Testimonio de voluntarios de Alsasua
Alsasuarras que acogieron a los atrapados: "Cientos de personas llegan muertas de frío”
Las familias de Pablo Jiménez y Raquel Benito, en dos chalés vecinos, acogieron a una familia francesa, otra de Irún y dos parejas de Zumarraga


Actualizado el 31/07/2025 a las 09:52
A la alsasuarra Raquel Benito González le llegó un mensaje en su grupo de whatsapp de la coral Erkudengo Ama. Parecía que se había colapsado la N-1, que el tráfico estaba cortado y se iba a necesitar ayuda para atender a familias. “¿Sabe alguien algo?”preguntaba una compañera. Eran las 22:30 del domingo. El marido de Raquel salió a ver, se acercó a una de las entradas del pueblo, allí estaba la Guardia Civil y parecía que estaba “todo controlado”. A medianoche regresó a casa . Sin embargo, una amiga de Raquel se quedó. Y ella decidió seguir levantada y atenta al móvil. A la 1, desde el polideportivo, sonó el whatsapp: “Por favor, acercaos. Esto es impresionante. Hay cientos de personas llegando muertas de frío, con bebés, gente mayor...” , decía su amiga. Más tarde, leyó en el grupo “500” personas. “Pensé que se habían equivocado, que serían 50”.
Se presentó allí con su marido, su hermana y su cuñado. “Había mucha gente joven. Me llamó la atención. Los mayores, nosotros. Mi amiga, que estaba coordinando, nos dijo que la prioridad eran familias con niños” prosigue. “Encontramos una familia de Irun. Era un matrimonio, la abuela, de 72 años, y dos niñas, de 9 y 5. Venían de Pamplona, de celebrar el día de Reyes con otra hija. Al cortar la Autovía de Leitzaran, les desviaron hacia Etxegarate. Meterse por ahí fue el caos. Estuvieron como ocho horas en el coche. Tres, completamente parados. Se les agotó el agua y cogieron nieve en la botella porque preveían que iban a estar toda la noche en el coche. No querían más que estar en un sitio caliente y que las niñas descansaran algo. No llevaban comida, más que unas pocas chucherías. Pero no quisieron que les hiciera nada mas que un vaso de leche caliente”.
Los irundarras pudieron llegar en coche casi hasta el pueblo, pero muchos vecinos hicieron de taxistas improvisados con sus todoterreno. “Mi cuñado, por ejemplo, fue a buscarles a las gasolineras de arriba. Mi hermana, que llevó colchonetas y mantas, al final se trajo a casa a cuatro de Luxemburgo”.
Al dejar el polideportivo, entorno a las 2:00, Raquel se cruzó con su vecino Pablo Jiménez Elvira. Llegaba con su mujer y su hija Andrea. La familia acogió ocho personas esa noche. Primero, la mujer volvió al hogar con una familia de Pau, de origen marroquí, en el todoterreno de los muchos vecinos que hicieron de improvisados taxistas. “Llevaban de viaje desde el viernes a mediodía y ella venía con unas manoletinas”. Su marido y su hija permanecieron en el polideportivo, organizando camas y repartiendo bebidas. El avituallamiento empezó a llegar a las dos de la madrugada. Todas las sociedades abrieron para hacer caldo. “Cada vez que venían cosas, hacíamos una cadena humana entre todos y lo descargábamos”, cuenta Jiménez. A las 4 de la mañana, padre e hija regresaron a casa con dos matrimonios de Zumarraga.Volvían a casa, tras comer con la hija de unos en Torres de Elorz. Salieron a las seis y a las dos de la madrugaba alcanzaban Alsasua. Contaban que al llegar a Irutzun se ralentizó y luego ‘mogollón’ de horas parados”. Pidieron calcetines.
“Es lo mínimo que podíamos hacer. Se han ido muy contentos. Se quedaron impresionados al ver tanta gente que iba a buscarles de madrugada” decía Raquel Benito. “Y el que no fue, es porque no se enteró”, excusaba Pablo Jiménez. Ambos recordaban que “hace 22 años, pasó lo mismo”. Pero fue por acumulación de nieve y el corte de vía duró varios días. “Mi hermana y mis padres acogieron a gente. Yo estaba embarazada. Y mi marido se quedó en Irun sin poder llegar”, rememora Raquel. Los Jiménez también abrieron su casa en aquella nevada histórica.
A Jone Pelaez, la encargada del bar del frontón, la llamaron por teléfono. “Tenía que venir a abrir la calefacción. Que era urgente. Primero, les metieron en el albergue y el polideportivo, pero se conoce que había tanta gente que se les estaba desbordando. Claro, era un día de mucho tránsito de coches, mucho niño pequeño, mucha gente mayor. Aquí sobre todo vinieron portugueses y marroquís. Alguno que iba hasta Suiza, nervioso porque tenía que coger un vuelo. Había dos autobuses que llevaban desde las ocho parados. En el pueblo, los jóvenes se comunicaron enseguida con el whatsapp, fueron al centro juvenil y el polideportivo, y se llevaron mucha gente a las casas. La gente se organizó enseguida, había decenas de voluntarios, porque aquí, a pesar de todo, la gente es muy solidaria y en casos así se vuelca. Se calentó leche, café, colacao... Les dimos conexión al móvil. Trajeron caldo, trajeron galletas... Hubo gente que trajo mantas. Una chica portuguesa vecina hizo de intérprete. Sobre las cuatro de la mañana, con la gente ya más tranquila, se apagaron las luces para que pudieran dormir algo. Estaba la DYA, había médicos. A las 8 y media, en coches particulares los devolvía al sitio donde fueron recogidos”.
“Para una vez que me voy a dormir pronto y pasa todo esto”, decía este domingo Olatz Ariz Urdaniz, alsasuarra de 20 años que trabaja los festivos en la recepción del frontón. Este domingo, cuando llegó a su turno, se encontró ya a la gente despierta y dando cuenta de cacerolas de leche, café y colacao. “Estaba lleno de mantas, la DYA, la Cruz Roja. En cuanto les han dicho que la carretera estaba limpia se han ido. Había familias con niños, con mascotas. La mayoría portugueses y franceses”.
La que no durmió fue su compañera Sandra Jaka. Vive justo enfrente del polideportivo y a las once de la noche su jefe la llamó para que abriera el recinto. Ella y su marido estuvieron allí recibiendo por igual a voluntarios ávidos de tareas, reponiendo papel higiénico, orientándolos, hasta las cinco de la madrugada.
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