Familia y viajes
Intercambiar casas, de moda entre familias
Son varias las páginas web en las que se pueden hacer los intercambios de hogares en todo el mundo


Actualizado el 14/05/2018 a las 06:00
Recorrer el mundo sin pagar un euro. La filosofía de viajar sin alojarse en hoteles o apartamentos turísticos sino en casas de otras personas está en auge. Y cada vez es una tendencia más habitual entre familias con hijos y jubilados. Porque el intercambio de casas no solo permite conocer pueblos y ciudades de los cinco continentes a coste cero, sino también descubrir lugares “fuera del circuito turístico” y conocer “cómo vive la gente en otras culturas”. Es lo que cuentan en las líneas que siguen una familia de Pamplona, los Ruiz-Barbarin, que han intercambiando su segunda residencia, una casa en Atondo (un pueblo de unos treinta habitantes cerca de Irurtzun) y dos de las familias que han estado allí: una pareja belga con siete hijos y unos madrileños, que viajaron con su hija y los abuelos.
En los tres casos han sido las madres de las familias, la pamplonesa Ruth Barbarin Navarro (45 años), la madrileña Silvia Loriente López (49) y la belga Jeanne Franssen (47) las que han “peinado” las páginas web (intercambiodecasas.com o guesttoguest.com, entre otras) para “publicitar” su casa con las mejores fotos y decidir, entre las ofertas que reciben, a qué lugares quieren viajar. “Es una experiencia fantástica. Viajar con familia numerosa es muy caro y así, además de no gastar dinero, nuestros hijos conocen otras formas de vida”, cuenta Ruth Barbarin, funcionaria en el Palacio de Justicia de Navarra y madre de tres hijos, de 15, 12 y 9 años.
LAS CLAVES
130 euros al año. Es el importe que piden algunas páginas (como intercambiodecasas.com) por publicitarse. Ese dinero sirve también de seguro (por ejemplo, para cubrir el gasto de billetes de avión si hay cancelación).
Puntos por noche. En otras webs (guesttoguest.com) se dan puntos por vivienda que se canjean por otras (cada noche tiene un ‘precio’).
Los pamploneses Alfonso Ruiz y Ruth Barbarin dejan su casa en Atondo y han viajado a Bruselas, Murcia, Galicia... “Nos basamos en la confianza”
Alfonso y Santiago Ruiz Barbarin, de 12 y 9 años, han jugado al fútbol con sus vecinos belgas. Su hermana Lucía, de 15, escuchado algunos de los discos de vinilo que atesora un experto en la industria del cine. Y sus padres no han recurrido a las guías turísticas para elegir un restaurante sino que han seguido los consejos de los lugareños. Es decir, de los dueños de la casa a la que viajaron. Y todo gracias a un intercambio de viviendas que les ha permitido “integrarse totalmente” en otras vidas y culturas y no recorrer lugares “solo como turistas”. Los pamploneses Ruth Barbarin Navarro, de 45 años; su marido Alfonso Ruiz Eraso, de 46, y sus tres hijos (Lucía, Alfonso y Santiago, alumnos del colegio San Ignacio, Jesuitas, de Pamplona) se estrenaron el año pasado en este peculiar intercambio y ya han viajado a Bélgica, la Costa Brava, la Manga del Mar Menor y Galicia. A cambio de dejar su casa en Atondo, una localidad de poco más de treinta personas en la Cuenca de Pamplona. “Estamos encantados, nos han dejado siempre la casa impecable y vamos a seguir viajando así”, cuenta Ruth Barbarin, funcionaria en el Palacio de Justicia de Navarra.
Fue una amiga la que tras una cena le comentó esta modalidad de viajes y decidió probar. “Viajar cinco personas es muy caro. Esta opción, aunque tengamos que pagar los billetes de avión, es mucho más económica y enriquecedora”. Así que, hizo “un montón” de fotos de su segunda vivienda del pueblo (del exterior, el interior, el río y los lugares cercanos como la Sierra de Aralar, el nacedero del Urederra...) Y a los dos días se encontró con varias ofertas. “¡Fui increíble! Yo pensaba que nadie iba a querer ir a un pueblo tan pequeño y tenía ofertas de holandeses, belgas, daneses, italianos, irlandeses...”
Finalmente, eligió la opción de Bélgica, la casa de Jeanne y Éric Franssen, una matrimonio de 47 años y padres de siete hijos. Su casa, en Uccle, una localidad muy próxima a Bruselas, les permitió hacer turismo por el país. Allí viajó el pasado julio durante quince días con su marido, Alfonso Ruiz Eraso, representante textil, sus tres hijos y su madre, Ana Navarro. “No conocimos a Jeanne y a Éric porque nos cruzamos. La casa era preciosa, enorme, muy limpia...” La familia anfitriona, cuenta, les dejó preparados folletos de los lugares turísticos que podían visitar, medio frigorífico lleno, las camas hechas... y los niños, hasta unos dibujos. “Llegar así es muy acogedor. Nosotros también les dejamos una botella de pacharán, información de la zona...”
Durante su estancia en Bélgica, además de recorrer Bruselas, Brujas, Gante, Amberes..., sus hijos pudieron jugar al futbolín de los niños de Jeanne y Eric, utilizar sus juguetes, leer sus libros... “Un día fuimos a su iglesia, hablábamos con los vecinos en la calle. Para nuestros hijos es muy enriquecedor y una manera de abrir sus monte y de desenroscarnos la boina”, se ríe.
Para ellos, la confianza, insiste, es la única herramienta que pueden utilizar. “Yo pienso que, hasta que no se demuestre lo contrario, todo el mundo es bueno. Si nosotros somos cuidadosos, ¿por qué no lo van a ser ellos? Además, ¿quién va a venir desde Bélgica con toda su familia para destrozar nuestra casa?”, reflexiona.
MURCIA Y GALICIA
Además del intercambio con Bélgica, los Ruiz-Barbarin también han hecho otros viajes dentro de España. La Semana Santa de 2017, coincidiendo con unos torneos de fútbol de sus hijos, se instalaron unos días en Peralada (Costa Brava), el pasado puente de Diciembre fueron a la Manga del Mar Menor, en Murcia (al apartamento de Silvia Loriente y su marido Óscar Pont) y la pasada Semana Santa se instalaron en Betanzos (Galicia). “Siempre nos ha ido muy bien y los dueños de las casas nos han dado consejos sobre qué podíamos ver o hacer. Sobre todo esta última vez que llovió e hizo muy mal tiempo”. Este verano viajarán a Lisboa y el próximo, tienen previsto desplazarse a Irlanda porque ya han recibido una oferta de una familia que quiere instalarse en Atondo. “También tenemos propuestas de Canadá, Sudáfrica... Nos encantaría ir pero, claro, los billetes de avión son muy caros”.
Y explica que, en algunas páginas web, se puede hacer una búsqueda más activa. “Por ejemplo, si quieres ir concretamente a un destino, París, puedes filtrar y que te aparezcan solo alojamientos allí. Igual que si necesitas un apartamento para dos, cuatro, seis, ocho personas...” Tras su experiencia “rastreando” estas webs, concluye que más de la mitad de los españoles intercambian su segunda residencia (en el pueblo, la playa...), mientras que los extranjeros optan por dejar su vivienda habitual. “Tienen un concepto de la propiedad diferente al nuestro y muchos viven de alquiler”. En cualquier caso, dice, todos quieren conocer otra cultura al margen del turismo”.
Los Franssen, una familia belga con siete hijos, intercambió su casa por otra cerca de Irurtzun
Jeanne Franssen lo tiene muy claro: la única forma para viajar en familia es intercambiando su casa por otra. Belga, de 47 años y madre de siete hijos, de entre los 19 y los 6, reconoce que para una familia tan numerosa es “carísimo” salir de casa. Así que hace dos año descubrió las páginas web de intercambio de casas y ya ha viajado dos veces con este sistema. La primera, a Dinamarca; y la segunda, el pasado verano a Atondo (un pueblo de la Comarca de Pamplona, cercano a Irurtzun). El próximo julio viajará de nuevo toda la familia a Granada. Jeanne y su marido, Éric, de su misma edad, trabajan para el Ministerio de Cultura de su país en la promoción de cine belga en el extranjero. Responde a esta entrevista por teléfono desde el Festival de Cine de Cannes.
Jeanne ya conoció San Sebastián pero nunca había visitado Navarra y, por eso, eligió este destino para pasar “unos días en familia en contacto con la naturaleza”. La pareja viajó con seis de sus siete hijos: Tanguy (19 años), Charlie (17), Laszlo (16), Marguerite (12), Penny (9) y Billie (6). No les acompañó Walter (gemelo de Tanguy. “Lo pasamos muy bien. Visitamos Pamplona, San Sebastián, los pueblos de los alrededores... Muchos días íbamos a la piscina de Irurtzun”, cuenta Jeanne. Su marido y sus hijos solían salir a pasear en bicicleta por la zona. “Además de no gastar dinero, nos gusta viajar así porque descubrimos lugares a los que no iríamos como turistas. Pedimos consejos sobre tiendas, lugares que visitar...” Confiesa que no tiene miedo de dejar su casa habitual. “Confío en que la cuiden como nosotros las suyas”.
A Silvia Loriente López le encanta viajar y bucear en otras culturas. “Quiero ver dónde vive la gente, dónde compran, dónde juegan sus hijos... No solo hacer recorridos turísticos”. Madrileña de 47 años, profesora de inglés en un instituto y madre de dos hijos (Pablo y Carmen, de 19 y 12 años), ha encontrado en las páginas web de intercambio de casas un “verdadero filón”. “Me lo comentó un compañero de trabajo y me he inscrito en dos páginas”. Junto con su marido, Óscar Pont, de 54 años y profesor de Formación Profesional, intercambian su segunda vivienda, un apartamento en Los Alcázares (La Manga del Mar Menor, Murcia) por otras viviendas. Y ya han recorrido Bruselas (donde viajó sola con su marido), Irlanda y Navarra, donde se instalaron en Atondo, en la casa de los pamploneses Ruth Barbarin y Alfonso Ruiz. El próximo verano disfrutarán de varios días en Getxo (Vizcaya) y en otoño, pasarán unos días en Noruega.
“Preferimos dejar nuestra segunda vivienda porque es más sencillo y no tenemos que vaciar armarios. Nuestro piso de Madrid, aunque también estaría solicitado, es muy pequeño”, cuenta. Y asegura que nunca han tenido ningún problema. “Hay que basarse en la confianza. Si nosotros cuidamos las casas, pensamos que los demás también”. En su apartamento de Murcia siempre deja una carpeta con información turística de la zona. “Además, nos solemos ‘guasapear’ con la gente que viene. Les recomendamos restaurantes, tiendas, qué hacer si un día está lloviendo... Es muy útil”.
En el caso del intercambio con Atondo, explica que no han conocido a Ruth y Alfonso porque “se cruzaron”. “Los mismos días que estuvimos nosotros en Atondo, ellos viajaron a Murcia. Nos enviamos las llaves por correo”.
EXCUSIONES RURALES
Navarra, añade Loriente, es una comunidad que les “encanta”. “Ya conocíamos algo pero nos apetecía estar en un pueblo, hacer excursiones rurales y estar en contacto con la naturaleza”. El viaje lo hizo junto con su marido, su hija Carmen y sus padres, Mari Carmen y Andrés, “que tienen 80 años pero están de maravilla”. Y da fe al relatar las excursiones que hicieron: Sierras de Aralar y Urbasa, Ujué, Castillo de Olite, Leitza, San Sebastián... “No paramos”, se ríe. La casa de Atondo, dice, les gustó muchísimo. “Es un palacete precioso. Una monada”.
Silvia está ahora inscrita en dos páginas (intercambiodecasas.com y guesttoguest.com). “Funcionan de manera diferente”. En la primera, explica, hay que pagar una cuota todos los años (130 euros) y en la segunda, te dan puntos por tu casa (según el estado en el que esté) que se canjean por puntos en otras viviendas (cada noche tiene un “precio”, que en vez de en euros se paga en puntos”. “Estoy en varios grupos de Facebook en los que hay ‘bastante vidilla’. Se intercambian fotos, se dejan comentarios, se dan consejos...”.
Así, con todos estos preparativos virtuales, insiste, se disfruta del viaje dos veces. Además de que la familia, añade, “aprende”, se “sumerge” en otras formas de vida y acumula una colección de experiencias al margen de los circuitos turísticos. Y todo, gratis.