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Pruebas de acceso

Jugarse en 4 horas el futuro profesional

La Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra acogió ayer las pruebas de acceso a las plazas de las especialidades EIR, PIR y MIR para graduados en Enfermería, Psicología y Medicina, que reunieron a cientos de ansiosos aspirantes

Las primeras gotas obligaron a los presentes a refugiarse en el porche de la Facultad de Ciencias a la espera de que se abrieran las puertas.

Las primeras gotas obligaron a los presentes a refugiarse en el porche de la Facultad de Ciencias a la espera de que se abrieran las puertas.

Actualizada 26/01/2020 a las 08:45
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Pasadas las dos y media de la tarde de este sábado 25 de enero, cientos de personas se iban amontonando bajo el porche de la entrada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra para protegerse de la incipiente lluvia. La mayoría eran aspirantes a las plazas de especialidades para los graduados en Medicina, Enfermería y Psicología, que apuraban los últimos minutos antes de los exámenes charlando con los compañeros antes de que se abrieran las puertas del característico edificio con planta hexagonal. Al creciente murmullo se iban sumando los rezagados que llegaban a paso ligero atravesando la explanada tras salir de los coches que se detenían brevemente ante la valla exterior del recinto.

Entre los allí congregados también se contaban algunos familiares y amigos, que trataban de templar los nervios de quienes iban a someterse a las exigentes pruebas de cuatro horas de duración que iban a marcar su futuro profesional. Este era el caso de Iranzu Viguria Marco, pamplonesa de 24 años que había llegado acompañada de su madre, un primo y un amigo que hacían lo posible por aligerarle la espera. Como el resto de aspirantes, Iranzu confesaba estar “muy inquieta” pese a haberse preparado a conciencia el examen para optar a una de las 149 plazas MIR que se ofertaban para Navarra. “Han sido diez horas diarias de dedicación desde junio y muy poquita vida social salvo algunos ratos para desconectar, como ir al gimnasio”, relataba.

Un tema habitual de charla entre los corrillos que se habían formado eran las quejas por la “muy mala organización” de los exámenes MIR, en cuya convocatoria no se había concretado la fecha de las pruebas y cuyo anuncio se retrasó, para los que se habían introducido cambios de última hora. Otro de los motivos de descontento, esta vez un clásico, era la falta de un temario oficial, tal como apuntaban Maite Olcoz Basarte e Irati Ruiz Rey, ambas de 24 años y vecinas de Pamplona y Lizasoian respectivamente: “Al final te preparas el MIR con las predicciones de las academias”. Ambas acababan de salir del baño acompañadas por Montse Prat Illa, residente en Manresa de 25 años, para evitar interrupciones técnicas durante las pruebas.

Las dos navarras aseguraban haber dedicado al estudio diez horas al día durante los últimos siete meses, concentración que sólo interrumpían los domingos para “airearse”. Por su parte, Montse reconocía que no había podido dedicarse con la misma intensidad a la preparación del examen porque debía compatibilizarlo con los cuidados de un hijo de un año, lo que le obligaba a apretar los fines de semana.

También en el interior de la Facultad de Ciencias, Sergio Tobarra González de Lopidana, vitoriano de 25 años; Xabier Pérez Aizpurúa; bilbaíno de 24 años, y Pedro Rodeiro Escobar, vigués de 24 años, hablaban animadamente sentados en una de las escaleras de la tercera planta. Aparentemente ajenos a cualquier síntoma de inquietud, se atrevían a afirmar con arrogancia impostada que aspiraban a quedar “los número uno” entre los MIR. “Tenemos que afrontar el examen con confianza”, justificaban tras soltar la bravuconada. Estos tres amigos y compañeros de promoción se decían “felices y contentos” momentos antes de entrar en el aula, ya que iban a poner fin a siete meses de máximo sacrificio con jornadas “de diez a doce horas” de estudio.

