Coronavirus
¿Nos estamos cansando ya de obedecer las normas?
En una maratón se llama ‘muro’ a ese momento de flaqueza que llega en torno al kilómetro 30 de los 42. El cansancio que arrastramos ahora tras casi un año de crisis covid se asemeja en parte a ese tramo. Hay que luchar para llegar a la meta


Actualizado el 06/02/2021 a las 06:00
Pasó el verano sin Sanfermines ni fiestas. Llegó el otoño. Segunda ola, cerraron bares y limitaron muchísimo las Navidades. La vacuna avanza a cuentagotas, mientras los contagios persisten y nuevas cepas desdibujan el horizonte de lo que se llamó ‘nueva normalidad’. ¿Volverá? Ni siquiera el verano, para el que faltan cuatro meses, parece prometernos nada. Estamos en ese punto de una larga carrera en la que ya arrastramos cansancio, pero la meta está todavía lejana. ¿De dónde sacamos la fuerzas? Lidia Rúperez Lana, psicóloga de emergencias del Colegio de Psicólogos de Navarra admite que la situación es “difícil”, y no es sencillo encontrar mensajes que motiven a la población. “Hemos pasado de un estado general en marzo-abril del año pasado, con la irrupción de todo esto, en el que reinaban la sorpresa, la incertidumbre, el miedo al virus, y el desconocimiento”. Ahora, prácticamente un año después, añade, las sensaciones más predominantes tienen que ver con la ansiedad, la tristeza, el vacío o la amargura.
Hay pocas voces que contradigan esa percepción de grisura, aunque Rúperez insta a no caer en el desánimo. “Tenemos que seguir cumpliendo porque eso puede ayudar a que ese final llegue antes”.
Emilio Garrido, psicólogo y pedagogo, asegura que es complicado encontrar a alguien que no esté “harto” de la pandemia. “Todos lo estamos, pero es peligroso caer en esa ideaque va calando poco a poco de que llevamos un año de sacrificios y eso no ha servido para nada. Las restricciones, aunque no nos gustan, han funcionado. Es muy perjudicial abandonarse a la inacción, sobre todo en el ámbito de la salud mental”. Garrido indica que los efectos negativos de ese caldo de cultivo pesimista se está notando mucho en todo el ámbito de las patologías relacionadas con la depresión, la ansiedad e incluso el suicidio, cuyas cifras a inicio de año han aumentado considerablemente. “Se está produciendo en algunas personas lo que en psicología denominamos inundación, un término que indica que esa mente no ve necesidad de seguir luchando para seguir adelante. Que sea lo que Dios quiera y sálvese quien pueda, me dejo ir. Hay que actuar antes de llegar a esa inundación”.
En esa línea se pronuncia también Jesús Estanga, comisario del área de Proximidad y Prevención de la Policía Municipal de Pamplona. “Hemos notado un gran agotamiento de la gente, sobre todo a partir de Navidades. Las restricciones en esas fechas tan señaladas fueron para muchos una especie de punto de inflexión. Nos han aumentado las llamadas de ciudadanos que se quejan de que sus sacrificios en Nochebuena o Año Nuevo, por poner, se queden en nada si hay otros incumpliendo, entonces o después. Hasta estas últimas semanas, posiblemente no contactaban con la policía si veían a 4 bebiendo en un banco o escuchaban jaleo en la casa de al lado, donde seguro hay más de los convivientes que permite la ley. Ahora, sí”.
No hay más que ver que los datos de sanciones o intervenciones policiales de los últimos fines de semana han crecido. “No lo achacamos a que se esté incumpliendo más, en general, sino a que aguantamos menos, todos. Unos porque dan el paso y se juntan en una casa. Otros porque en cuanto perciben molestia avisan a la policía”. Sí matiza Estanga que en ese cansancio no han percibido hasta la fecha ningún tipo de ira o enfado violento, una reacción entre algunas personas que sí se ha producido en otras ciudades como Bilbao, con altercados o lanzamientos de objetos a la policía, cuyos agentes ejecutan la normativa en vigor en cada momento.
Precisamente añaden que la gente también les manifiesta su desconcierto con el cambio en la normativa vigente, que las autoridades van regulando en función de la situación sanitaria. Juan Cruz, jefe de la Policía Local de Tudela, comparte ese análisis sobre el vaivén normativo e informa que en su caso han notado un mayor número de incumplimientos recientes en cuanto al toque de queda, marcado entre 23 y 6 horas, así como en reuniones en el ámbito privado, circunscritas actualmente al núcleo convivencial.
