Coronavirus

El 'pinchazo' a los mayores de ochenta

Ayer comenzó la administración de la primera dosis de la vacuna para las personas mayores de ochenta años en el polideportivo de Azpilagaña. Días atrás, en este recinto y en La Rochapea, ya comenzó la vacunación a los mayores de noventa

Fotos de la vacunación de los mayores de 80 años en Pamplona. Este sábado han vacunado en el polideportivo de Azpilagaña
AmpliarAmpliar
Fotos de la vacunación de los mayores de 80 años en Pamplona. Este sábado han vacunado en el polideportivo de AzpilagañaJesús Caso
Fotos de la vacunación de los mayores de 80 años en Pamplona. Este sábado han vacunado en el polideportivo de Azpilagaña

CerrarCerrar
Fotos de la vacunación de los mayores de 80 años en Pamplona. Este sábado han vacunado en el polideportivo de Azpilagaña
Fotos de la vacunación de los mayores de 80 años en Pamplona. Este sábado han vacunado en el polideportivo de Azpilagaña / Jesús Caso

Lucas Domaica

Actualizado el 07/03/2021 a las 06:00

Con bastones, con taca tacas o agarrados fuertes al brazo del acompañante hacían cola medio centenar de octogenarios para entrar al polideportivo de Azpilagaña en torno a las diez de la mañana. En otras ocasiones, la ilusión de entrar a la pista la tenían los pequeños que acudían a disputar partidos, esta vez las canastas se plegaron y el marcador solo marcaba la hora. La hora de la vacuna y, por tanto, de los mayores.

“Tenemos para rato”, comentaba una mujer desde la fila haciendo referencia al retraso de algunos minutos que llevaba el proceso de vacunación. Mientras, un voluntario ofrecía sillas para la espera. Unos las agradecían y otros las denegaban. En la entrada se escuchaban bromas de unos a otros. “¿Aquí es donde pinchan? ¡Que yo no quiero!”, comentaba riéndose un vecino.

La espera no solo era notoria en la acera. En la carretera, varios agentes de Policía Municipal de Pamplona organizaban a los coches que llegaban con los ancianos más dependientes. Una vez aparcados, una voluntaria de Cruz Roja tomaba nota de la matrícula y de los documentos del vacunado y lo trasladaba al interior del polideportivo para que los enfermeros salieran a los vehículos a administrar la dosis.

Conforme iba avanzando la cola, miembros de Cruz Roja y de DYA Navarra daban indicaciones. “Tenemos voluntarios en la entrada con gel hidroalcohólico, otros antes de la vacuna explican la documentación que hay que entregar, también hay en las sillas postvacunación y otros en la salida. En total veinte, diez por la mañana y diez por la tarde”, explicaba Javier Zubieta Sesma, jefe de equipo de Cruz Roja.

LOS VACUNADOS

“Tengo muchas ganas de que me la pongan y poder abrazar a mis siete nietos porque solo he podido estar con ellos a medias”, decía Nati Garayalde Pagola, de 91 años. Esta vecina, que tenía ganas de conseguir la foto del momento de la vacunación, acudió hasta Azpilagaña con Blanca Esteban Noguera, sanitaria ya vacunada. “Hemos esperado unos 25 minutos, teníamos a las 10.30 y hemos venido un rato antes”, explicaba.

Unos metros detrás, junto a una portería, Luis Pérez Bueno, de 89 años y vecino de La Milagrosa, esperaba en compañía de su hijo Eduardo Pérez. “Todo este tiempo atrás lo ha llevado muy a rajatabla, mucha casa y poco salir”, indicaba el hijo. “Nos llamaron el jueves y tengo ganas”, añadía su padre.

Esta llamada era objeto de deseo de muchos en días atrás. “Esperábamos que nos tocara pronto”, afirmaba Mª Josefa Domeque Piedrafita, de 81 años, junto a su marido José Ballarín Bibián, de 87 años. Este matrimonio esperaba sentado en las sillas habilitadas para el rato siguiente al inyectar la dosis. Él no tenía muchas ganas de la vacuna, pero ella sí. “Es conveniente ponérsela”, añadía José Ballarín. “El confinamiento lo llevamos mal, pero nos quedamos con que estamos bien”, comentaba Mª Josefa Domeque. Él comentaba orgulloso que próximamente tendrán un biznieto. “No hemos estado nada con la familia, solo en Navidad y nos hicimos la PCR todos”, reconocía ella.

Justo en la entrada al box de vacunación, dos hermanos mostraban la documentación en la mesa. “Ella no tiene ganas pero él está deseando”, comentaba Reyes Lacunza Artica, hija de MªCruz Lacunza Artica, de 87 años, y sobrina de Alfredo Lacunza Artica, de 82 años. “No hay más remedio que ponérsela”, reía Mª Cruz Lacunza. “En casa sin salir, castigados. La verdad que el confinamiento fue duro. El hecho de no relacionarse, no ver a los dos nietos...”, argumentaba la hija.

“Yo no tengo ni ganas ni no ganas. Hay que ponérsela porque las vacunas han salvado a la humanidad”, comentaba Francisco Armendáriz Yabar, de 89 años, junto a su mujer Mª Teresa Beloqui Monreal, de 87 años. “Nada, esto es como el pinchazo de la gripe”, concluía él.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora