La crecida del Arga en Pamplona no afectó a las viviendas
Los ríos se desbordaron en los puntos habituales y la inundación no afectó a zonas habitadas o bajos comerciales


Actualizado el 13/04/2018 a las 06:00
Las diferentes inundaciones que ha vivido Pamplona en los últimos años han dejado su marca en una pared de una de las casetas de la empresa Frutas y Verduras Zabalza, en el barrio de la Magdalena y a tan solo 50 metros del río Arga. Las de junio de 2013 son las que dejaron el ‘listón’ más elevado en el muro de hormigón y las que más daños causaron. En cambio, las de ayer, y aunque también causaron importantes pérdidas en los cultivos de esta huerta, eran equiparables a las de 2015. Entre una y otra hay más de dos metros de nivel de diferencia. Ayer, por fortuna, el agua no afectó ni a zonas habitadas ni a bajos comerciales.
Desde primera hora de la mañana de ayer, alrededor de las siete y media, las primeras medidas ya habían sido tomadas: se había cortado el paso tanto del tráfico rodado como el peatonal en la zona de la Magdalena (camino de Burlada y de Caparroso), el Vergel (parque Errotazar y de la Runa), Vuelta de Aranzadi y Puente de Miluze. La fuerza del agua no daba tregua y pese a que las motas construidas en 2016 funcionaron, los desbordamientos se produjeron en las zonas habituales. Una radiografía a pie por las zonas más ‘calientes’ certificaba a cada paso la impasible tenacidad del cauce.
Una de las miradas para ver las consecuencias de la crecida se dirigía precisamente a la Ciudad Deportiva Amaya, que no tuvo más remedio que cerrar sus instalaciones, una medida que muchos de sus usuarios iban conociendo conforme se acercaban hasta el edificio principal. “Voy a ver si al menos me tomo un café”, decía Francisco Jiménez, uno de cerca de 9.200 socios que conforman la entidad. Y como él, Rosa, Ricardo o Félix.
“Estamos emplazados en una zona contigua al río y completamente desprotegidos”, explicaba el gerente Pablo Navallas antes de las diez de la mañana. Sin olvidarse de la última inundación, en enero de 2017, el responsable dejó constancia de su malestar ante la pasividad del Ayuntamiento de Pamplona y de la Confederación Hidrográfica del Ebro. “Hemos reivindicado en innumerables ocasiones nuestra situación, declarando que incluso nosotros asumiríamos el coste de la actuación, pero nada. Nadie nos certifica ni nos da permiso para poder protegernos”, lamentaba Navallas.
Desde las 19.00 horas del miércoles, el Ayuntamiento de Pamplona mandó mensajes de texto a los 4.185 ciudadanos abonados a este servicio. Aunque muchos conductores sí recogieron sus coches, las grúas retiraron un total de 113 vehículos de la zona de los Corralillos, el Molino de Caparroso, el Club Natación o la Runa.
ACCESOS CORTADOS
El polígono industrial Landaben fue otro de los escenarios que tampoco resultó ajeno al corte de carreteras. Agentes de la Policía Municipal de Pamplona cortaron la NA-30 por lo que los conductores se desviaron hacia Arazuri, ya que en las inmediaciones de la fábrica de Volkswagen el agua imposibilitaba la continuidad del tráfico rodado. Sin embargo, las inundaciones no alteraron el funcionamiento de la factoría de automoción.
A LO LARGO DE LA CALLE RÍO ARGA
La Rochapea, sin duda, fue el barrio más afectado de Pamplona. La instantánea podía tomarse casi en cualquier punto. En particular en la longitudinal de la calle Río Arga. Las redes sociales recogían casi al minuto las vivencias de unos y otros. A pie de campo, la situación mejoraba. Riadas de personas enfundadas en chubasqueros y paraguas no querían perder detalle de la crecida del río.
El puente de Santa Engracia era uno de los puntos de encuentro espontáneos que reunió a decenas de curiosos. “Llevamos aquí más de una hora y no deja de subir”, comentaban entusiasmados los amigos y jubilados Pedro Mari Zabalza y Pablo Aramendía. “Vivimos en el barrio y ayer a la noche (por el miércoles) ya estuvimos mirando también”, explicaban pasadas las diez y media de la mañana. El desnivel del puente provocó que uno de los ojos quedase completamente anegado bajo las aguas.
Unos metros más adelante, pasado el Puente de Oblatas, donde el peligro quedó en un segundo plano tras el cierre peatonal a primera hora de la mañana, el agua tampoco había llegado a mayores en las inmediaciones de los Corralillos del Gas ni tampoco en Curtidores, donde se prohibía el estacionamiento. Bien es verdad que el Arga se desbordó en decenas de lugares.