“La gente se está juntando en los domicilios, aunque cada celebración es de un perfil. Hay estudiantes y jóvenes, hay dos o tres familias que se juntan por un cumpleaños, con hijos, con primos, o una cuadrilla de amigos que quedan a comer o a merendar. Cuando les explicas que eso ahora mismo no puede hacerse sí que hay alguno que se nos ha rebelado un poco y nos dice a ver por qué los políticos pueden hacer lo que quieren y ellos tienen que estar sin verse. O que no saben qué sentido tiene eso de poder comer en la terraza de un bar y no en casa de los padres o de los hijos”, admite Cruz, que confiesa que también encuentra “muy cansada” a la gente, pero que en su gran mayoría respeta y cumple la normativa.
Además, los policías son también ciudadanos, que conviven con esa fatiga igual o más que el resto, además de acumular meses de gran despliegue operativo para velar por la salud pública. Elena Hernández Goñi, capitán de la Guardia Civil, lidia con esa doble labor y resalta que desde marzo los agentes han hecho “mucha, mucha labor pedagógica”. No ha habido ánimo sancionador en el múltiple abanico de funciones que les ha tocado llevar a cabo desde el inicio del confinamiento más estricto, desde la desinfección de residencias al abastecimiento de medicamentos o el control del confinamiento de municipios con tasas muy elevadas de contagios, entre otros. “La conducta de la gente está siendo ejemplar y en los incumplimientos que ha habido hemos tratado de distinguir cuáles eran conductas que realmente podían atentar contra la salud pública. No es lo mismo ir sin mascarilla, una vez, en una zona alejada de un núcleo urbano que rechazar de forma reiterada su uso y sumar varias multas por lo mismo”.
El marco temporal que va de marzo a enero es muy importante en el comentario que realiza el abogado penalista Francisco Javier Moreno Vidal, que tuvo a varios clientes que recurrieron al Tribunal Contecioso-Administrativo las multas impuestas durante esa primera fase de confinamiento más ortodoxo. Hasta septiembre, se habían notificado en Navarra casi 20.000 denuncias. “Hay muchas de esas conductas que no implican desobedicencia, como ir a comprar a tu supermercado de siempre en vez de al ultramarino de la esquina”, argumenta. En las sanciones notificadas posteriormente, más recientes en el tiempo, sí percibe que pueda existir un componente más negacionista en alguna de esos multados. “El que acumula 6-7-8 multas es otro tipo de incumplidor, claro está”.
HARTOS DE ‘JETAS’ Y NIÑATOS
Todos estamos cansados, sí, es cierto, pero hay unos más ‘hasta el moño’ que otros. Carlos Yárnoz, comisario de Policía Foral y responsable del Área de Seguridad Ciudadana, pone el foco en algunos “jetas y niñatos” que se valen de esa excusa para dejar las restricciones para otros. “Si ya pasas de todo, el estar harto es un plus. Lo cómodo es incumplir, unido a un contexto de egoísmo y de hedonimos en el que solo pienso en mí, pues organizo un botellón con otros 20 o me voy de fiesta a una borda o a una casa rural y a disfrutar”, ejemplifica. Aunque distingue. “Los que verdaderamente incumplen son los 50 que nos dan problemas siempre. Con pandemia o sin ella. Lo que pasa es que antes, si salían 10.000 chavales por la noche, por ejemplo porque hubieran terminado los exámenes, como que pasaban más desapercibidos. Ahora solo están ellos, meten más bulla, la gente nos llama a las primeras de cambio y salen en prensa y parece que todos los jóvenes están de botellón sin importarles el virus”. No es así, reiteran todos los consultados. Hay jóvenes que se creen más inmunes al virus y a las restricciones, sí, pero hay otros muchos, muchos más que han cambiado su modelo de ocio y no piensan solo en salir, beber y bailar de fiesta hasta el amanecer.
Cuenta Yárnoz que le ha tocado dar alguna charla en estos meses a universitarios que le planteaban que la pandemia se les estaba haciendo muy larga. “Se quejaban de que esta situación les está haciendo perder alguno de los mejores años de su vida, con 19 años. Y sí, es verdad, se les ha cerrado el ocio nocturno, esas válvulas de escape, ese socializarse y juntarse así, pero, ¡tienen 19 años! Díselo a uno de 85 que lleva un año sin ver casi a sus nietos o al que ha perdido a un ser querido”. Por si esa idea todavía no les consuela, tiene más argumentos. “Se les pide lo mismo que a los demás. Compromiso y paciencia, y que cambien sus métodos de ocio, que muchos ya lo están haciendo. Hay alguno que se llena la boca hablando del cambio climático, de igualdad, de apoyo al colectivo LGTBI, y sí, es muy bonito estar comprometido con todo eso, pero esto también, que hay muchas vidas en juego. Poner de tu parte cuando cuesta es solidaridad. El resto, hipocresía”.
