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Entrevista
Manos Unidas

Amparo Castiella: “No nos podemos olvidar del resto del mundo”

Ha sido la delegada de Manos Unidas los últimos tres años y cree que ya es hora de que la releve alguien “con ideas nuevas”. El sustituto, porque es un hombre, se dará a conocer en breve.

Foto de Amparo Castiella, de Manos Unidas Navarra.
Amparo Castiella, profesora de Arqueología jubilada, en el salón de su casa.
Actualizada 13/07/2020 a las 06:00

La arqueóloga Amparo Castiella Rodríguez comenzó como voluntaria de Manos Unidas hace una década, cuando se jubiló de su puesto en la Universidad de Navarra, donde ha dado clases durante 40 años, además de dirigir numerosos proyectos de excavación e investigación. Está casada, es madre de cinco hijos y abuela de quince nietos.


¿Por qué deja el cargo?
Empecé porque las compañeras, aprovechando un día que yo no estaba y me eligieron por unanimidad. Me llamaron y me dijeron: eres la nueva presidenta. No me pude negar y lo asumí con muchísima ilusión. Después de tres años y cuando ya voy a cumplir los 75, es momento de que venga gente nueva, con nuevas ilusiones, nuevas ideas.

¿Y ya hay gente nueva?
Sí. Además, tiene mucha historia, porque el próximo delegado va a ser un hombre.

Eso es histórico en Manos Unidas Navarra, ¿no?
Totalmente. Es verdad que no ha sido fácil encontrarlo. En enero ya empecé a tantear a las compañeras, pero no salía nadie. Tenemos un grupo de gente joven valiosísima, pero trabajan y no pueden asumir el compromiso de una presidencia. Así que le llamé al obispo: Don Francisco, no tengo sustituta, le dije. Y ha costado, pero ya está asignado y en breve se dará a conocer su nombre. Viene con refuerzos y van a dar un cambio a la delegación brutal.

Al menos en cuanto a imagen, que siempre ha sido muy femenina.
Sí, aunque en las últimas asambleas de Manos Unidas a nivel nacional a mí me llamaba la atención que cada vez había más hombres delegados. Ya hay una buena proporción, aunque no sé el número exacto.

¿Qué balance hace de su paso por la presidencia?
Han sido tres años estupendos. El balance es muy bueno sobre todo desde el punto de vista humano, porque hemos sido un equipo y la colaboración ha sido absoluta. En ningún momento me he visto sola.

¿Es muy diferente ser voluntaria que ser presidenta?
Sí, es muy distinto. La responsabilidad de todo lo que se hace recae sobre la presidenta. Y te obliga a ir todos los días a la sede, porque hay muchas cosas a las que tienes que responder.

¿Va a seguir como voluntaria?
Sí. Empecé cuando me jubilé. Conocía Manos Unidas a través de mi hermano Joaquín, misionero en la India, y siempre me repetía la misma frase: la mejor ONG con la que trabajo. Así que ni lo dudé. Después lo he comprobado con sacerdotes ya mayores que han venido a darnos las gracias por la ayuda que la organización les ha prestado cuando estaban en sus misiones.

¿Qué labores hacía como voluntaria?
Me dedicaba a estudiar los proyectos y ahora seguiré con lo mismo. También he dado muchas veces charlas en colegios, en la universidad, en colegios mayores. En la última que di en la Universidad de Navarra, justamente antes del confinamiento, hubo dos jóvenes que se apuntaron para llevarnos las redes sociales. Necesitamos gente joven que se preste a ayudarnos en este tipo de tareas.

¿Cuántas voluntarias son?
Veinticinco.

¿Y personal contratado?
En Navarra, nadie. En alguna delegación hay, pero son pocos.

¿Qué aporta adquirir ese compromiso de ser voluntaria?
Yo voy siempre andando hasta el Seminario y a veces me da pereza, pero sabes que lo que haces no se queda ahí, sino que tiene una trascendencia un poco mayor. Estás ayudando a alguien que no ves y al que no vas a conocer, pero que lo necesita. He estado en la India seis veces y he conocido las aldeas más pobres. Si tú puedes llevar un poco de mejora a la vida de esas personas, católicas o no, me da lo mismo, a través de Manos Unidas o de quien sea, estás haciendo lo que puedes hacer. Un día y otro día. Hay veces que ves el resultado muy bien y otras, que no tanto. Ahora, por ejemplo, Manos Unidas está atravesando un momento muy difícil económicamente.

¿Por la pandemia?
Sí, se ha notado mucho. Son tres meses de no tener actividad apenas. Además la situación económica ya se está empezando a sentir. Ha habido muchas llamadas de socios para darse de baja.

¿Cómo lo viven?
Da mucha pena. Aquí la gente lo está pasando muy mal, pero es que allí es mucho peor. A mí no me gusta ser catastrofista, pero creo que el número de muertos a nivel mundial va a subir mucho. Manos Unidas se ha volcado con los países afectados por el coronavirus en África, Asia y América Latina, y ha invertido en estos meses más de 4 millones de euros, que para nosotros es mucho.

¿Temen que desciendan los fondos públicos?
También. Por eso hacemos una llamada a la generosidad de la gente. No nos podemos olvidar del resto del mundo. Y para eso trabajamos, con esa ilusión, aunque no veamos los frutos. Yo los percibo cuando leo un proyecto: cómo está pensado, cómo está estructurado, cómo está ejecutado. Manos Unidas va siempre a involucrar al beneficiario, eso es fundamental. Y si no hay esa implicación, el proyecto no se hace.

Será bonito ver la evolución, el cómo se van dando pasos.
Es impresionante. Hay proyectos de agricultura en Guatemala que han conseguido en seis años que familias que empezaron de la nada, sin apenas qué comer, estén vendiendo el excedente de producción en el mercado.


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