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Caminar, una 'droga' maravillosa

Una “droga natural y maravillosa”, describen los médicos, al alcance de todos. Sus beneficios son tan placenteros y saludables que generan adicción. Se trata de caminar, pero como ejercicio. Muy recomendable al menos 30 minutos al día

El 32,3% de la población mayor de 15 años se declara sedentaria

Una “droga natural y maravillosa”, describen los médicos, al alcance de todos. Sus beneficios son tan placenteros y saludables que generan adicción. Se trata de caminar, pero como ejercicio. Muy recomendable al menos 30 minutos al día

Iván Benítez
Sus beneficios son tan placenteros y saludables que generan adicción. Se trata de caminar, pero como ejercicio. Muy recomendable al menos 30 minutos al día.

José Antonio Ganuza, 82 años, y Luis Goñi Garrica, de 79.

Caminar en Navarra 8 Fotos
Caminar en Navarra

Sus beneficios son tan placenteros y saludables que generan adicción. Se trata de caminar, pero como ejercicio. Muy recomendable al menos 30 minutos al día.

Iván Benítez
26/02/2017 a las 06:00
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"¡Levántate y anda!”. La próxima vez que tenga un chequeo médico, no se sorprenda si le extienden esta receta. De hecho, ésta fue la consigna que recibió Nekane García González, de 34 años, aquejada por unos dolores de espalda. Desde entonces, camina una hora al día con sus perros por los alrededores de Pamplona. “¡Y va muy bien!”, reconoce. “Además, te sientes más positiva”.


Para el director de los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos, Thomas Frieden, “caminar es lo más cercano que tenemos a una droga maravillosa”. Esta simple rutina -explican los especialistas- ayuda a ejercitar los músculos y a quemar calorías, siempre y cuando se camine al menos treinta minutos diarios.


También se ha demostrado que reduce el riesgo de diabetes y el cáncer, la presión arterial y el colesterol, mantiene la agudeza mental y aumentan los niveles de endorfinas para levantar el ánimo.


Asimismo, a medida que más personas salen a las calles, mejora la economía local. Es también una manera de conocer gente y conectar con los vecinos. Los psicólogos recomiendan pasear con los hijos. Porque, aseguran, promueve la comunicación, reduce los problemas de comportamiento y mejora el rendimiento académico.

El 32,3% de la población mayor de 15 años se declara sedentaria


Los últimos datos sobre sedentarismo en Navarra, publicados en 2016, indicaban que el 32,3% de la población mayor de 15 años se declaraba sedentario, con importantes diferencias entre hombres (25%) y mujeres (40%). A partir de los 65 años, el porcentaje aumenta en ambos géneros. Y hay que advertir de que este segmento de edad -el que tiene 65 años o más- aumenta más rápidamente que cualquier otro grupo; ya en 2015 constituía el 19% del total de la población, alrededor de 121.000 personas. Se calcula que en 2020 este porcentaje será del 22%.


EL SONIDO DE UN ACORDEÓN


Mejorar la salud puede marcar la diferencia entre la autonomía y la dependencia en los últimos años de la vida. Por ello, conscientes de esta realidad, a sus 88 y 91 años, Mª Pilar Legarda y su marido, Marcos Cabezón Velasco, dedican una hora al día a caminar. Ambos muestran un gesto de perplejidad, y quizá de impotencia, al querer evocar los primeros pasos de su infancia, y no poder. Un gesto lógico, puesto que los científicos han descrito este vacío como “amnesia infantil”.


Al parecer, los primeros recuerdos que tenemos, sean traumáticos o agradables, suelen corresponder, de media, a los 3,5 años de vida. Antes, sostienen, no hay nada. En cualquier caso, recuerden o no los primeros pasos de la infancia, lo único que realmente preocupa a este matrimonio es salir cada mañana de la Casa Misericordia, donde residen actualmente, y pasear una hora al día por la Vuelta del Castillo de Pamplona.


Caminan muy despacio. Un sendero de losetas enmarca sus pisadas. Siempre en dirección opuesta a la Estación de Autobuses. Suena la melodía desafinada de un viejo acordeón. Miradas encorvadas. Pensamientos a pie de asfalto.


Ella, ataviada con un abrigo hasta los pies y un pañuelo de colores al cuello, sonríe al sentirse fotografiada. Por detrás, su marido, calado con una gorra y una bufanda color hueso. Se disculpa porque a sus 91 dice que no oye bien. “Llevamos casados 67 años. Hay días que me levanto pensando que he nacido con él”, asiente sonriente Mª Pilar. “Caminamos hasta el acordeonista y volvemos. Una hora al día. Viene bien para respirar...”.


Existe un proverbio chino que dice: “Hasta el más largo de los viajes empieza dando un primer paso”. En el caso de Ramón Mendiguchia Ariste, de 55 años, el viaje de su jubilación arrancó hace cuatro años con una “gran” zancada.


Si por entonces no podía andar todo lo que quería por falta de tiempo, hoy planifica rutas diarias por Pamplona de 16 kilómetros. “Empecé a andar para matar el tiempo tras la jubilación. Ahora te sientes más suelto y ágil”, observa, sin reducir el ritmo de la marcha.


La Sociedad Española de Cardiología (SEC) alertaba hace unos días del elevado coste directo que puede tener el sedentarismo para los sistemas sanitarios y recuerda que en España el 73% de la población es sedentaria o no realiza la actividad física mínima recomendada. Esta falta de actividad, advierte la citada sociedad científica, “activa las alertas de un aumento de enfermedades cardiovasculares derivadas de los hábitos de vida de la población y, según un estudio publicado en la ‘Revista Española de Cardiología’, tiene un coste directo de unos 54.000 millones de dólares en el mundo, es decir, unos 50.000 millones de euros.


