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Programas de discapacidad en verano

El virus no amilana al voluntariado

En la medida de lo posible y tomando todas las medidas de seguridad pertinentes, las entidades de discapacidad han procurado mantener sus programas de verano, en los que el voluntariado juega un papel clave

Un grupo de voluntarios, junto a usuarios de Aspace en el albergue que la entidad tiene en Lekaroz.
Un grupo de voluntarios, junto a usuarios de Aspace en el albergue que la entidad tiene en Lekaroz.
ASPACE
Actualizada 02/08/2020 a las 06:00

La situación creada por la pandemia de coronavirus ha hecho que las entidades de discapacidad hayan tenido que enfrentarse a una paradoja este verano. Por un lado, no cabe duda de que mantener los programas y recursos estivales (días de vacaciones lejos del entorno habitual, campamentos urbanos, servicios de conciliación, talleres, etc.), les ha supuesto muchas cavilaciones, porque el riesgo de contagio está ahí. “Por supuesto que hemos tenido muchas dudas. El desconocimiento ante una situación tan inesperada provoca dudas, miedos, incertidumbre”, reconoce Begoña Rubio, directora de Programas de Aspace Navarra.

Por otro lado, sin embargo, la factura que el confinamiento y la ausencia de terapias durante meses se está cobrando en este colectivo y sus familias les ha impulsado a buscar la fórmula que minimizara los riesgos y potenciara todos los beneficios de estas actividades. “En las residencias se ha vivido un confinamiento más restrictivo del que hemos vivido el resto de la sociedad”, recuerda Rubio, que señala la importancia de que las personas con discapacidad cuenten “con un espacio de disfrute y tiempo de vacaciones”, este año más que nunca, “por el valor añadido del aire libre, de la normalidad en la convivencia y el trato humano” entre personas con y sin discapacidad.

Coincide en su impresión Paula Rodríguez, directora de la Asociación Navarra de Autismo, que el 13 de julio abrió las puertas de la Escuela de Verano. “El confinamiento ha sido un tiempo muy duro para muchas de nuestras familias y para muchos de nuestros niños, la escuela es su segunda casa”. Ambas comparten también el agradecimiento hacia todas aquellas personas, decenas en ambos casos, que un año más han optado por regalar parte de su tiempo, y hacer así posible la organización de estas actividades. También en un verano tan atípico como este.

Aspace: “Los tiempos de pandemia han animado a ser generosos”

“Lo típico sería decir que entré en Aspace por hacer algo por los demás. Pero la verdad es que yo voy porque me lo paso pipa. Obviamente, es muy gratificante ver que se lo pasan bien contigo y te buscan, pero no volvería año tras año si no fuera porque me siento uno más”. Víctor Luri tiene 24 años y es el sexto año que participa como voluntario en el campamento adolescente de ocio y rehabilitación específica de método Peto, uno de los que pone en marcha la entidad en verano.

Pese a la pandemia, este verano no está siendo ninguna excepción. En total, 69 personas con discapacidad participan en estos campamentos, desde el 3 de julio y divididas en siete tandas. Este año la actividad se ha centralizado en un único punto: el albergue que Aspace gestiona en Lekaroz, plenamente adaptado y con todas las normas de higiene garantizadas. También se han suspendido las excursiones a la playa, museos, bares, etc.

Los usuarios estarán acompañados por 7 responsables, 10 profesionales y 62 personas voluntarias, previamente formados. “Pensábamos que iba a ser más difícil encontrar voluntarios por la imposibilidad de tener contacto en los centros con personas externas, pero ha sido todo lo contrario. Igual los tiempos de pandemia han animado a muchos jóvenes a intentar ser solidarios y generosos con su tiempo”, describe Begoña Rubio, directora de programas de Aspace Navarra, que destaca “la necesidad de salir de las cuatro paredes de la residencia” que tenían muchos usuarios. “Se han apuntado muchísimas más personas que otros años a las vacaciones. No hay que olvidar que el bienestar emocional es tan importante como el físico”.
Elena Yanci López, de 34 años y usuaria de Aspace, ha ido a Lekaroz por primera vez. “Después del confinamiento, lo necesitaba. Ha sido duro”, sostiene.

Rafael Ordoqui Gastesi, de 46 años es, en cambio, un habitual. “Me apunto todas las veces que puedo. Me gusta mucho estar con mis compañeros y con los voluntarios. También me encanta ir a la playa, aunque este año no podremos”, lamenta.
Valores y cariño
Gorka Eguillor Aranguren, de 19 años, y María Etxeberria Núñez, de 21, son dos de los voluntarios que los acompañan. Ambos se estrenan en la experiencia.

“Me parecía una forma nueva de conocer gente en este verano tan poco habitual. Me aporta bastante satisfacción y en tan solo dos días, siento mucho cariño hacia los participantes”, desgrana él. “Una compañera se apuntó y sin pensarlo me apunté con ella. No tuve ninguna duda y me está aportando valores que antes de venir no los tenía, o no los valoraba tanto”, añade ella. Ambos se sienten tranquilos respecto a la situación sanitaria. “Tengo cuidado y siento que tomamos cumplimos todas las medidas sanitarias a rajatabla”, explica Eguillor. “No tengo miedo al contagio pero sí de transmitirlo, por eso estoy muy concienciada con las medidas”, asegura Etxeberria.

 

ANA: “Tenemos voluntarios para todo el verano, incluso alguno en la reserva”

Si contaban con el permiso de las autoridades, la Escuela de Verano abriría sus puertas. Desde la Asociación Navarra de Autismo (ANA) tuvieron siempre clarísimo que iba a ser más complicado que cualquier otro año, pero también que era más necesario que nunca. “Este año los chicos y las chicas de nuestra asociación han estado tres meses sin terapias, es muchísimo tiempo”, razona Paula Rodríguez, directora de la entidad, que cuenta con unas 270 familias asociadas. Así que, con todas las medidas de seguridad y de higiene indicadas y algunas adaptaciones en su funcionamiento, la Escuela arrancó el 13 de julio en las instalaciones del colegio José María Huarte, donde permanecerá activa hasta el 21 de agosto.

LA MITAD DE ASISTENTES

El número de asistentes (de 2 a 20 años) ha bajado de unos 75 a los 35 apuntados este año. “Sigue habiendo miedo en las familias; también quien tiene más tiempo porque siguen en ERTE, etc.”, explica la directora el descenso. Si otros años eran un grupo numerosos el que llegaba desde otras comunidades, esta vez solamente hay una.

El horario se ha acortado y se ha suspendido el servicio de comedor, “el momento más crítico ante un posible contagio”. También se escalona la entrada y la salida para evitar aglomeraciones y se han suspendido las actividades que se hacían fuera de la escuela. El máximo es de 6 niños o niñas por aula y se crearán “burbujas” de convivencia, pese al uso de la mascarilla. “Lo trabajaremos también con los pequeños y quienes la aguanten, la llevarán”. Además, se priorizarán las actividades en el patio, al aire libre.

Al equipo de profesionales que acompañan a los asistentes se le suma un nutrido grupo de voluntarios y voluntarias, sin el que sería muy complicado sacar la incitativa adelante. “Estamos muy agradecidas porque ya tenemos el verano cubierto, incluso algo de reserva. En total, pasarán por aquí a lo largo de estas semanas entre 40 y 50 personas”, detalla Rodríguez, que destaca que “hay varias personas que van a estar con nosotros todo el verano”. “Siempre procuramos que quien viene como voluntario, se quede al menos durante un par de semanas con nosotras, porque a nuestros niños no les conviene estar continuamente cambiando de figura referente. Este año todavía con más razón es bueno que estén el máximo de tiempo posible, para que no haya demasiado movimiento de personas”, recuerda.

ANFAS: “Estamos contentos con la respuesta, pero tenemos huecos”

Anfas, la Asociación navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y sus familias, es una entidad con una red de voluntariado detrás fuerte, numerosa y, sobre todo, “muy fiel”. La gente repite experiencia año tras años y, no solo eso, sino que arrastra a personas de su entorno tras de sí, tal y como explica la miembro de la entidad Jennifer Hernández. Este verano eso no ha cambiado, pero sí es cierto que las circunstancias están marcando la logística que hay detrás de organizar a las más de 400 personas que pueden pasar por los distintos programas estivales en un verano cualquiera.

“Contamos con muchos voluntarios y voluntarias adolescentes y jóvenes, muchos vienen en grupos. Lo que nos está ocurriendo es que si salta un positivo en ese grupo, el resto son contactos estrechos y, por tanto, tienen que estar también aislados, lo que hace que dejes de contar con un grupo de un día para otro. Son imprevistos que están haciendo que estemos trabajando más a contrarreloj que otros años”, explica.

GRUPOS REDUCIDOS

La entidad ha tenido que readaptar sus recursos a la nuevas circunstancias. Mantiene los campamentos urbanos para los más pequeños (3-21 años), que incluso han visto incrementada su demanda, así como las salidas vacacionales, aunque en grupos más pequeños y con menos noches de duración. También han creado un nuevo programa de ocio para adultos por las tardes, pero no se ha podido abrir el albergue de Estella, que será reutilizado para los respiros vacacionales. “Sólo el albergue ya nos requería 165 voluntarios, que este año no necesitamos, pero para el resto nos hacen falta más personas. Estamos contentos con la respuesta de la gente en un año tan atípico, pero es verdad que todavía nos faltan algunos huecos por cubrir”, concreta Maite Iriarte, responsable de Voluntariado. Los interesados pueden ponerse en contacto en el mail voluntarido@anfasnavarra.org y en el teléfono 948 275000.


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