Incubadoras 'low cost' del hospital San Juan de Dios de Pamplona para a Ghana
Un equipo del hospital San Juan de Dios de Pamplona ha llevado a Ghana una incubadora de bajo coste rediseñada por el ingeniero Pablo Sánchez Bergasa accesible al sistema sanitario del país


Actualizado el 11/10/2018 a las 06:00
La tecnología ayuda en los avances sanitarios y gracias a ella muchas vidas pueden salvarse. Pero puede ser cara. Carísima. Y, por lo tanto, muy alejada de las posibilidades económicas de países en desarrollo. Ante esta dificultad hay personas que no tiran la toalla. Es el caso de Pablo Sánchez Bergasa, ingeniero en Tecnologías Industriales, que ha rediseñado una incubadora neonatal para que pueda ser de bajo coste. “El lugar en el que se nace no debería limitar las oportunidades de vida de un bebé”, dice.
El nuevo equipo ha viajado con un grupo de profesionales del Hospital San Juan de Dios de Pamplona hasta Ghana, al hospital hermano de Koforidua, en una misión de cooperación internacional con varios objetivos, entre ellos implantar el mismo sistema de lavandería y ropero que utilizan en el centro navarro. A día de hoy el St. Joseph Hospital de Koforidua ya cuenta con incubadora, un recurso que ha donado por la Obra Social de San Juan de Dios.
“En muchos lugares del mundo la alternativa es una caja de zapatos”, afirma Sánchez, que forma parte del grupo de ingenieros in3ator.org, comprometidos con un voluntariado que consiste en aportar tiempo y trabajo en el área de especialización de cada profesional. “Todo lo que hacemos lo subimos a internet para que cualquiera se pueda hacer una o contribuir con mejoras”.
La nueva incubadora tiene un coste de materiales que oscila entre 250 y 300 euros, cuando una incubadora convencional podría llegar a costar 60.000. “Son materiales muy accesibles en países subdesarrollados y pensados para que se puedan conseguir allí a un precio más bajo”, afirma. De esta forma, si los sanitarios de Koforidua consiguen madera para la estructura el precio bajaría hasta 80-100 euros.
El proyecto de Sánchez ha consistido básicamente en rediseñar la parte electrónica de la incubadora. “Podemos controlar temperatura, humedad, ictericia, ventilación e inclinación”, explica el ingeniero. Además, la instalación es sencilla y se puede montar, mantener y reparar en los lugares de origen, lo que supone resolver un problema que se repite con la tecnología que se envía a los países en desarrollo. “La parte menos accesible es la electrónica, con cerca de 50 piezas distintas, pero desde España podemos proveer esta parte ya ensamblada a cualquier lugar del mundo”.