2.400 euros de academia

Superar un examen tan desafiante como el que se requiere para acceder a las plazas MIR, EIR y PIR había exigido además, según admitían estos tres jóvenes, una casi total privación de uno de los accesorios esenciales, el móvil, para estos nativos digitales. Con una severa restricción de estos dispositivos durante las maratones preparatorias y una “casi nula” actividad en las redes sociales, señalaban que cada uno había encontrado “su método” para sobrellevar esta dieta espartana.

“Hay que procurar no pensar todo el tiempo en el examen”, destacaba uno de ellos. Ninguno estaba de acuerdo con la necesidad de disponer de un temario oficial, ya que entendían que las pruebas MIR debían abarcar “toda la Medicina”. Asimismo, agradecían el recorte del número de preguntas, de 225 a 175, al reducir “las posibilidades de cometer errores” y también veían con buenos ojos pasar de cinco a cuatro horas la duración de las pruebas.

Según los testimonios recogidos, las academias eran el territorio común de la mayoría de los aspirantes a plazas MIR para garantizar, en la medida de lo posible, un buen resultado. Un extra que había exigido pagos en torno a los 2.400 euros por los siete meses de preparación a partir de los temarios confeccionados por estos centros de estudio, aunque la factura podía reducirse hasta los 1.500 euros si se aprovechaba alguna oferta puntual.

Uno de los consejos más seguidos, según confesaban los aspirantes, era evitar los repasos de última hora. Así lo habían hecho María Ibáñez Alda y Ane Garín Murua, guipuzcoanas de 24 años, que se mostraban “sorprendidas” por no haberse obsesionado con el examen MIR pese a no haber tocado el temario desde el día anterior por la mañana: “Hoy tocaba descansar tras siete meses muy duros”. Originarias de Gaintza y Beasain, María y Ane expresaban su deseo de que tan larga dedicación terminara “con recompensa”.

La presencia de periodistas y fotógrafos para cubrir las pruebas MIR molestaba a algunos aspirantes EIR y PIR, que demandaban “más visibilidad” teniendo en cuenta que se enfrentaban a exámenes “igual de duros” con una oferta de plazas “mucho menor”. Así lo expresaban Gala Velázquez Basterra, de 26 años; Lorea Barrios García de Galdeano, de 30 años; y Ana Echandi Vivanco, de 39 años, tres pamplonesas presentadas a plaza PIR que se habían conocido en la academia. Aunque reconocían el esfuerzo hecho este año con el aumento del número de vacantes, reclamaban una mayor presencia de psicólogos en la sanidad pública, dándoles entrada en atención primaria, en unos tiempos en los que “el estrés, la ansiedad y la depresión” se habían vuelto tan comunes.

Caramelos y bolígrafos “de la suerte”

El mejor remedio contra los nervios es una amplia sonrisa y una buena dosis de humor, técnica que pusieron a prueba Alejandra López Bracot, estudiante de 23 años de cuarto de Psicología, y Raquel García Puerta, que cursaba cuarto de Derecho con 21 años. Ambas culebreaban entre los cientos de aspirantes a las plazas de especialidades MIR, EIR y PIR que aguardaban en el acceso principal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra. Alejandra entregaba bolsitas con caramelos y bolígrafos, que le ocupaban ambas manos, con publicidad de una de las academias especializadas en preparar las pruebas, labor en la que era ayudada por Raquel que le seguía cargada con una caja llena de obsequios con ánimo de “ayudar un poco y hacer compañía”. “Son caramelos y bolígrafos de la suerte”, afirmaban. A pocos metros, Alina Loján Escobar, de 23 años, entregaba junto a varias compañeras más catálogos de una conocida empresa de recursos humanos en la que se ofrecían “servicios postMIR gratuitos” a los aspirantes. “Se corrigen exámenes, se facilitan preguntas y se ayuda en el trámite de reclamaciones”, exponía. Unas y otras, que obtenían una pequeña gratificación por el trabajo, reconocían sentirse contagiadas por el clima de nerviosismo reinante entre los aspirantes a plazas de especialidades.

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