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Pedaladas para visibilizar la donación

El tafallés Vicente Pellicer, con un doble trasplante de riñón e hígado y baja visión, comenzará este sábado en Roncesvalles su tercer Camino de Santiago. Lo hará en tándem junto a su amigo Alberto Recalde, sus ojos para afrontar este nuevo reto

Vicente Pellicer, durante uno de sus entrenamientos en el velódromo de Tafalla.

Vicente Pellicer, durante uno de sus entrenamientos en el velódromo de Tafalla.

DN
23/08/2018 a las 06:00
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Con un doble trasplante de riñón e hígado y una retinosis pigmentaria que lleva años mermando su visión, el tafallés Vicente Pellicer Aznar volverá a la carretera con su bici, reconvertida en tándem para poder afrontar su próximo reto. “He tenido que pedir voluntarios porque necesitaba ojos; los conseguí en solo dos meses”, asegura satisfecho. A sus 58 años está a punto de iniciar el que será su tercer Camino de Santiago a dos ruedas. ¿El objetivo? Agradecer a los donantes y concienciar a los que todavía no lo son sobre la importancia de la donación: “Sin donación no hay trasplante y nadie sabe lo que le va a deparar el futuro”, asegura.

Vicente comenzará el sábado en Roncesvalles la primera etapa de una travesía que espera completar el próximo 2 de septiembre con su llegada a Santiago. Junto a su compañero, Alberto Recalde, voluntario de la ONCE y sus ojos para esta aventura, pedaleará durante nueve días -unos 90 kilómetros diarios- para realizar los casi 800 que separan a la localidad navarra de la capital gallega. Tendrá que poner a prueba sus largas horas de entrenamiento en el velódromo de Tafalla, en solitario y junto a sus amigos Alberto y Miguel Segura, en una hazaña que estará llena de gestos, como el ramo de flores que depositará en el Monumento al Donante del Paseo de los Llanos, en Estella, donde terminará la primera etapa.

Aficionado a la bici desde los 14 años, Vicente terminó convirtiendo su afición en terapia cuando con sólo 26 años le diagnosticaron una enfermedad renal y sólo unos meses después tuvo que enfrentarse a su primer trasplante de riñón. Fue entonces cuando, como él mismo relata, empezó “a hacerse retos” en una particular carrera de superación que, además de hasta Santiago, le llevó a subir el Tourmalet, uno de los puertos más míticos del Tour de Francia, y a recorrer 3.000 kilómetros en bici por diferentes carreteras españolas en busca de nuevos donantes. Una experiencia de la que se llevó la “receptividad” de la gente. Vicente, soltero y sin hijos, tuvo que dejar su trabajo en la serrería, pero plantó cara con optimismo a la enfermedad, convirtiendo ese primer trasplante de riñón en una oportunidad de oro para hacer lo que hasta entonces no había podido por falta de tiempo. Desde sacarse el graduado escolar hasta aprender a escribir en una esas máquinas que ya solo son objeto de deseo para coleccionistas y románticos. Pero, sobre todo, se subió a la bici para recuperar el tiempo que durante años el trabajo le había quitado. Llegó a ser conserje en un instituto y a trabajar en la Casa de Cultura de Tafalla. Lo más duro estaba por llegar. Ocurrió en el año 2000, cuando perdió el riñón. “La primera vez no sabía hacia donde iba la enfermedad, ni conocía la dureza de los tratamientos, pero aquella noticia fue diferente”, confesaba este miércoles. Estuvo 14 años en hemodiálisis y tuvo que pasar por dos intentos fallidos de trasplante antes de volver a nacer, tres décadas después, por tercera vez. Su particular calvario se agravó cuando, tras haber subido el Tourmalet en pleno tratamiento, le diagnosticaron retinosis pigmentaria. Pensó que nunca más volvería a pisar la carretera con su bici. Pero eso fue hasta que decidió comprarse un tándem y ponerse a entrenar. Primero, junto a su amigo Miguel, también aficionado a la bici y que por motivos laborales no podrá realizar el Camino, y, después, con Alberto.

EL SEGUNDO TRASPLANTE

Fue en 2014 cuando Vicente recibió el doble trasplante de hígado y riñón que le salvó la vida por segunda vida. Desde entonces, celebra su cumpleaños tres veces. La primera de esas celebraciones llegará sólo unos días después de que finalice su próxima aventura: el 19 de septiembre. La efeméride tendrá este año un regusto más especial si cabe y la quiere compartir con todos esos nuevos donantes que a buen seguro conseguirá durante la travesía. La financiación de esta nueva aventura correrá de su cuenta. Serán en torno a 3.000 euros, entre hoteles, comida y la gasolina que empleará la camioneta para labores de logística que les acompañará durante la ruta. Una travesía en tándem que devolverá a Vicente a su soñada carretera.

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