Juicio por el crimen de Corralillos
El acusado del crimen de Corralillos: “Solo quería salir de ese infierno”
No respondió a fiscal ni acusación particular y su declaración se paró para que le atendieran


Actualizado el 09/02/2019 a las 09:09
El acusado de matar a un joven en los Corralillos del Gas en 2017 declaró este viernes en el juicio que no recuerda cómo acabó el cinturón de seguridad en el cuello de la víctima ni cómo lo apretó -durante más de tres minutos, según los forenses- hasta causarle la muerte. “Yo solo quería salir de ese infierno”, contó para describir cómo, según su versión, el joven irrumpió en su furgoneta mientras dormía y comenzó a golpearle sin parar al grito de “soy el elegido, te voy a matar”. El procesado, al que solicitan penas de 8 y 20 años de cárcel, se negó a responder a las preguntas de la fiscal y el abogado de la familia de la víctima, quienes facilitaron al jurado las declaraciones del acusado en instrucción porque a su juicio había incurrido en contradicciones.
De origen peruano y de 50 años, lloró en prácticamente toda su declaración, que tuvo que suspenderse durante casi media hora para que los forenses lo atendieran por un cuadro de ansiedad. Contó que llegó a Pamplona en 2006 “para sacar adelante” a sus dos hijos que tiene en el país andino. “Nunca he pisado el poder judicial, nunca se me ha acusado de nada”, dijo, a pesar de que cuenta con un antecedente por falsedad documental que no se ha detallado en el juicio.
El domingo 17 de septiembre de 2017 discutió con su mujer por los problemas para pagar el préstamo que habían pedido para pagar la furgoneta en la que sucedieron los hechos. “Ella se marchó a trabajar y yo me quedé ayudando en los deberes a mi hija. Volvió a la noche y entró en la habitación; yo cogí mi mochila con ropa, comida y me fui a la furgoneta. Me tomé un zumo que tenía allí y me acosté (en los asientos traseros) porque estaba cansado”. Sobre las tres de la madrugada, afirmó que escuchó un ruido, que sintió que le golpeaban al grito de “soy el elegido, te voy a matar”, pero que pensó que estaba soñando. “Hasta que noté algo caliente y vi que era verdad”.
A partir de este punto, el acusado empezó a llorar y de un tirón narró su versión: “Sentía que iba a morir. Era un infierno. Yo no lo he buscado, nunca pensé estar sentado acá. Porque me decía ‘te voy a matar, te voy a matar’. Me cogía de la chaqueta, me daba por todos los lados. No sabía qué hacer, pensaba que iba a morir. ¿Qué quieres, dinero?, le dije. No contestaba, solo decía ‘soy el elegido, te voy a matar’. Y no dejaba de cogerme la chaqueta. No sé qué tenía en su mente ese chico, no lo sé, te voy a matar, te voy a matar, era un infierno. No sé por qué entró en la furgoneta... Y seguía, y seguía, pensaba que moría en ese momento, no sabía qué hacer, solo quería defenderme ... Cogí el cinturón para poder retenerlo, para huir, pero él no me dejaba. No sé cómo llegó a su cuello, no lo sé. Yo solo quería salir de ese infierno...”.
El acusado negó que quisiera matarle. “En mi mente en ningún momento estaba matar a nadie, soy padre de familia. Mi hija de 8 años me pregunta y no sé qué decirle, le explico y no sé ni qué contestarle. Mi intención era salir, pero no podía, me cogía de la chaqueta”, respondió. Sobre por qué le ató los pies con un cinturón de vestir, afirmó que pensaba que el joven estaba vivo y tenía “miedo”. Salió de la furgoneta por la puerta del piloto. “No sabía si iba a seguir. Llamé al 112 y les dije que vinieran porque me iban a matar. Pasó un camión del basurero y le grité “auxilio, auxilio”, pero no me hizo caso. Apreció un patrullero (la Policía Municipal de Pamplona) y les conté que en mi furgoneta había un chico que me iba a matar”.
El acusado sufrió la rotura de los huesos propios de la nariz, dos hematomas en los párpados (pueden ser una hemorragia por la rotura), una herida en el labio y un hematoma compatible con un mordisco en la pierna. Para las acusaciones, el número de lesiones no encajan con la agresión tan brutal que describe (reclama la absolución por legítima defensa y miedo insuperable). Él añadió que ha tenido que someterse a una operación de nariz porque tenía problemas para respirar y que se encuentra en rehabilitación por una lesión en la espalda que se produjo al caerse en la furgoneta ((los forenses recogen en su informe que les habló de ese dolor, aunque no vieron hematoma). Añadió que se encuentra en tratamiento psicológico y que debido a que se encontraba mal no podía responder a las preguntas de las acusaciones.
Cuando ocurrieron los hechos trabajaba en la construcción, pero fue despedido, dijo, después de que la familia de la víctima le dijera al constructor que él había asesinado a su hijo. “Se me margina por ser una persona mala. No sé si será justo”. Concluyó que desde entonces vive con temor y que apenas sale de casa.
También reprodujeron las dos llamadas que el hermano del fallecido, de 17 años, hizo al 112 una hora antes. “Estoy en casa, mi hermano se quiere tirar por la ventana”. Dice que no tiene problemas de salud y la operadora le pregunta por qué se quiere tirar. “Está un poco loco, creemos”. Añade que no es la primera vez sino la segunda y que “se va, se va”, a lo que desde el 112 le piden que lo agarren y envían a la policía. El joven vuelve a llamar. “Se ha ido, dice que se va a suicidar”, repite, añadiendo que dos días antes había estado en urgencias. “Porque se iba a tirar y no lo íbamos a volver a ver”. En el juicio, explicó que interpretó mal la conversación de su hermano y sus padres y que pensaba que tener ansiedad (eso le vieron en urgencias) era estar loco.