecto que no haya pasado por los sentidos”.

A este respecto, recuerda la filosofía de María Montessori de que los niños no tienen capacidad de abstracción antes de los 6 años. Por eso, insiste, los niños en la pedagogía de la italiana aprenden a ‘escribir ‘en la espalda de su maestra. “Aprenden a escribir antes que a leer. Y lo hacen dibujando los trazos de las letras en la espalda, sintiéndolas... “El neurocientífico Javier Bernácer da un paso más sobre el llamado ‘mito de la sobreestimulación’ y explica que, científicamente, no es conveniente sobreestimular al niño. “Con el paso de los años, se van perdiendo las conexiones neuronales, lo que es necesario para la vida. Sin embargo, si se sobreestimula en exceso al menor, no se mueren las neuronas y es negativo para el cerebro”. Es lo que sucede, añade, en el caso del autismo. Las personas afectadas por este trastorno neurológico, recalca, tienen más conexiones neuronales del las que deberían. “No hay niños con carencias de estímulos (solo si han vivido en orfanatos sin apego). Todos los niños aprenden si están en un ambiente normal”, añade L’Ecuyer.

Bernácer recuerda un experimento que se hizo en 2004 con ratones sobreestimulados, a los que se les sometía a muchas luces intermitentes. Y se extrajeron, añade, dos conclusiones: que estaban completamente colapsados cuando debían resolver un problema y que eran muy impulsivos. Una realidad que L’Ecuyer extrapola a las pantallas, un campo en el que es experta investigadora. Y aporta datos, que avalan los pediatras. Entre los 0 y los 2 años, los niños no deben ver ‘nada’ las pantallas. Y entre los 2 y los 5, menos de una hora al día. “Se ha demostrado que por cada hora que un niño se expone a las pantallas, entre los 0 y los 3 años, tiene un 10% más de probabilidades de tener problemas de inatención a partir de los 7”. Y da unos pasos más: “Hay estudios que alertan de que cuanto más tiempo se pasa con las redes sociales, peores notas se sacan” y que “cuántas más horas se pasan delante de una pantalla, mayor será la impulsividad”. Además, recalca, no existen estudios que aseguren que las tecnologías sirvan para la educación. ¿Y qué concluyen los investigadores? “Que el cerebro es plástico pero no elástico. Y que, con la multitarea tecnológica, no se atiende bien y se cometen más errores”.

Montessori, una pedagogía que se apoya en los sentidos y la libertad

 


María Montessori (1870-1952) fue una médico y pedagoga italiana famosa en todo el mundo. Desde que a comienzos del siglo XX ideó una metodología de enseñanza que rompía con todas las convenciones que existían hasta el momento. Se basaba enseñar habilidades de la vida práctica, en la libertad del menor para decidir qué aprender y a qué ritmo y el considerar al adulto solo como un ‘guía’ en el aprendizaje y en la educación a través de los sentidos. Se refirió también a los llamados ‘periodos sensibles’, aquellos momentos de la vida del niño en los que se puede adquirir una habilidad (leer, aprender idiomas...) con más facilidad que en otros.

El método Montessori, extendido por colegios y universidades de todo el mundo, se caracteriza por un ‘ambiente preparado’: ordenado, simple, real, donde cada elemento tiene su razón en el desarrollo de los niños. El aula integra edades agrupadas en períodos de tres años y se promueve la socialización.


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