EL ORIGEN DEL PRIMER PASO


En el Paleolítico, la actividad física se convirtió en una necesidad. El hombre era un animal cazador y tenía que recorrer largas distancias para encontrar comida. ¿Cuándo, cómo y por qué se convirtieron en los primeros homínidos bípedos? La llegada del Homo Sapiens (ser humano actual) provocó una cadena de cambios en el cuerpo humano: extremidades más largas, manos más sutiles y menos fuerza corporal. Más tarde, se produce el cambio del hombre nómada al sedentario. El sedentarismo aparece ligado al desarrollo de la agricultura y trajo consigo un aumento demográfico.


El profesor de Ciencias Biológicas de la Universidad de Harvard, Daniel E. Lieberman, que ha investigado estas cuestiones, sugiere que la “larga distancia” juega un papel clave en la evolución del género Homo. En cierto modo, tal afirmación sobre la “larga distancia” la personifican -ya en pleno siglo XXI- dos octogenarios pamploneses llamados José Antonio Ganuza, de 82 años, y Luis Goñi Carrica, de 79. Desde hace treinta años se levantan a las siete de la mañana y suben y bajan el monte San Cristóbal. En uno de estos ascensos -recuerdan- hace veinte años, se conocieron. “¿El secreto para andar tanto? ¡Comer mucho!”.


DISTINTAS FORMAS DE CAMINAR


Después de unos días adversos por la lluvia y el viento, el tiempo concede una tregua primaveral. El cielo extiende a los pies de los más madrugadores un manto blanco de nubes. Las siluetas de los paseantes dibujan un escenario onírico. Aunque parezca mentira, aseguran riendo los viandantes, en lo alto de San Cristóbal luce el sol.


Cada individuo tiene una forma de caminar. El ritmo de marcha depende de varios aspectos. La edad, el nivel de condición física, el género e incluso la altura y el peso contribuyen a la velocidad. El de Josu Pérez Mendia, de 62 años, por ejemplo, es acelerado. Balancea los brazos delineando ángulos perfectos, como si desfilara. “Es que yo soy de bastones, por eso muevo así los brazos”, sonríe, sin detener el paso. “Para mí el concepto de vida está relacionado con salir al monte y caminar... Me gusta desde que soy niño. Y ahora procuro escaparme todos los días una media de tres horas”.


Su nervio contrasta con el paso reposado y la mirada contemplativa de José María Lauroba, de 66 años. “El Perdón parece una isla en un mar de nubes”, susurra, volcando el peso del cuerpo en un largo cayado. De su espalda cuelga una mochila. Dentro no suele faltar una navaja y una bolsa de plástico. “Bueno - se explica- y desde hace poco y por obligación, un teléfono móvil. “No vaya a ser que me pase algo...”, justifica. Y es que se llevó un buen susto no hace muchos días al tropezar y caer al suelo.


Si hay una afición que le ha gustado desde niño a Lauroba es la de caminar. “Quizá por el trabajo sedentario que realizaba”, dice. “Pasaba mucho tiempo de pie y sentado”. Había domingos, cuando trabajaba, que llegaba a caminar cinco horas. “Así que ahora, a los 66 recién cumplidos, me encuentro de maravilla”. Calcula que practica este ejercicio dos horas al día, bien por la ciudad o por el monte. A veces, atrevido, arranca desde Pamplona y llega a Tafalla para visitar a su madre. Unas seis horas.


Quien mejor describe los beneficios de esta “droga maravillosa” es Roberto Irurtzun, un hostelero pamplonés de 48 años. “¡Caminar es el mejor Ibuprofeno natural!”, ilustra, presumiendo de haber conseguido sacar de la cueva del sedentarismo a su compañero de trabajo. El joven, de 28 años, sonríe a su lado al reconocer la proeza. “Sí, es la primera vez que salgo a andar. Necesitaba cambiar de aires. Quizá por el estrés. La sensación es estupenda. Físicamente me siento muy bien”, apunta el amigo.


SOMBRAS ALARGADAS


Al otro extremo de la ciudad, en Badostáin, al inicio de la ruta 10 que introduce en un circuito circular de 8 kilómetros, caminan con un andar más bien sosegado Iñaki Pérez Muniáin, celador de 50 años, y Jenny Erro París (35), técnico del servicio de Rayos del Complejo Hospitalario de Navarra. Sus huellas dejan tras de sí la estela del amanecer en forma de sombras alargadas.


Acostumbrado a alternar el footing con las caminatas, Pérez Muniáin dice que emplea cuatro días a la semana al running y tres a andar, y que en realidad esta actividad le resulta menos placentera. “Soy más de correr”, aclara. “Necesitas menos tiempo para sentirte más satisfecho”.
Por el contrario, su pareja de marcha confiesa que es su primer día en cuatro años. “Me ha convencido y supongo que a partir de ahora lo retomaré”, sonríe, poco convencida.


En el mismo sendero que conduce a los altos de Badostáin, más preocupada por fotografiar y dar de comer a unas cabras que de andar, Laura Caruncho Uribeondo, cuidadora infantil de 46 años, explica que es de las que improvisan la ruta y que dedica una o dos horas al día, cuatro veces por semana. “Caminar aporta energía. Me despierta la creatividad”.


Rutas o excursiones de duración corta o intermedia y no mucho desnivel... En familia, solos, en pareja... La cuestión clave es... andar, caminar. Como dejó escrito el poeta alemán Hermann Hesse: “La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero”.

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