Formación frente a la incertidumbre

La Fundación Core, que trabaja desde 2004 por la integración sociolaboral de la población inmigrante, ha mantenidos activos el servicio de acogida y la bolsa de empleo durante el confinamiento. Ahora prepara la vuelta de los talleres y el apoyo escolar

Isabel González Purroy, directora de la entidad, con usuarias del taller de cocina, en una fotografía de 2017.
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Isabel González Purroy, directora de la entidad, con usuarias del taller de cocina, en una fotografía de 2017.Archivo
Isabel González Purroy, directora de la entidad, con usuarias del taller de cocina, en una fotografía de 2017.

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Ainhoa Piudo

Actualizado el 21/06/2020 a las 06:00

El timbre de la sede de la Fundación Core, en el paseo Sandúa del barrio de San Jorge, suena cada pocos minutos pese a que un cartel en la puerta avisa de que se atiende solamente con cita previa. Muchas son mujeres ya familiares en la entidad, que se acercan sobre todo para ver qué tal va el tema del empleo, por saber si la cosa “se va moviendo algo o no”. La directora, Isabel García Purroy, saluda a todas por su nombre de pila y les garantiza que les llamará, porque en la nueva normalidad que nos ha dejado la pandemia el seguimiento de los usuarios de la entidad se hace por teléfono. “Prefieren venir y es normal. Aunque atendemos a mucha gente, intentamos que esto sea algo familiar, donde el contacto es muy importante”, explica. Ella también echa de menos el continuo ir y venir de personas en el local, adultos y niños, pero ahora lo que prima es la seguridad. “Hay que evitar el contagio a toda costa”.

El año pasado, Core tuvo 1.750 beneficiarios directos (más de un centenar, niños). Si se le suman los indirectos, el impacto de su labor llegó a más de 4.000 personas. Tienen en común el hecho de proceder de otros países, más de 45 diferentes, y el encontrarse en situaciones vulnerables. Frente a esto, y aunque pueda haber otras ayudas puntuales, la Fundación tiene claro cuál es la prioridad. “La formación para encontrar trabajo, porque la falta de empleo es el principal factor de exclusión social”. Por eso también cuentan con una bolsa propia de empleo, que realiza una media de unos diez contratos al mes. “Durante el confinamiento la hemos podido mantener y hemos cerrado unos 25”, detalla la directora.

Para favorecer la incorporación laboral ofrecen distintos cursos y talleres en el ámbito del servicio doméstico, el cuidado de niños y de ancianos, la hostelería, empresas de limpieza, etc., así como cursos de castellanos, de economía doméstica o de alfabetización digital . “Tenemos lista de espera en todos, no damos abasto”, asegura González. Además de mejorar su empleabilidad y de ayudarles a entender mejor la cultura local, estos programas les permiten ir tejiendo una red social que mitiga el desarraigo que muchos sienten. “Emocionalmente, es muy importante sentir que le importas a alguien”.

Con el estado de alarma, todo estos talleres tuvieron que suspenderse, igual que sucedió con el apoyo escolar que se brinda a los hijos de familias inmigrantes que necesitan un refuerzo. En ambas actividades, el motor que permite llevarlas a cabo es el voluntariado, porque la entidad solamente tiene dos trabajadoras y ninguno de los usuarios paga nada. “Suelen participar al año unos 200 voluntarios, algunos más estables y otros con carácter más puntual”. Los hay desde profesionales jubilados a otros en activo, y también estudiantes, muchos de la Universidad de Navarra. “Cada vez va habiendo, además, más voluntarios beneficiarios, que se animan a venir y hacer tareas como coger el teléfono”, aclara.

BUSCA VOLUNTARIOS

Ahora, la Fundación está inmersa en rediseñar su actividad para adaptarla a las medidas de seguridad. El planteamiento es que los talleres se vayan retomando para finales de junio o comienzos de julio, aunque habrá que limitar la asistencia. “Si hasta ahora estaban 15, habrá que dejarlos en 6 personas para garantizar las distancias”. Igual que ocurre con el refuerzo escolar, que este año se va a mantener durante el verano y para el que también habrá que hacer tandas más pequeñas o, en algunos casos, optar por la modalidad on line. “Vamos a destinar a ello el voluntariado que teníamos previsto para los campamentos urbanos, que no se van a celebrar”.

Lo que está claro es que van a hacer falta manos, así que la entidad está deseosa de recibir nuevos voluntarios. “No es necesario ningún requisito en particular”. La dirección de contacto para los interesados es la siguiente: voluntariado@fundacioncore.org.

LOS PREJUICIOS NO ENTRAN

Dice la directora que, a quien traspasa la puerta de la Fundación Core, se le caen “todos los prejuicios” de golpe. “Nosotros no vemos países, vemos personas. Personas que vienen por necesidad, obligadas por las circunstancias, con ganas de trabajar y de aportar, y no persiguiendo ayudas”, afirma con contundencia.

Todavía recuerda González cómo la crisis de 2008 impactó con especial crudeza en los puestos más precarios, muchos ocupados por inmigrantes. “Y, ahora, que algunos empezaban a sacar la cabeza, otra vez...”, lamenta.

Campaña para que ninguna familia tenga que comprar mascarillas
La Fundación Core, en principio, no se encarga de cubrir necesidades básicas, pero esta pandemia ha puesto patas arriba la normalidad para todos. “Cuando todo se cerró, nuestra principal preocupación fue ponernos en contacto con las familias para ver cómo estaban, si habían perdido el trabajo o no”, cuenta la directora. “Nos encontramos con que había gente que no tenía para alimentarse y se les derivó a entidades como el Banco de Alimentos, pero mientras eso se hacía efectivo, el voluntariado ha hecho colectas para llevar a familias concretas”.

Otra de las acciones “circunstanciales” que ha puesto en marcha es una campaña de captación de fondos destinados a la compra de mascarillas, con el objetivo de poder suministrar este artículo a todas las familias. “Es un gasto que no es nada desdeñable, si haces cuentas, y no se sabe hasta cuándo se va a extender en el tiempo. Así que pretendemos quitarles al menos esta preocupación”, argumenta.

DOS POR CABEZA

Por el momento, la entidad ya ha comprado unas 500 de tela, tanto de adultos como de niños, pero no son suficientes. “Me gustaría poder darles dos a cada persona, porque hay que lavarlas todas las noches”. El reparto, que comenzó hace ya unos días, está siendo un éxito. “La gente viene expresamente desde la otra punta de la ciudad para recogerlas, así que parece que está despertando interés”.

Fundación Core, que se financia habitualmente con fondos del Ayuntamiento de Pamplona, de Obra Social la Caixa y de Fundación Caja Navarra, entre otros, ha habilitado para la recaudación de fondos han habilitado un código de Bizum (código 00496). “Todo lo que se pueda aportar será bienvenido, cada uno, lo que pueda”.

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