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Desarrollo del juicio a un policía nacional

Un folio de Teletaxi y la cara de una niña

Cientos de personas se han concentrado este viernes a las puertas de la Audiencia Provincial de Navarra para apoyar a los cinco redactores y cinco tutores que han acudido a declarar sobre el programa Skolae y que han entrado a los juzgados entre aplausos y gritos de solidaridad.
Cientos de personas arropan a los responsables de Skolae en la Audiencia de Navarra
Actualizada 28/10/2020 a las 06:00

El juicio a un policía nacional acusado de avisar su cuñado de que le estaban investigando por una posible violación tiene su origen en la denuncia de dos jóvenes que apenas pudieron ofrecer datos a la policía. Ambas solo recordaban que la madrugada del 8 de diciembre de 2016 se encontraban en un bar de la calle San Nicolás de Pamplona con tres jóvenes de unos 30 años, y que a partir de ahí todo se fundía a negro hasta que se despertaron en un piso de Erripagaña, con vistas a Mendillorri, en compañía de dos varones y con dolores en sus partes íntimas. Uno de los hombres pidió un taxi y ambas se marcharon de allí.

Estos eran los únicos datos con los que contaba la UFAM (Unidad de Familia y Mujer de Policía Nacional) el 19 de diciembre cuando recibió un informe del hospital con el epígrafe de “sospecha de agresión sexual”.

La inspectora jefa del grupo asegura que puso a todos sus integrantes con el caso, incluido al acusado, aunque él lo niega y afirma que no tuvo conocimiento del caso ni intervino. La inspectora lo negó en el juicio. “No todos los días se tiene algo de la intensidad de una denuncia de una agresión sexual en un piso de mujeres que no recuerdan nada. Las órdenes se dan a todos los agentes”.

La intensidad del caso llevó a que la misma inspectora jefe, mientras otros buscaban cámaras, se desplazara a Teletaxi para pedir información sobre todos los servicios solicitados en esa zona en la franja horaria mencionada por una de las jóvenes. A las 19.02 horas de ese 19 de diciembre, Teletaxi remitió un correo electrónico con un listado de 6 servicios. Cada carrera iba acompañada por una dirección y el número de teléfono desde el que se pidió el taxi.

La inspectora relató que imprimió ese folio y lo dejó en su mesa para que la información que aparecía en él estuviera siempre al alcance de todos los integrantes de su unidad. Ella cree que todos los agentes vieron ese folio, por su importancia. “En ese momento no era un folio más, era ‘el folio’”, subrayó la inspectora. A partir de la lista de Teletaxi, la investigación fue cerrando el foco hasta descartar a otros sospechosos y dar con los tres hombres que habían estado con las jóvenes en el bar. Este caso sigue en fase de instrucción.

El acusado negó haber visto y leído aquel folio. De todas maneras, añadió, no conocía el móvil de su cuñado de memoria y tampoco la dirección, porque su relación era “esporádica”. En el juicio también añadió que esos días se dedicaba “a mirar” porque era un recién llegado desde Seguridad Ciudadana. Concretamente, entró en la UFAM el 22 de noviembre.

UNA ENTREVISTA CLAVE

Accedió al puesto tras una entrevista con la inspectora jefa que resultó crucial para este caso. Como su hija estaba resfriada el día de la cita, telefoneó a su superiora para comunicárselo. “A mi me urgía”, declaró la inspectora, “por lo que le dije que podía venir a la entrevista con la niña, que ya le pondríamos en una mesa con unos rotuladores. Y así lo hicimos. Como demandaba mucho a su padre, se me quedó grabada su cara”. Pocas semanas después, volvería a verla.

El 27 de diciembre, fue detenido uno de los sospechosos de Erripagaña. Camino a jefatura, en la patrulla, el arrestado dijo a la inspectora que no había hecho nada, que podía mirarle el móvil si quería. La inspectora tomó el teléfono y comenzó a pasar la galería de imágenes. Y ahí es cuando apareció la niña de la entrevista. “Cuando le pregunté quién era la niña, el sospechoso se quedó petrificado. Me acabó diciendo que era su sobrina. Yo entré en colapso, no puede ser... Si no llego a ir a la detención jamás me hubiera enterado de esta relación”. Al llegar a la base, la inspectora telefoneó al policía, que no trabajaba desde el 22 de diciembre. “Estaba cabreadísima. Le dije que no viniera por la unidad una temporada hasta que se aclararan las cosas”.

El acusado niega que supiera que investigaban a su cuñado y que le avisara. Pero el 13 de diciembre, 6 días antes de iniciarse la investigación, empezó a hacer búsquedas en la base de datos con los apellidos de su familiar. Declaró que lo hizo por una petición de su cuñada, algo que ayer refrendó su suegra. “En una comida, mi hija le pidió que le mirara si tenía antecedentes por una pelea que había tenido hacía tiempo”.

La acusación cree que no, que esas búsquedas y otras muchas a los partes de atestados fueron a instancias de su cuñado, al que avisó y así los investigados pudieron borrar pruebas y estar prevenidos ante la detención. La Guardia Civil que analizó sus teléfonos concluyó que borraron 40 archivos entre los dos, algunos de los cuales fueron recuperados: entre ellos, 10 audios en los que los investigados hablaban en un chat sobre lo ocurrido el 8 de diciembre. Lo que no hallaron en los móviles fueron pruebas de contacto alguno entre los investigados por la agresión sexual y el policía acusado.


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