Coronavirus

MULTIMEDIA | Consejos de los expertos para antes, durante y después de las celebraciones navideñas

Epidemiólogos y microbiólogos sitúan como claves mascarilla, ventilación frecuente y distancia para evitar contagios masivos

Multimedia. Los expertos piden reducir al mínimo posible los comensales en Navidad
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Multimedia. Los expertos piden reducir al mínimo posible los comensales en Navidad

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Carlos Lipúzcoa

Actualizado el 20/12/2020 a las 10:04

 


Este año la lotería de Navidad tendrá que compartir protagonismo con el sorteo de la covid. El coronavirus es un microorganismo dotado de una gran capacidad infecciosa y permanece al acecho, silencioso, a la espera de una oportunidad de contagio. Y con las celebraciones navideñas a las puertas, no desaprovechará cualquier ocasión para invadir a todo incauto que se ponga a tiro en el que provocar graves secuelas e incluso la muerte. O que utilizará de vehículo para llegar a otras víctimas más vulnerables. El noble impulso de reunirse con los seres queridos en fechas tan señaladas puede resultar el trampolín perfecto para escalar la temida tercera ola y volver a segar las vidas de tías, madres, padres, hermanos, primas o amigos.

Todo el mundo participa en este macabro sorteo para el que se pueden acumular papeletas asumiendo comportamientos de riesgo. Aunque también es posible reducir la probabilidad de convertirse en el ganador de una estancia con todos los gastos pagados en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos. Los expertos repiten una y otra vez que unas simples pautas, por todos conocidas a estas alturas, sirven para conjurar en gran medida el peligro, pese a que también admiten que “no existe el riesgo cero” como recuerda Isabel Sola Gurpegui, investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas. Higiene de manos, mascarillas, distancia social y ventilación restan puntos para alojar a tan siniestro huésped. Abrazos, besos, cánticos, proximidad y contacto, los suman.

Los números hablan por sí solos. José Luis del Pozo León, director de enfermedades infecciosas y microbiología de la Clínica Universidad de Navarra, recuerda que de cada diez personas infectadas, entre una y dos requerirán ingreso hospitalario. De esos, el 25% acabarán en la UCI, donde cerca de uno de cada tres morirán. “El coste en vidas de una propagación descontrolada de la covid sería demoledora”, alerta del Pozo, que ha estado en primera línea del frente desde que comenzó la pandemia. Este experto vaticina que, si en Navidades la inmensa mayoría de la población no hace un ejercicio de responsabilidad individual, “en enero se producirá un desastre”.

Su preocupación se basa, además del repunte de casos tras el puente foral, en el escaso porcentaje de la población que ha pasado la enfermedad. Según los datos disponibles, solo un 14% de los navarros tiene anticuerpos, por lo que la mayor parte de los habitantes son “infectables”. Del Pozo admite que las recomendaciones del Gobierno de Navarra para las reuniones navideñas, que limitan estos encuentros a un máximo de diez personas de dos núcleos de convivencia, buscan un “equilibrio” que haga compatibles las celebraciones con la seguridad, pero él se inclinaría por ser “mucho más restrictivos”. “Nos estamos jugando una tercera ola. El personal sanitario lleva meses sometido a una presión psicológica brutal, a muchas horas de trabajo. Por respeto a ellos, hay que comportarse con la máxima responsabilidad”, apela.

Pese a todas las voces de alarma, una significativa parte de la población, aunque minoritaria, continúa subestimando los riesgos que comporta la pandemia y prefiere continuar con su vida normal con poca o ninguna precaución. En algunos casos por motivos económicos y, en otros, por puro egoísmo basado en una falsa sensación de invulnerabilidad, sin olvidar a quienes lo justifican por simple comodidad o a los negacionistas y conspiranoicos. Sean cuales sean los motivos, siguen siendo demasiado frecuentes los comportamientos irresponsables que en algunos casos terminan conociéndose en los noticiarios.

MANTENER EL ESFUERZO

Nadar y nadar, y ahogarse a la orilla, dice el refrán. Con las vacunas que han pasado todos los filtros de seguridad y eficacia “a la vuelta de la esquina”, los expertos consultados animan a la ciudadanía a perseverar en el cumplimiento de las medidas preventivas al menos hasta el verano. Para entonces, debería estar al alcance de la mano el objetivo de la inmunidad de grupo gracias a la vacunación masiva, un muro que impediría una nueva propagación descontrolada de la covid. Y ese esfuerzo tiene como primer paso unas celebraciones navideñas lo más profilácticas posibles. Antes que nada, los expertos proponen encontrar formas alternativas para los encuentros familiares utilizando medios telemáticos o planificando actividades al aire libre, como un paseo por el parque o una excursión campestre, siempre con todas las medidas de prevención posibles.

Isabel Sola destaca un estudio realizado en Japón que indicaba que “hay 20 veces menos riesgo una reunión exterior que interior”. “Las gotas de saliva que contengan virus van a diluirse con el aire que se mueve”, dice esta investigadora del CSIC. Esta es la fórmula a la que recurrirá el epidemiólogo y divulgador Pedro Gullón Tosio para compartir algo de tiempo con su padre: “Está separado y nos daremos un paseo por el parque”. Ignacio López Goñi, microbiólogo de la Universidad de Navarra, también quedado con sus hermanos en una zona abierta para verse las caras en vez de la habitual comida en la que se juntaban más de veinte personas: “Este año solo estaré con mi mujer y mis hijos”. En cualquier caso, es recomendable rehuir el tradicional poteo, aunque sea en una terraza, al implicar quitarse la mascarilla junto a personas de otros núcleos familiares.

