Endometriosis
Nuria Orzanco, sobre la endometriosis: “El dolor era tan intenso que me he llegado a desmayar”
Treinta años de dolor de regla “insoportable”. El diagnóstico y dos operaciones eliminaron el foco del problema pero no sus efectos. Por el ‘Día mundial de la endometriosis’, esta mujer cuenta su caso


Actualizado el 14/03/2021 a las 06:00
Nuria Orzanco sentía que la “acuchillaban por dentro”. Que tenía un dolor tan intenso e insoportable que la doblaba en dos e, incluso, se tenía que sentar en el bordillo de una acera en plena calle porque no era capaz de seguir caminando. Y aquella situación no ocurría de vez en cuando. No. Sino todos los meses cuando le iba a venir la regla. Durante su época universitaria, tenía que abandonar el aula e irse a casa porque no podía más. Y mientras trabajaba en la empresa M. Torres, como técnico en prevención de riesgos laborales, se levantaba de su silla y se tumbaba en la camilla del servicio médico. Cada mes. Desde los 11 años, cuando le vino la primera regla, hasta hace unos meses, cuando le extirparon definitivamente el útero. Nuria Orzanco Zubiri forma parte de ese 10-15% de mujeres que sufre endometriosis. Una enfermedad benigna (en cuanto que no supone la muerte) pero que afecta a la salud física y mental de quien la padece. Igual que a su vida familiar, social y laboral. Pamplonesa de 43 años y vecina de Olcoz (Zona Media), bióloga y titulada superior en piano, Nuria Orzanco recibió por fin en 2019 el diagnóstico definitivo. “Cuando me dijeron lo que tenía respiré. Pero al mismo tiempo me eché a llorar. ¿Cómo era posible que en treinta años cinco ginecólogos no hubieran descubierto qué me pasaba?”, se pregunta. Este diagnóstico tardío, lamenta, le ha provocado graves efectos secundarios. Y aunque ya no sufre dolores de regla, desde que el pasado junio le quitaron el útero, sí que tiene un dolor crónico en las caderas y la zona lumbar que le ha provocado una cojera en la pierna derecha y, en consecuencia, la incapacidad laboral total, aunque reversible si su situación mejora. Casada y sin hijos (“ha sido muy duro aceptar que no podía ser madre”), quiere compartir su testimonio para visibilizar esta enfermedad y buscar una mayor comprensión social. Lo hace con motivo de que este domingo, 14 de marzo, es el ‘Día mundial de la endometriosis’. La que sigue es su historia.
A Nuria le vino su primera regla a los 11 años. Y desde el principio le dolía mucho la tripa y tenía menstruaciones muy abundantes y que duraban entre diez y doce días. “Pero me decían que era normal”. Ya de adolescentes, alrededor de los 16 años, experimentaba tales dolores, que su madre la llevaba con frecuencia a urgencias (se desmayaba del dolor y perdía el conocimiento). “En las clases de Educación Física del instituto lo pasaba fatal. No podía correr”, recuerda. Pero de aquellas consultas médicas no sacó nada en claro. “Ni en las radiografías ni en las resonancias se veía nada. Es el problema de esta enfermedad, que es invisible”. Todos los ginecólogos que la atendían coincidían en el diagnóstico: “Estás bien. No hay nada anormal”. “Pero yo me encontraba fatal. No solo era un dolor de regla sino que experimentaba fatiga crónica, insomnio, migrañas, dolor en las caderas, en la zona lumbar, en las piernas...” Los médicos le pautaban un tratamiento hormonal (la ‘píldora’ para evitar la ovulación y provocar una regla artificial) y le colocaron un DIU (dispositivo intrauterino). “Pero el dolor era tal, por las contracciones que tenía, que me lo quitaron a los tres meses”. La vida de Nuria, recuerda ahora, giraba “alrededor de la regla”. “Lo organizaba para que me bajara en fin de semana y así poderlo pasar tumbada en el sofá sin ir a trabajar. ¡Hasta mi boda y el viaje de novios lo organicé para que no me coincidiera! Era horrible. Cuando me iba a bajar, me venía un dolor intenso en las ingles, las piernas... que no me dejaba ni dormir. He pasado muchas noches despierta en el sofá”.