¿Cómo mantener la tensión y no relajarnos ante este panorama? Fran Camacho, inspector jefe de la Policía Nacional, no tiene una receta mágica, pero apela a no perder de vista la realidad más trágica que estará siempre asociada al concepto coronavirus. “Hay muchos muertos a diario. Cientos de personas. No está bien que miremos hacia otro lado. Además, todos tenemos familiares o amigos o conocidos que han fallecido o que lo han pasado muy mal por esta situación. Todos queremos que se termine pero hay que intentar trabajar el punto débil que todos tenemos y pensar que por ahí puede entrar el virus. Está claro que cuando nos relajamos ayudamos a que se propague y hay mucha gente en situación muy vulnerable”. Se acuerda Camacho de los mayores que viven solos o de los abuelos que no están pudiendo disfrutar de sus nietos, por ejemplo. “Es una relación muy entrañable, pero no por querer correr demasiado vamos a exponerles. Vamos a poner de nuestra parte para que lleguen a la meta con nosotros”.
¿EQUILIBRIO IMPOSIBLE?
Muchos muertos por coronavirus al día y, a la vez, cada vez más hartazgo y riesgo de tirar la toalla entre una población que no ve la luz al final del túnel, con aumento de problemas mentales y mayor relajación en el cumplimiento de las restricciones. ¿Cómo combinarlo todo para que no explote? “Es fácil decirlo, pero hay que intentar buscar un equilibrio”, avanza Emilio Garrido, que recuerda que la Organización Mundial de la Salud define este último concepto como el bienestar físico, psicológico y social. “Hay que prevenir la salud física, por supuesto, pero también la psíquica y la social”. Para ello, y dentro de unas normas de juego comunes porque vivimos en sociedad, invita a diferenciar ciertos tramos de edad. “Los jóvenes necesitan cuidar ese soporte social y psicológico. A mi edad me viene muy bien poder salir a caminar dos veces al día, pero ellos tienen otras necesidades a las que hay que buscar respuesta, Si no son juergas, lo orientarán de otra manera, pero buscarán a sus iguales. La salud social es sumamente importante y los suicidios también son muertos”.
Conseguir escalar el muro o esa pájara que amenaza con sacar a los corredores de fondo de la trayectoria hacia la meta. Con ese objetivo debemos seguir luchando en nuestro día a día, coincide Lidia Rúperez, cada uno en nuestro ámbito. “Claro que echamos de menos el juntarnos, pero mientras tanto tenemos que poner de nuestra parte para intentar estar bien, remotivarnos”. Enumera planear pequeñas recompensas en el aquí y en el ahora (no fantasear con proyectos que no sabemos si llegarán o de qué forma, como la Semana Santa o el verano), instaurar ciertas rutinas físicas, que vienen siempre bien, como pasear o salir en bici, entre otras e idear maneras de cuidar ese círculo social para el que hemos tenido que reinventarnos. “Vernos en la calle, pero vernos. Hablar. Verbalizar nuestras emociones, aunque sea para quejarnos, y no obsesionarnos con el final. Se trata de disfrutar de cada momento”.
Esta época que estamos viviendo nos deja además algunas enseñanzas que no debemos despreciar. “Vivimos en un toque de queda, entonces a todos los coches que circulan a partir de las 23 horas se les para y eso ha hecho aflorar casos de consumos de alcohol al volante, que de otra manera, en la vida normal, con un flujo de tráfico más denso a esas horas, hubieran pasado desapercibido, con el riesgo que implican esos conductores”, indica Francisco Javier Moreno, que se ha pasado buena parte de la semana pasada en el juzgado de guardia atendiendo estos casos.
O descubrimientos como el de la ciudad sin ruido o sin suciedad, como efecto de los botellones o el ocio nocturno, que rescata Jesús Estanga. “Un día seguramente volveremos a esa cultura de salir de fiesta hasta las tantas, con los bares y discotecas, la música, la alegría, etc. Es muy probable además haya una explosión de ganas de salir entre la gente, pero entonces tendremos que volver a replantear qué tipo de ciudad queremos, porque los vecinos han pasado esta época sin ruidos o basuras y eso ha sido positivo también, así que habrá que pensar cómo mantener lo bueno de este periodo sin perder lo que nos gustaba de antes”, lanza el guante.
Lo coge en parte Carlos Yárnoz que critica a los que incumplen pero aplaude a todos los jóvenes que han encontrado otra manera de disfrutar de su tiempo libre que no sea de noche y de fiesta. “Hablamos de los que nos desilusionan pero también es justo valorar a los que nos han dado ejemplo”.
Ninguno se atreve a poner fecha a esa meta de ‘normalidad’, aunque todos señalan que llegará. Probablemente más tarde de lo que nos gustaría, advierten. “Pero mucho peor estábamos en marzo o abril. Confinados, sin poder salir de casa. Ahora tenemos limitaciones, es verdad, pero nada que ver con aquello”, recuerda la capitán Hernández. De su experiencia, insiste en remarcar la conducta intachable de la inmensa mayoría de la gente y su compromiso. “No sé cuándo saldremos de esto, pero llegará. Yo confío mucho en la vacuna, pero para poder volver a una vida normal tiene que llegar al 100% de la población, y en esas estamos”.