Las aguas del río, hilo conductor del crimen en Navarra
Varios de los crímenes cometidos este año tienen como nexo de unión el río. El Grupo de Rescate Acuático de Bomberos ha contribuido con su labor a esclarecerlos


Actualizado el 07/12/2017 a las 06:00
Cierre por un momento los ojos. ¿Sería capaz de encontrar algo tan pequeño como un reloj que alguien ha escondido en una habitación? ¿Y sería capaz de hacerlo buceando? Esa oscuridad e incertidumbre es la misma que experimenta un buceador cuando se encuentra sumergido en las aguas de un río, un pantano o un embalse.
Durante casi 15 días consecutivos nueve buceadores del Grupo de Rescate Acuático de Bomberos de Navarra han trabajado desde que salían los primeros rayos de sol hasta su puesta para encontrar el cuerpo de Paúl Cabrera. En el mediodía de este sábado lo encontraron.
Las aguas de los ríos navarros han sido el hilo de conductor de un buen número de crímenes desde finales del año pasado. En todos ellos han trabajado para esclarecerlos el Grupo de Rescate Acuático. En noviembre del año pasado el cuerpo de un vecino de Tudela, de nacionalidad ecuatoriana, fue arrojado a las aguas del río Ebro en Castejón.
También tuvieron que buscar en el agua, esta vez en las del Arga, para hallar con el cuerpo de una vecina de Burlada, asesinada por su pareja. Valcarlos o foz de Arbayún han sido este año escenario de su labor. El último, Caparroso.
En plena ola de frío, la temperatura del agua oscilaba entre los seis y los ocho grados. En estas condiciones el protocolo recomienda que un buceador no debería de pasar más de 20 minutos bajo el agua. “En un caso como este hacíamos tandas de hora u hora y media. Nos hemos jugado la salud. Ni tan siquiera parábamos para comer. Así aprovechábamos las horas de luz”, relata Alberto Garde Sesma, el sargento de bomberos de este grupo formado por un total de 17 bomberos.
Armas, documentación...
Las difíciles condiciones en las que tienen que desarrollar su trabajo no impiden que este grupo altamente especializado ayude a esclarecer crímenes. En el fondo del río han encontrado carteras, armas homicidas e incluso objetos tan pequeños como un mechero. “Es increíble las cosas que te puedes llegar a encontrar. Las búsquedas que hacemos son muy minuciosas. Mediante cuerdas cuadriculamos la zona y la examinamos palmo a palmo”.
Para protegerse del frío, los buceadores llevan debajo de su neopreno un buzo estanco. “Con el neopreno pasa el agua y te acabas mojando. Con esta ropa, conocida en el argot del buceo como ‘rata’, no pasa el agua pero no evita que tengas frío”, cuenta Alberto Garde.
El acceso a este grupo de realiza por oposición interna. Entre los requisitos exigidos para acceder se encuentran el haber conseguido el título de buceador profesional, el de patrón de embarcación, y además, pasar un reconocimiento médico específico.
“Como bomberos tenemos nuestro turno y cuando surge una necesidad, aportamos al grupo de rescate acuático. Durante todo el año tenemos que entrenar. Para acceder al grupo siempre hay demanda. La cuestión es que si no hay bajas, no salen plazas. Ahora mismo se está pensando en ampliar porque se han producido varias jubilaciones. Hay que renovar”.