Enfermas mentales que quieren trabajar
Mujeres con esquizofrenia, depresión o trastorno bipolar. Con estudios o sin ellos. Pero con ganas de trabajar. Un curso las ayuda a prepararse mejor


Actualizado el 10/11/2020 a las 06:00
María tiene 52 años y dos hijos adolescentes. Toda su vida ha experimentado momentos de euforia y otros de depresión. Presentía que tenía alguna enfermedad mental pero no fue hasta hace una década, con 42, cuando le ofrecieron un diagnóstico: trastorno bipolar. No pudo terminar los estudios de Psicología y ha trabajado desde hace treinta años como agente comercial, en la hostelería y dependienta en una óptica. Pero ahora está en el paro y busca empleo. “Las mujeres, como en todo en la vida, siempre nos llevamos la peor parte. Soportamos el peso de la casa y la familia. Y las enfermas mentales sufrimos una doble discriminación”. María es el nombre falso de una historia real. Para paliar esta situación asiste a un curso en el que le ofrecen herramientas para buscar empleo y le ayudan a tener una mayor autoestima. Lo imparte la Fundación Koine-Aequalitas, que trabaja con mujeres con enfermedad mental y en riesgo de exclusión social.
Paula Ruiz Barbarin es la psicóloga y responsable técnica del proyecto ‘Activando’, en el que participan veinte mujeres, divididas en dos grupos, en Pamplona y Barañáin. “Trabajamos, sobre todo, las competencias personales. Que se valoren, porque muchas tienen una ‘autoestima cero’. Y también les ofrecemos herramientas digitales para buscar trabajo en portales de Internet, en Empresas de Trabajo Temporal (ETTs)...” Las asistente al curso, añade, tienen entre 30 y 55 años, y padecen todo tipo de patologías psiquiátricas (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia, psicosis, ansiedad...) “Para ellas resulta muy difícil acceder al mercado laboral por el estigma social y los tabúes que aún existen”. ¿Y cuál es su formación? “De todo. Las hay con carreras, másteres y doctorados. Y otras, sin estudios. Pero todas tienen la misma dificultad para trabajar”.
CANSANCIO CRÓNICO
Es lo que le ocurrió a Lucía, de 48 años, soltera, sin hijos y con una depresión crónica diagnosticada hace quince. Lo que no ha impedido que su vida laboral haya sido, hasta ahora, imparable. En hostelería, fábricas textiles y de automoción, en limpiezas.... Y casi dos décadas, en una empresa del sector eólico. “Pero tuve muchos problemas en mi enfermedad derivados del trabajo y me dieron la incapacidad. Sin embargo, puedo trabajar en otras cosas, aunque a media jornada. No quiero que me ocurra lo mismo”. Una dedicación tan intensa al trabajo que la dejaba agotada para el resto del día. “Yo lo daba todo en la empresa. Y, al volver a casa, estaba tan agotada, con un cansancio tan crónico y dolores continuos, que me metía a la cama y no salía hasta el día siguiente. ¡Eso no era vida!” Ahora busca algún empleo en el sector servicios. Como dependienta de una tienda, en la recepción de un hotel o como administrativa.
No le ocurre lo mismo a su compañera María. “No tengo claro en qué quiero trabajar pero sí que busco un empleo. Con la medicación que llevo ahora estoy muy estable y muy bien. Ya no tengo subidas y bajadas anímicas”, confiesa. Porque, antes, recuerda, a veces le resulta “muy difícil rendir”.
Porque enfermedad mental no es sinónimo de discapacidad. “Hay mujeres con un diagnóstico de discapacidad y otras, no. Depende de cada caso y de las complicaciones que entrañe su enfermedad para su vida”, explica Paula Ruiz. La mayor dificultad para encontrar empleo, recalca, se da cuando la enfermedad mental deriva del propio trabajo. Cuando la depresión o la ansiedad vienen o se acrecientan con él. Como les ocurrió a Lucía, a María y otras enfermas mentales.