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Un estudio visibiliza la realidad de las mujeres durante el confinamiento

El Gobierno foral ha realizado 1.717 contrataciones para hacer frente al coronavirus
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El Gobierno foral ha realizado 1.717 contrataciones para hacer frente al coronavirus

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Efe. Pamplona

Publicado el 02/02/2021 a las 15:28

Las experiencias y testimonios de 51 mujeres durante el confinamiento domiciliario del pasado año con motivo de la covid-19 han sido recogidos en un estudio que conforma una historia "común e interrelacionada que sirve como referente para otras mujeres y contribuye a la memoria feminista".

Así se ha puesto de manifiesto durante su presentación este martes en rueda de prensa por el consejero de Presidencia, Igualdad, Función Pública e Interior, Javier Remírez; la directora gerente del INAI / NABI, Eva Istúriz; y su autora, Sara Ibarrola.

El Gobierno, a través del Instituto Navarro para la Igualdad, ha promovido este estudio que, en su versión impresa y audiovisual, muestra las diferentes realidades de las mujeres participantes.

A través de él se muestran relatos estremecedores como el de una mujer que convivió durante ese tiempo con su agresor y que describe el confinamiento como "un infierno".

La directora gerente del INAI ha resaltado que el estudio incorpora una mirada concreta, la de las mujeres que han estado confinadas en Navarra y que han vivido realidades muy diversas. "A nivel cualitativo, genera un nuevo conocimiento, una vía de aprendizaje que complementa y enriquece la información cuantitativa y de datos estadísticos sobre el impacto de la covid", ha añadido.

Para llevarlo a cabo se ha recurrido a la entrevista grupal y el testimonio individual de cada una de las 51 mujeres participantes, de distintas zonas geográficas y distintos ámbitos sociales y laborales: las mujeres gitanas, migrantes, autónomas, en situación de teletrabajo, que se dedican al cuidado y mujeres mayores de 65 años.

También se incluyen los testimonios de las mujeres que vivieron una situación de violencia de género, la de aquellas con menores con discapacidad o mujeres al frente de hogares monomarentales, entre otras.

Como recoge el estudio, desde los Equipos de Atención Integral a Víctimas de la Violencia de Género se afirma que, durante el confinamiento, las víctimas de violencia de género relataban que estaban más controladas, desautorizadas, aisladas o supervisadas mediante el móvil y que se intensificó el miedo, la tristeza, la apatía, la ansiedad o las dificultades para conciliar el sueño.

Además, añaden, que para ellas fue reparador poder transmitir cómo vivieron esa situación y se constató la situación de extrema dificultad de las mujeres que se encontraban en contextos de prostitución, para las que se habilitó dos recursos de alojamiento.

Asimismo, durante el confinamiento, las mujeres gitanas asumieron un papel protagonista y muy resolutivo en sus hogares, sacando adelante a las familias y garantizando la subsistencia de las mismas.

Por su parte, las mujeres mayores de 65 años vivieron el confinamiento con miedo a contraer la enfermedad, a contagiar a otras personas y a fallecer, lo unido al aislamiento tuvo un impacto en su salud psicológica y emocional. Además, es común en muchos de los testimonios el dolor experimentado por la muerte de otras personas por el coronavirus.

Como factor positivo, el estudio remarca que las relaciones entre los vecinos se vieron reforzadas y se desarrollaron numerosas iniciativas relacionadas con los cuidados a las personas más vulnerables.

Los testimonios de las que teletrabajaron y con hijos menores reflejan que el trabajo doméstico y los cuidados han recaído en las mujeres, por lo que el teletrabajo no ha servido para repartir de forma más equitativa los cuidados y sí para añadir más carga de trabajo a las mujeres, con el consiguiente incremento de sus riesgos psicosociales y su malestar.

Las mujeres autónomas o al frente de pequeños negocios afirman haber vivido el confinamiento “con incertidumbre”.

Con todo ello se ha concluido que son las mujeres, de manera mayoritaria, quienes sostienen el sistema de cuidados, tanto en el ámbito privado, como el hogar, como en el público.

Asimismo, se pone de manifiesto la necesaria regulación del teletrabajo con el objetivo de que sea una posibilidad en condiciones de igualdad para las mujeres que quieran y puedan acogerse a esa forma de trabajar.

Igualmente, evidencia la necesidad de continuar promoviendo programas de empoderamiento dirigidos a las mujeres mayores de 65 años, un colectivo especialmente vulnerable.

Asimismo se ha constatado que, para la mayoría de las mujeres participantes, la existencia de servicios y recursos públicos y comunitarios ha resultado fundamental en un contexto en el que se han intensificado las desigualdades discriminatorias contra las mujeres.

Estas conclusiones, han apuntado, son la base para marcar políticas y acciones que se deben afrontar y que en muchos casos se han ido materializando.

Al respecto, Remírez ha comentado que revelan "la necesidad de seguir reforzando las políticas de conciliación en las que el Ejecutivo foral ya viene trabajando con líneas de ayudas y deducciones para la contratación de personal cuidador o ayudas para la excedencia.”

En esa línea ha comentado que el futuro Plan de Empleo “incluirá una mirada muy importante al empleo femenino y se tendrá muy en cuenta la situación laboral de las mujeres, dando la importancia que merece a la brecha existente en material de temporalidad y precariedad”.

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