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Infancia

El nuevo mundo, con ojos de niño

Profesionales de entidades sociales y de distintos ámbitos de la Administración han constituido una mesa de trabajo para evaluar el impacto que esta crisis está teniendo en la infancia y la adolescencia, y proponer medidas para acompañar la salida

Dos menores se columpian en un parque de Munich, en Alemania, donde los parques ya han reabierto.
Dos menores se columpian en un parque de Munich, en Alemania, donde los parques ya han reabierto.
EFE
Actualizada 25/05/2020 a las 06:00

A veces se ha caído, a lo largo de estos meses de encierro, en una visión “demasiado romántica” de lo que estaba sucediendo con los menores de edad. Es la opinión de Olga Aroz, del Servicio de Convivencia del Departamento de Educación. “Se hablaba mucho de que estaban en casa con sus padres, pero sin saber realmente el impacto que todo esto iba a ocasionar en ellos”. Eso, cuando no se les ha señalado directamente con el dedo como transmisores de la enfermedad, que en algunos ha generado “sentimientos de culpabilidad”, especialmente si han vivido una pérdida cercana, como la de algún abuelo o abuela.


Aroz es solamente una de las integrantes de una mesa de trabajo interdisciplinar que ha echado a andar ante la preocupación compartida de que esta crisis se está gestionando “sin dar voz a la infancia”. En ella confluyen representantes de distintos ámbitos de la Administración (Educación, Derechos Sociales, Salud) y de entidades del tercer sector. El objetivo que persiguen es realizar propuestas concretas sobre cómo debería gestionarse el fin del confinamiento, adaptándose a las diferentes fases. “No se trata de hacer una crítica a la gestión que se está haciendo, sino de ser muy propositivos”, señalan.


EL OCIO EN VERANO


Entre las urgencias que señalan están las de “blindar espacios comunitarios” para que puedan acoger a grupos de menores reducidos de manera rotatoria, siempre cumpliendo con los protocolos de seguridad. En ese mismo sentido, consideran “imprescindible” abrir las piscinas durante el verano, “aunque sea de forma parcial o haciendo turnos”. “Hay que entender que el confinamiento está siendo previo al periodo estival y que, si no se arbitran espacios de ocio educativo y recreativo, serán seis meses de encierro, sin estímulos, sin relaciones, sin estructura”, valoran. Esto tienen múltiples consecuencias negativas, y no solo en los más jóvenes, sino también en la conciliación familiar. “Es fundamental plantear alternativas para que los padres y madres (y aquí el sesgo de género es muy claro) puedan retomar el trabajo (sin la posibilidad de contar con los abuelos y abuelas)”, añade el texto.


UNA MESA QUE CRECE


En este primer documento, que se irá modificando para ajustarse a las situaciones que vayan llegando, han participado las siguientes personas: Ana Isabel García López (Agencia Navarra de Autonomía y Desarrollo de las Personas - Infancia y Familia); Cristina Jordán Goñi (Agencia Navarra de Autonomía y Desarrollo de las Personas - Infancia y Familia); María Lainez Zaragüeta (Atención Primaria Salud); Rocío Ibáñez (Salud Pública); Alberto Jauregui (Colegio Profesional de Educadores-as Sociales de Navarra); Lydia Almirantearena (Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión); Idoia Saralegui (Servicio Inclusión del Departamento Educación); Olga Aroz ( Servicio Convivencia del Departamento Educación); Maribel Soberanas (Colegio Oficial de Trabajo Social)y Jon Echeverría Esquina (Asociación Navarra Nuevo Futuro). Sin embargo, la mesa ha seguido recibiendo nuevos integrantes: Maider Gabilondo (UNICEF. Alianza por la Infancia); David Soberanas (Plan de Infancia Ayuntamiento de Pamplona); Javier Royo (Salud Mental); Noelia Echarri (Herrikoa); y Rosa Oteiza (Instituto Navarro de la Juventud).


APRENDER PRACTICANDO


“Tenemos que salir del bloqueo y aprender a vivir en la nueva normalidad practicando”, opina Jon Echeverría, de Nuevo Futuro. “No se puede dejar de tomar decisiones porque sea muy complicado”. Para eso, han querido “imaginar diferentes escenarios y posibilidades” para avanzar “hacia la relación social y educativa”, que después tendrán su concreción en lo local, en lo más cercano. “Son propuestas que luego se tienen que trasladar a mesas de trabajo en pueblos y barrios, que son los que mejor conocen sus realidades que en Navarra, además, son muy diversas. Nada tiene que ver la Ribera, con Isaba o con Pamplona”, ejemplifica Aroz.