También es recomendable evitar los desplazamientos entre distintas zonas de España para los reencuentros familiares, algo por la que ha optado la familia de José Luis del Pozo, cuyos padres y hermanos residen en Madrid. Él, su mujer y sus tres hijos se quedarán este año en Pamplona para evitar riesgos innecesarios. El empeoramiento de los datos en los últimos días también ha llevado a Jesús Bañales Asurmendi, investigador de Ikerbasque, a renunciar a la comida que tenía planificada con mujer e hijos para estar con sus padres en Artajona. Hasta hace pocos días todavía le daba vueltas a la posibilidad de juntarse “el núcleo más cercano”, pero finalmente ha desistido para no exponer a sus progenitores.

Quienes estén resueltos a verse las caras deberían restringir al máximo el contacto con otras personas fuera de la unidad de convivencia, al menos los diez días anteriores al encuentro familiar, según piden los expertos. “Está especialmente indicado para quienes viajan entre comunidades, como los universitarios”, señala Pedro Gullón. Aunque esta medida llega tarde para la Nochebuena o la Navidad, todavía es factible para Nochevieja o Año Nuevo. Ignacio López Goñi recomienda especialmente la cuarentena para los casos en los que haya encuentros en los que participen mayores, el colectivo más vulnerable.

CUIDADO CON LOS TEST

No son muy accesibles por el momento y su disponibilidad es escasa, pero hay centros médicos privados que ofrecen la posibilidad de hacerse una prueba de antígenos. Los expertos piden tener mucha precaución con esta herramienta que puede ser útil solo para descartar el encuentro en caso de dar positivo. “No da certeza pero orienta. En cinco minutos te puedes contagiar, por lo que debe tomarse como una información puntual”, dice Isabel Sola, que le gustaría viajar desde Madrid a San Adrián para visitar a su madre “si es posible” tras realizarse una de esas pruebas y manteniendo con todas las precauciones. Ignacio López Goñi recuerda que un negativo no significa que no se transmita la enfermedad e incluso añade que “se han dado contagios y fallecimientos”. Por tanto, los expertos solo creen que pueden servir como un filtro más de protección y nunca deben tomarse como una invitación a relajar las medidas preventivas.

Otra de las cuestiones a tener en cuenta para quienes se desplacen al domicilio de otro familiar es llevar “una capa más de ropa” de lo normal, como propone Pedro Gullón, para no pasar frío ante la necesidad de ventilar con frecuencia la estancia empleada. “Es verdad que en invierno no se puede tener dos horas abiertas las ventanas, pero si cada media hora para favorecer la circulación de aire”, sugiere Isabel Sola. Por supuesto, habría que descartar tras la llegada cualquier abrazo o beso entre miembros de las dos familias. Solo muy excepcionalmente sería admisible el contacto físico, tal como propone la investigadora del CSIC, en cuyo caso tendría que ser “por muy poco tiempo” y empleando mascarillas FFP2.

Y tras el obligado lavado de manos, conviene no estirar los prolegómenos e ir directamente a la mesa. Los anfitriones deberían haber asignado previamente la silla de cada comensal procurando colocar a cada núcleo familiar en un extremo opuesto de la mesa y con una separación mínima de metro y medio. “Podemos dar muchísimos consejos, pero luego hay limitaciones en cada hogar. Al final, cada uno tendrá que adaptarse a las características de su casa”, reconoce Ignacio López Goñi, que propone como alternativa disponer dos mesas independientes. En cualquier caso, hay que elegir la estancia más amplia posible de la vivienda para dificultar la concentración de gotas de saliva suspendidas en el aire que pueden contener el virus. Aquellos privilegiados con terrazas acondicionadas para soportar la intemperie pueden aprovechar para colocar allí la mesa.

Para evitar confusiones, también se puede identificar cada juego de cubiertos, platos, vasos y copas con pegatinas o lazos de colores e impedir así compartir la vajilla. En el centro de la mesa no deben colocarse alimentos compartidos en bandejas, sino que las raciones serán siempre individuales, y solo una persona debería servir los platos desinfectándose previamente las manos entre uno y otro. Los comensales únicamente se quitarán la mascarilla al empezar a comer y volverán a colocársela al terminar. “Se pierde expresividad para la sobremesa, pero se disminuye el riesgo”, indica Isabel Sola.

VILLANCICOS, MEJOR ENLATADOS

Terminado el festín, lo ideal sería tener una sobremesa no muy larga y siempre con la mascarilla puesta. La música, mejor enlatada y con volumen bajo para evitar elevar el tono de voz, que cuanto más alta más aerosoles se proyectarán. Si los villancicos resultan insoslayables, lo ideal es que no cantara más que una persona y sin acompañamiento de instrumentos de viento. “Son fechas en las que se cantará. Que se haga con mascarilla y distanciamiento”, pide Jesús Bañales. Cuanta más gente se sume a la interpretación, tanto mayor será el riesgo de contagio, especialmente en un lugar cerrado. “En un coro de EE UU que practicaba en un espacio amplio pero a cubierto había una persona infectada. Se trata de un incidente bien registrado. Aunque estaban a bastante distanciados, se produjeron varios contagios y un miembro falleció”, advierte Isabel Sola.

Si a la celebración asisten niños pequeños, es preciso tenerles especialmente vigilados ya que son difíciles de controlar. Los expertos advierten de que estos se infectan con igual facilidad y que el coronavirus se replica en ellos como en los adultos. Son, por tanto, potenciales contagiadores que no deberían tener contacto físico con sus abuelos. “Vamos a tener que relacionarnos con nuestros seres queridos como si fueran extraños, lo que será un poco duro, pero no queda otra”, admite Ignacio López Goñi. “Lo importante es que nadie se sienta solo”, concluye Pedro Gullón.

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