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Epidemia de coronavirus

El paciente 18-9.15 de Ifema es pamplonés

Madrid ha reconvertido su habitual recinto ferial en un enorme hospital de campaña para contagiados por coronavirus. Una de sus camas acoge a Jonan Basterra. “Estoy mejorando”, dice. “El bicho sigue dentro, aunque cada vez dé menos guerra”

Jonan Basterra Muniáin, navarro de 50 años, ayer por la tarde con máscara y asistido con oxígeno para recuperarse de su neumonía.
Jonan Basterra Muniáin, navarro de 50 años, ayer por la tarde con máscara y asistido con oxígeno para recuperarse de su neumonía.
JONAN BASTERRA
31/03/2020

La cama 18 del cuadrante 9.15 en Ifema, el recinto ferial de Madrid transformado en enorme hospital de campaña para enfermos de coronavirus, está ocupada por un pamplonés de 50 años que no pierde el humor pese a todo. “Me han puesto una máscara de oxígeno y soy un poco Darth Vader”, cuenta para justificar que, por sus dificultades para hablar, conviene más que la conversación sea escrita. Por WhatsApp. En su pabellón hay otros 999 afectados. Toma unas diez pastillas al día y dos o tres sueros con medicación. Paracetamol, pero también un antiretroviral, un fármaco contra la malaria, antibióticos y cortisona.

Jonan Basterra Muniáin, periodista dedicado al marketing digital, está ingresado en Ifema desde el sábado. Sin embargo, el virus comenzó a atacarle desde el 20 de marzo. “Al volver de la compra, empecé a tener escalofríos y dolor en las articulaciones, y perdí parte del gusto y el olfato. Los primeros días no tenía mucha fiebre, aunque fue subiendo al igual que la tos seca. A partir del martes también tenía diarrea y tanta tos seca que me dolía el tórax como si alguien me hubiera golpeado las costillas”, detalla. El pasado miércoles, la fiebre llegó a 39,5 y, ante su única capacidad para guardar cama con posturas que le dejaran respirar sin toser, llamó ese día al teléfono especial del coronavirus habilitado en Madrid. También el jueves. “Ya te llamarán” fue la respuesta.

 

LEVES O MENOS GRAVES

Basterra reside en la capital del país desde hace 24 años y pertenece al centro de salud Los Alpes, barrio de San Blas. Allí acudió instado por su médico de cabecera. Una ecografía desveló el mal estado de sus pulmones, confirmado con una radiografía en Urgencias del Hospital Ramón y Cajal, donde ingresó este último viernes. Al día siguiente le llevaron a Ifema. “Se supone que aquí venimos los leves. O los no graves más bien”, apunta.

El recinto ferial se ha convertido en un macro-hospital con un montante total de 5.500 camas y UCIs extras. Cada cama dispone de tomas de oxígeno y de vacío, y entre camas hay unos tres metros y media pared de chapa de separación. Las mejoras o los empeoramientos de salud centran las conversaciones de Basterra y sus vecinos de ingreso. “Hay un matrimonio que lleva conmigo desde la sala de Urgencias del Ramón y Cajal”, dice. “Yo estoy mejorando, saliendo de la enfermedad. El viernes recuperé el gusto y el olfato. Apenas toso y respiro mejor. Para el oxígeno hasta ahora llevaba los clásicos tubitos a la nariz pero, como tenía floja la saturación, me han puesto una máscara. No es para facilitar que respire mejor, que podría hacerlo sin oxígeno, sino para recuperarme de mi neumonía”. El navarro conserva la fiebre: “Es el recordatorio de que el bicho sigue ahí, aunque cada vez dé menos guerra”.


-¿Se llega a tener miedo a morir? -pregunta este periódico.

-Nunca he pensado en que pudiera morir -responde Basterra-. De lo que sí te das cuenta es de lo dañino que puede ser el virus con una persona mayor. Cuando estaba en el Ramón y Cajal, trajeron a Urgencias a un anciano. Respiraba fatal. En cinco minutos le pusieron diferentes tipos de máscaras de oxígeno y a los diez se lo llevaron a la UCI. No sé qué habrá sido de él...

 

Parte del interior de uno de los pabellones de Ifema, con las camas repartidas en áreas.

ARROZ Y BAÑOS COMUNES

“Tengo que parar para comer, seguimos luego”, avisa Basterra para cortar el intercambio de mensajes. Lo reanuda media hora después. El menú ha consistido en arroz con verduras, salchichas de pavo con cuscús y un kiwi. “La comida no está mal. Mucho arroz porque, además de la enfermedad, algunos de los fármacos que nos dan también producen diarrea”, desgrana.

En Ifema hay baños comunes (los habituales del recinto para ferias) y varios adicionales de la UME (Unidad Militar de Emergencias). También duchas. Los pacientes emplean los baños cuando quieren, “son muy grandes y los limpian constantemente”, si bien también pueden reclamar guitarrones o cuñas. “Ir al baño te permite caminar un poco”, señala Jonan Basterra. “Tenemos la libertad de movimiento que te permitan tu estado y la dependencia del oxígeno. También te pueden llevar al baño en silla de ruedas, incluso con oxígeno. Pero el 95% vamos por nuestro propio pie”. Los sanitarios entregan a los contagiados champús de litro, colonia y desodorante.

Las visitas a los infectados, como en los hospitales ordinarios, no se permiten en el de campaña madrileño. Pese a ello, el pamplonés siente el apoyo de su familia y habla a menudo con su hermana y sus sobrinos. Ella, además, recibe a diario una llamada de Ifema informándole de la evolución de su hermano. Basterra, habitual en la plantilla de fotógrafos de Diario de Navarra para Sanfermines, también siente cerca por medio de redes sociales y WhatsApp a sus amigos. “Sabía que tenía buenos, pero no tantos”, agradece. Y, precisamente sobre los Sanfermines, reconoce que, si finalmente son o no entre los próximos 6 y 14 de julio, en estos momentos no le inquieta en demasía: “Con la que está cayendo... Me gustaría que pudiesen celebrarse en su fecha, pero sólo porque significaría que hemos salido del bache y la vida ha vuelto a la normalidad”.


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