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Esclerosis múltiple

Juan pudo soltar los bastones

Diez personas usuarias de la Asociación de Esclerosis Múltiple han recibido fisioterapia con un exoesqueleto, un dispositivo que les ayuda a ganar fuerza y mejorar la marcha. La entidad quiere lograr financiación para afrontar los 120.000 euros que cuesta

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Juan pudo soltar los bastones
Actualizado el 15/10/2020 a las 10:06
Lo primero, ajustar todas las medidas y comprobar que el aparato está perfectamente alineado con el cuerpo. Después, sincronizar los valores, para que el robot tenga ‘conciencia’ del cuerpo al que está acoplado. El tercer paso es acompasarse al movimiento de la máquina, como si de un baile lento se tratara. Por último, solo falta incorporarse y echar a caminar. Con andador primero, sin apoyo después, Juan Larreta consigue recorrer una y otra vez la sala del centro de día de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Navarra. No le hacen falta sus bastones y su cuerpo está “erguido”, en una posición más natural. “Al principio te sientes un poco raro”, confiesa. Luego, poco a poco, va cogiendo soltura, se acopla a la máquina, que se lo va poniendo más o menos difícil según cómo se configure. “Vamos, Juan, concéntrate en el movimiento. Más arriba esa rodilla izquierda”, le da indicaciones el especialista clínico Alejandro Losana.
El robot que hizo que ayer Juan Larreta se sintiera “un poco más libre” es un exoesqueleto de la empresa Rebiotex, afincada en Madrid. Es uno de los 14 que hay en todo el país, ninguno en Navarra, y la Asociación de Esclerosis Múltiple lo ha probado durante unos días para comprobar si sus efectos merecen los aproximadamente 120.000 euros que cuesta. La respuesta es afirmativa: “Vamos a intentar conseguir la financiación”, aventura la fisioterapeuta Estitxu García, responsable del equipo técnico de la entidad. “En el par de días que lo hemos utilizado, ya hemos visto cambios en la marcha de las personas que lo han usado, aunque hayan sido sesiones de media hora o tres cuartos de hora”, describía. “Entiendo que si lo tuviéramos siempre a nuestra disposición se verían cambios mucho mayores”.
Este exoesqueleto, fabricado con fibra de carbono, no es un aparato “para salir a caminar a la calle con él”, sino para la rehabilitación. Ayuda “a ganar fuerza y a mejorar los patrones de marcha”. “Juan la mantiene, pero es una marcha que requiere de mucho gasto energético”. O, como lo describe Larreta, de 52 años. “Cada paso que das supone un esfuerzo terrible”. También lo pueden utilizar personas que ya no caminan, y para ellas la experiencia es todavía más intensa, porque les permite recuperar la posición de bipedestación. “Ayer lo probamos con algunas y fue una experiencia emocionante”, confiesa García. “Caminar solo sin ningún tipo de ayuda es algo que muchas personas no han experimentado desde hace muchos años”, recuerda la fisioterapeuta.
Larreta, impulsor del popular movimiento de denuncia OkupasMotorizados, tiene esclerosis múltiple desde hace 13 años, cuando le diagnosticaron. “Al mes me hice socio de Ademna y no he dejado de venir desde entonces”, recuerda. Él es una de las 120 personas que pasan cada semana por el servicio de fisioterapia de la asociación. El exoesqueleto podría ser útil para muchas de ellas. “Como todo dispositivo, tiene ciertas contraindicaciones que hay que tener en cuenta. Hablamos de una dismetría en las piernas, o una cardiopatía, etc. Pero, salvando esto, sería útil para cualquier persona que tenga una alteración de la marcha”.
Larreta, que también recibe fisioterapia en la Clínica Ubarmin, espera que este tipo de dispositivos sean más accesibles en un futuro próximo, que lleguen a más personas. “Seguro que nos ayudarían a muchos. Yo aún camino con dos bastones, pero cada vez menos. Para distancias mayores utilizo un Scooter eléctrico”, apunta.
El director de la empresa fabricante del robot, Rebiotex, que se dedica a la alta tecnología aplicada a la rehabilitación, confirma que la demanda de este tipo de dispositivos en los siete años que llevan en funcionamiento va a más, conforme va habiendo más evidencia científica sobre sus beneficios. “Se utilizan tanto en centros privados como públicos. Fabricamos stocks pequeñitos porque, como todavía no hay una economía de escala, los productos tienen un precio elevado y no ha llegado el momento de poder producirlos en masa. Esperemos que llegue en algún momento”.
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