Día Mundial del Refugiado
Familias de refugiados cambian lágrimas por risas en Sendaviva
Familias de refugiados que viven en Navarra y otras forales visitaron el domingo el parque ‘Sendaviva’


Actualizado el 20/06/2018 a las 06:00
La tristeza por el padre secuestrado, la preocupación por la familia que no puede comprar medicinas o la desazón por no poder homologar su título de Derecho se quedaron por un día en casa. Olvidados. Y sustituyeron la angustia por no encontrar piso de alquiler o no tener sus papeles por paseos en barca, un espectáculo de circo o la caída libre en una tirolina. Decenas de familias de refugiados que viven en Navarra disfrutaron el pasado domingo de una jornada diferente en el parque de atracciones Sendaviva (Arguedas). Y lo hicieron en una actividad organizada por AUNOM (Asociación Universitaria por Oriente Medio), un grupo de profesores, alumnos y empleados de la Universidad de Navarra que impulsan planes con familias de aquí y otras de refugiados. 150 personas pasaron un día “lleno de calor humano”. El Gobierno de Navarra, a través de Sodena, corrió con el importe de 144 entradas y Obra Social La Caixa aportó 1.800 euros para el autobús y la comida en el parque. Los refugiados vienen de Venezuela, Colombia, Honduras, Ucrania o Siria, entre otros países. Este miércoles se celebra el Día Mundial de Refugiado.
El coordinador de AUNOM, Santiago Martínez Sánchez, profesora de Historia Contemporánea en la UN, insiste en que los ciudadanos de a pie son los que “tienen que ayudar” y “ser responsables”, cada uno como pueda, en este “enorme problema que tiene el mundo y que son los movimientos migratorios”. “Cada uno de nosotros puede hacer poco pero ese poco es muchísimo”. Solo mostrando interés por sus vidas, añade, se teje una red de amistad, “esencial para recomponer la vida de esta gente en otro entorno, que es el nuestro”.
UN 'CHUTE DE ALEGRÍA'
Otro de los integrantes de AUNOM, el empresario pamplonés Moncho Aguinaga Armendáriz, agradeció la colaboración del Gobierno de Navarra y de Obra Social la Caixa para por hacer posible esta iniciativa. Y respecto de la jornada compartida, mostró su agradecimiento a los refugiados. “Por poder compartir con ellos y sus familias un día tan especial” y por el “chute de alegría y vitalidad” que contagian “cada vez que tenemos un encuentro con ellos”.
Así lo expuso también Johana, una venezolana de 33 años, que vive en Pamplona desde hace cinco meses con su marido y su hijo, de 9 años. “La excursión fue una experiencia fantástica y lo pasamos muy bien. Por un día nos olvidamos de nuestros problemas y volvimos a reírnos”. Una opinión similar compartió una de sus compatriotas, que también viajó con sus hijos. “Hemos sentido mucho calor humano. ¡Gracias!” Por no pensar en las medicinas que no llegan o en ese título que no se puede homologar.