Tribunales

El 'man in the middle' que acabó en prisión por una estafa en Bera

Un holandés fue condenado ayer tras reconocer que estafó 313.000 euros a dos empresas de Noruega y Bera al intervenir en sus correos

Un coche de la Guardia Civil.
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Un coche de la Guardia Civil.Europa Press
Un coche de la Guardia Civil.

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Gabriel González

Actualizado el 10/03/2021 a las 06:00

No es fácil que las estafas conocidas como Man in the middle acaben en juicio. Ni en condena. Este tipo de fraudes, en el que unos hackers se entrometen en las relaciones entre dos empresas hasta suplantar a una de ellas para obtener un pago, suele cometerse desde países de Asia, África y Latinoamérica, lo que dificulta que se puedan perseguir. Pero la que el martes acabó en condena en la Audiencia Provincial la cometió un ciudadano de Holanda que en 2015 estafó 313.168 euro a dos empresas, una Bera y otra de Noruega. Aceptó dos años de prisión.

Acompañado de una intérprete de holandés, el acusado llegó al juicio procedente de la cárcel de Pamplona, donde quedó ingresado después de no presentarse en el juicio anterior y ser extraditado por la justicia holandesa tras la investigación de la Guardia Civil de Navarra. “Lo siento mucho, no era mi intención y no lo hice adrede. Metieron dinero sucio en mi cuenta”, afirmó tras sellarse el acuerdo. Después, quedó en libertad a condición de que pague una indemnización de 100.000 euros en los próximos 13 meses. Si no lo hace, volverá a prisión.

Fuera o no sincero su arrepentimiento (los arrestados en casos así no suelen ser los actores principales), lo que sí reconoció es que en 2015 formaba parte de un grupo criminal junto con un primo suyo (no ha sido localizado), ambos de origen turco y de nacionalidad holandesa. Y que a través de la “manipulación informática”, según la sentencia, lograron acceder a los servidores de una empresa que se dedica a la venta de pescado en Noruega. Así es como obtuvieron datos sobre las relaciones mercantiles de la firma noruega y una empresa de Bera. Con esta información, crearon un correo electrónico que simulaba ser el de un representante de la empresa noruega. Era una cuenta de correo idéntica a la real salvo un pequeño detalle: el cambio de una “e” por una “a” en la dirección, algo prácticamente imposible de descubrir puesto que el nombre que aparecía en el encabezado era el mismo. Además, en estos casos hasta se imita la forma de escribir del emisor tras un estudio previo por los hackers.

Por medio esta cuenta, enviaron un correo a la empresa navarra en el que comunicaban que habían cambiado de entidad bancaria, facilitando el nuevo número en el que se debían abonar los pedidos. En realidad, era el número de cuenta de una empresa pantalla a nombre de los dos acusados. A continuación, y como gracias a su acceso a los servidores habían descubierto tres facturas pendientes de pago por parte de la empresa navarra, reclamaron su abono a través de un email enviado por la cuenta falsa. “En la creencia de que la reclamación de abono era legítima, dado que las facturas remitidas correspondían a operaciones de compraventas ya realizadas y pendientes de pago, se procedió a pagar”.

Las cantidades ingresadas fueron retiradas de inmediato. Las dos empresas, por su parte, no se dieron cuenta del fraude hasta once días después del abono. Dos años años después, acordaron asumir el perjuicio a medias y en el juicio solo se reclamaba al acusado 100.000 euros.

Para evitar este tipo de estafas, los investigadores recomiendan verificar por teléfono cualquier cambio en las cuentas bancarias de proveedores y clientes.

El man in the midle que acabó en prisión

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