Doble aislamiento de enfermos mentales
Personas con trastorno bipolar, esquizofrenia, depresión severa, ansiedad generalizada... viven cómo pueden el confinamiento. A algunos les afecta más que a otros. Ana hace una crónica de su día a día y recuerda que hay ingresos psiquiátricos peores


Actualizado el 18/04/2020 a las 06:00
Ana atiende el teléfono a las 11.30 de la mañana de un sábado de confinamiento. Hace ya un rato que se ha despertado, desayunado y tomado su medicación de la mañana. Responde, más tranquila, a la llamada sentada en el sofá de su salón, con la ventana abierta que da a un día soleado y de cielo azul, mientras escucha el canto de los pájaros. “Ahora, como hay tanto silencio, se oyen tan bien, que es una gozada”, confiesa. Ana tiene 42 años, una enfermedad mental desde los 16 y una discapacidad física del 70%, como consecuencia de un accidente que sufrió en un ingreso hospitalario cuando apenas superaba las dos décadas de vida. “¿Que cómo llevo el aislamiento? Bueno, mejor de lo que me imaginaba... Al principio, me asusté mucho porque pensé que iba a ser horrible. Pero, como siempre me ocurre, la realidad es mucho mejor de lo que imagino y lo estoy llevando decentemente”, relata. Con un trastorno de ansiedad generalizado, Ana (nombre ficticio de unan historia real) vive en Pamplona sola con su “gatico”. “Estos días le estoy dando más mismos de lo normal- se ríe-. Reconozco que soy una privilegiada porque vivo sola y en paz. Pero hay otras personas con enfermedades mentales que estos días están sufriendo mucho al estar encerradas en casa porque su familia no las comprende y a algunos no les tratan bien”.
Ana comenzó dos carreras universitarias pero no pudo terminar ninguna de ellas por sus problemas de ansiedad. No trabaja porque no puede moverse con facilidad y sufre dolores crónicos debido al accidente. Pero, hasta el 13 de marzo, todas las mañanas, se mantenía muy activa. Iba a la Asociación Navarra para la Salud Mental (Anasaps), en Azpilagaña, para seguir talleres (uso del smartphone, clases de inglés...) y sesiones de fisioterapia para mejorar el dolor de espalda. “Y, claro, ahora lo echo de menos. Solo salgo a comprar con el carro las cosas del día a día pero puedo llevar poco peso” .Las compras grandes y de productos más pesados (leche, fruta, patatas...), sigue contando, se las llevan a casa desde el supermercado. Además, continúa el relato, mantiene su ayuda a domicilio. “Viene una trabajadora familiar del ayuntamiento varios días a la semana para ayudarme a pasar el aspirador, a limpiar los baños... Yo sola no puedo porque me duele todo muchísimo. Y por las tardes, recibo la visita de algún familiar. Ellos pueden salir de casa porque vienen a ver a una persona con discapacidad”. Después, la cena, un poco de televisión y, a dormir. “Me cuesta conciliar el sueño porque, como no me he cansado durante el día... Es difícil dormir pero me apaño”.
Las mañanas, confiesa Ana, son lo peor. “Me levanto muy nerviosa y tengo ‘bloqueos’. Pero lo estoy solucionando bastante bien con la medicación y el yoga”. Después de comer, le gusta ver la telenovela ‘Mercado central’ (TVE). “Ya sé que no es muy buena pero a mí me entretiene. Hay un personaje con autismo con el que me siento muy identificada. Me engancha”. ¿Las noticias? “Mejor, no. Son todas monotemáticas del coronavirus y me estresan. Ya casi ni escucho la radio, con lo que me gusta antes...” Se avergüenza un poco al contar que ha bajada su bicicleta estática del trastero pero que aún no se ha puesto a hacer deporte. “De esta semana, no pasa”, se ríe.
INGRESOS EN PSIQUIATRÍA
Ana quiere dejar clara una idea. “Ponla, por favor, que es lo más importante”, solicita. Y es que para muchos enfermos mentales este confinamiento no está siendo tan duro como algunos ingresos hospitalarios en la unidad de agudos en Psiquiatría. “Allí se ven cosas tremendas y yo las he vivido. Te aíslan de todos y, a veces, no puedes salir de la habitación. Hay personas a las que las atan en las camas con correas. Y, por algunas ventanas, no se ve la calle porque los cristales no son transparentes sino opacos. Yo he vivido allí momentos durísimos. Muchos peores que estar ahora en mi casa, en la terraza...”
En estos días de aislamiento, Ana ha tenido revisión con su psiquiatra pero ha tenido que pasar la consulta por teléfono. “Me dijo que era mejor así porque es muy arriesgado ir al hospital”. Además, sigue con contacto con los profesionales de Anasaps. “Estoy muy contenta con la asociación. Nos ayudan muchísimo, antes y ahora. Nos impulsan a que sigamos con nuestras reivindicaciones y que, como dicen ahora, nos ‘empoderemos”.
Y mientras se despide por teléfono, Ana envía un mensaje de ánimo a muchos de sus compañeros de la asociación que, “seguro lo están pasando muy mal estos días”. “No les puedo llamar porque no tengo sus números pero me acuerdo mucho de ellos”. Y cuelga, mientras explica, que seguirá escuchando el trino de los pájaros en la ventana.