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Coronavirus Navarra

Confinamiento en las viviendas de Anfas

Las personas con discapacidad intelectual que conviven en los cuatro recursos residenciales de Anfas sobrellevan la situación gracias al refuerzo de los profesionales que las acompañan. Aquellos usuarios con síntomas permanecen en sus habitaciones

Confinamiento en las viviendas de Anfas
Residentes de la vivienda de Sangüesa, concentrados en unos ejercicios.
02/04/2020

No están siendo días fáciles para nadie. Tampoco para Anfas, la asociación navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y sus familias. Aunque el confinamiento ha obligado a la entidad a suspender gran parte de su actividad, hay parcelas en las que no cabe la interrupción. Porque hay gente para la que Anfas es su casa. No es una metáfora. La entidad cuenta con una red de viviendas tuteladas repartidas entre Tafalla (11 usuarios), Sangüesa (12), Barañáin (3) y Sarriguren (3), desde las que se pretende proporcionar lo más parecido a un hogar a estas personas, a la vez que se potencia su autonomía y capacidades. Y aquí, en estas viviendas comunales es donde muchos de ellos se hallan aislados desde que se impuso el Estado de Alarma.

En realidad, las primeras decisiones se tomaron antes, cuando se constató la presencia del covid-19 en Navarra. “Nuestros usuarios pueden ser población de riesgo, no tanto en cuanto a la edad, pero sí por patologías o por medicaciones, así que decidimos quedarnos en casa y adoptar todas las medidas de prevención que pudiéramos, como hacer turnos en los comedores o extremar la higiene”, explica Elena Echegoyen, responsable de la red de viviendas. Para apuntalar el aislamiento también fue clave que Tasubinsa cerró, con pocos días de diferencia, tanto sus centros ocupacionales como los especiales de empleo, a donde acuden los habitantes de las viviendas de lunes a viernes.

El equipo de profesionales se reforzó en las dos viviendas de mayor tamaño, las de Tafalla y Sangüesa. “Hay una persona fija por las mañanas, que de alguna manera sustituye las horas que pasaban en los talleres. Y además hemos contratado otras dos personas que vienen a días alternos, por la mañana y por la tarde”. Esto está permitiendo a los equipos elaborar programaciones de trabajo que tengan en cuenta las particularidades y los gustos de cada residente, algo que no ha tardado en tener consecuencias positivas. “Estamos viendo que esta atención personal e individualizada los está ayudando a estar mejor, más tranquilos. El problema es que esta no es la realidad de la atención a estos recursos, pero al menos en estos momentos lo estamos pudiendo hacer”, apunta.

La falta de diagnóstico

Los primeros síntomas no tardaron en aparecer, tanto en profesionales como en usuarios. “A los primeros, que están demostrando una dedicación extraordinaria, se les manda a casa; y a los segundos se les tiene que aislar en sus habitaciones”. Si hay suerte, cuentan con una habitación individual para cada uno, pero hay algunas viviendas en las que eso es imposible, aun siendo recursos de tamaño pequeño. “En Sangüesa, por ejemplo, nos aparecieron dos personas con síntomas, uno de cada habitación doble, así que optamos por juntarlas”, describe la responsable. También ha habido una persona “especialmente vulnerable” que ha requerido un ingreso hospitalario.

Los casos sospechosos se han ido incrementando y, a día de hoy, en alguna de las viviendas ya “tanto residentes como profesionales están permanentemente con mascarilla”. En la de Tafalla la UME estuvo desinfectando, y esperan que en la de Sangüesa suceda lo mismo. “Si no, lo contrataremos por nuestra cuenta”.

Es, sobre todo, una cuestión de “dar tranquilidad” a todos, tanto usuarios, como profesionales y familia, el otro gran pilar que sustenta la entidad. “Día a día se les va ofreciendo un parte con la situación y con lo que estamos haciendo e intentamos hacer videoconferencias para que puedan ver a sus hijos. Hay que reconocer que los mensajes que nos transmiten son una gozada, siempre de agradecimiento, ánimo y respaldo”, valora.
Echegoyen lamenta que la falta de un diagnóstico concluyente a través de un test les está obligando a poner en aislamiento a personas “con simplemente unas décimas de fiebre”. Con todo lo que implica tener en una habitación a una persona con discapacidad intelectual durante días y días. “A ellos les cuesta mucho entender por qué tienen que continuar entre cuatro paredes una vez que desaparecen los síntomas. Más cuando son personas que a veces no convivían antes. Hemos tenido momentos de mucha tensión, sí”, admite.

Hay dos o tres residentes para los que, por sus características, salir unos minutos a la calle “es una necesidad”.

Probablemente, “la única alternativa a la medicación”. “Así lo hemos comunicado a las autoridades y desde entonces no hemos vuelto a tener dificultades. Los primeros días sí nos pasó que la Guardia Civil nos mandara para casa”, recuerda. “Solo pedimos que una profesional y un residente puedan bajar a airearse”.

Sin Epis ni material

Anfas ha tenido que encarar esta situación “sin ningún tipo de material de ninguna clase, ni un Epi (equipo de protección individual) ni medio”. “Nadie nos ha dado apoyo en este sentido. Lo que hemos conseguido ha sido a través de particulares y de la iniciativa de las personas que están imprimiendo en 3D, que nos han dado tres pantallas de protección”, lamenta. “No se puede entender que esto se esté dejando en manos de la buena voluntad de la ciudadanía”, se queja.

La sensación, admiten, es de cierto “olvido”. “Entendemos que la población de riesgo prioritaria son las personas mayores, que nosotros también tenemos alguna. Pero sobre todo tenemos unas patologías que merecen ser tenidas en cuenta. Solo pedimos que antes de aislar, se haga la prueba. Y que nos den equipos de protección, más si tenemos algún caso positivo”.


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