Para que esto sea posible, abogan porque se refuerce “la cooperación entre los diferentes servicios que impactan en la infancia y la adolescencia”. “Especialmente necesario es que se refuerce la alianza entre la educación formal y la educación no-formal”, enfatizan, es decir, “entre el sistema educativo y las entidades sociales y los servicios socioeducativos”.


LA HUELLA DEL ENCIERRO


De momento, es muy difícil medir el impacto que estos meses están teniendo en los más pequeños de los hogares. “Creo que esto se verá en el largo plazo. De momento tenemos suposiciones y poco más”, apunta Aroz. Lo que es obvio es que son las familias más vulnerables las que “lo están pasando peor”. “Pero es algo que está muy invisibilizado todavía”.


A juicio de Echeverría, lo que va a ocurrir es que “se exacerban cosas que ya nos pasaban de antes”. “La brecha digital ya estaba ahí, pero ahora se aumenta. Y tenemos también todo un fenómeno en torno a las redes sociales en este nuevo escenario. Hay un cambio cultural que tenemos que acompañar”, sostiene, “de cara a los chavales pero también a nosotros como adultos, dentro de este mundo tan raro que parece que viene”, augura.


EL MIEDO Y LA CULPA


Miedo a relacionarse. Miedo a contagiar. Sentimiento de culpa. “Esta situación tan extraña está provocando procesos emocionales extremos que probablemente dejarán secuelas”, vaticina este grupo de expertos. Por ello, abogan por “ayudar a los más temerosos a recuperar el espacio público”. También a invertir las tornas y esforzarse por convertir a los niños y jóvenes como “agentes de salud”, como “actores responsables”.


En ese sentido, Lydia Almirantearena pide “no desconfiar de ellos” como punto de partida. “Estamos en un momento en que la sociedad está muy fiscalizadora con las acciones de los demás, y a esto también hay que darle la vuelta. Los jóvenes tienen que ser protagonistas y demostrar que son responsables, como la mayor parte de la población”.


LA SALIDA EMOCIONAL


Si en un primer momento, la prioridad fue la urgencia sanitaria, ahora parece que la económica va escalando posiciones. “Pero nadie habla de la salida emocional a todo esto”, reflexiona Aroz, que resalta las contradicciones entre los mensajes que tradicionalmente se les han trasmitido y lo que se les hacen llegar desde que el Covid-19 irrumpió en nuestras vidas. “Toda la vida les hemos animado a que sean generosos, a que compartan sus juguetes, a que estén con los otros niños”, recuerda. “Ahora ya es momento de pensar en esto, en cómo les va a afectar el no poder abrazarse o no poderse besar”.


El grupo es realista y sabe que no todo lo que propone podrá llevarse a cabo. Por ejemplo, la sugerencia que hacían de dar un cierre presencial al curso escolar en pequeños grupos, que serviría también para ceder el relevo a otros agentes educativos. “Nos parece una buena opción, pero va a depender de muchas cosas que se nos escapan”, asumen.

 

 

ALGUNAS PROPUESTAS

1-Retomar el contacto. Favorecer la interactuación de los menores aunque sea a distancia. Apoyar a las familias y organizar la siguiente etapa.

2-Finalización del curso escolar. Se cierra el curso de manera presencial con grupos pequeños y se explica cómo será el próximo. No se plantea retomar el curso como tal, sino poner un broche centrándose en lo emocional.

3-Programas comunitarios. Organizar encuentros de pequeños grupos a través de actividades socioeducativas, que cada territorio adaptará a sus circunstancias.

4-Apertura de piscinas. Siempre que se consideren espacios seguros y aun con restricciones de tiempo y aforo, se piensa que es importante contar con ellas para las propuestas de ocio en verano.

5-Inclusión de la población vulnerable. Las acciones deberán atender de manera prioritaria a la población más vulnerable, pero se realizarán de manera generalista. Se aboga por buscar una salida colectiva que evite la estigmatización.

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