DIAGNÓSTICO, CON 41 AÑOS
Treinta años después de tener su primera regla, Nuria por fin recibió un diagnóstico. “Cuando la ginecóloga del centro de la mujer de Azpilagaña me lo dijo, se lo agradecí. Aunque había tardado en llegar, por fin sabía qué tenía. Porque, como nadie te encuentra nada, te llegas a obsesionar con que no es real. ¡Y a muchas mujeres las consideran locas!”
Y tras el diagnóstico, los tratamientos. Primero fue una operación, en enero de 2019, por laparoscopia (unas pequeñas incisiones en el abdomen) para retirar las adherencias de la endometriosis en los intestinos, los ovarios... “Me operaron en la Clínica San Miguel porque tengo un seguro privado”. Pero esa cirugía no fue suficiente. El útero seguía con espasmos. “¡Es como si estuviera de parto todos los meses y sin epidural!”, bromea. El dolor físico se unió al emocional por no poder quedarse embarazada. “Suerte que en este aspecto, y en todos los demás, siempre he tenido un gran apoyo en mi marido y en toda mi familia”, confiesa. Mientras tanto, experimentaba un cansancio extremo. “Había días que no me podía ni levantar”.
Como su salud no mejoraba, recuerda Nuria, programaron una segunda operación. En este caso en la Clínica Dexeus de Barcelona, en la que existe una unidad especializada en endometriosis. “Yo no podía más y quería que me extirparan el útero. Al principio, se negaban y decían que yo aún era muy joven. Pero no podía soportar más”. La operación, programada para el 27 de marzo de 2020, tuvo que posponerse por la pandemia al mes de junio. “Durante el confinamiento lo pasé fatal porque yo necesito moverme y andar (todos los días, una hora), por el problema en las caderas y las piernas”. Sin útero ni trompas regresó Nuria a Pamplona a finales de junio de 2020, dos días después de la operación. “Ahora ya no tengo dolor abdominal porque me han quitado el origen del problema pero continúan los efectos secundarios”. Esos problemas en las caderas, la zona lumbar y las piernas, motivados por los espasmos del útero, durante tantos años, que dañaron la musculatura de la zona.
Nuria recibe ahora tratamientos para paliarlos en la unidad del dolor del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) y en la clínica Ubarmin. “No tiro la toalla y sigo adelante porque confío en que, con estos tratamientos, voy a mejorar y podré volver a trabajar, aunque sean unas pocas horas”. Nuria recuerda siempre a su madre, fallecida en 2007 por cáncer de endometrio, “por lo que esta enfermedad puede ser hereditaria”. “Ella es mi referente. No se rindió. Fue valiente y luchó”. Lo que seguirá haciendo ella mientras pide a la sociedad, “más comprensión e investigación médica”.
La endometriosis, apuntan los expertos, es una enfermedad benigna (en el sentido de que no ocasiona la muerte) y que afecta a las mujeres durante su vida reproductiva (desde la primera regla a la menopausia). Se origina porque el endometrio, la capa que recubre el interior del útero, se desarrolla incorrectamente fuera de él y se extiende por los ovarios, intestinos y, en ocasiones menos frecuentes, puede llegar hasta los pulmones o el cerebro.
La endometriosis provoca un dolor menstrual muy intenso (por las contracciones uterinas), sangrados abundantes durante la regla, dolor en las relaciones sexuales (porque la penetración puede presionar zonas afectadas por la endometriosis) e, incluso, infertilidad o esterilidad. Son los dos últimos supuestos los que hacen a las mujeres consultar con el ginecólogo y se suele dar entonces con el diagnóstico. El embarazo es positivo sobre la enfermedad: los ovarios no ovulan.
La endometriosis puede tener un componente genético y afecta a entre un 10% y un 15% de las mujeres. Su tratamiento pasa por tomar hormonas y por la cirugía, en la que, a veces y si es necesario, se extirpan, no solo las adherencias, sino también, el útero y los ovarios.