Navarra

Madre e hijo ganan su mejor carrera

Mikel Azcona Troyas, de 20 años, llegó primero a la meta en Montmeló. Eran las 12.50 del domingo 6 de noviembre. Y en ese mismo momento, su madre despertó del coma en el Hospital de Navarra. La familia relata esta historia de campeones

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Madre e hijo ganan su mejor carreraEDUARDO BUXENS
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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 30/11/2016 a las 10:12

Mikel Azcona Troyas pisaba el acelerador de su Seat León cuando entró el primero en la meta en el circuito de Montmeló (Barcelona). Eran las 12.50 horas del domingo 6 de noviembre y a su padre le latía el corazón a 120 por hora. Tras el cristal de la UCI del Hospital de Navarra, observaba a su esposa, en coma, y sufría por su hijo pequeño, al que, por primera vez, ni él ni su mujer acompañaban en sus carreras de automovilismo.“Mikel, primero en la última vuelta”, silbó su ‘whatsapp’. Y en ese mismo momento, se giró y vio que su mujer había comenzado a respirar por ella misma, tras diez días en coma inducido. “No me lo podía creer. Parecía un milagro. Clemen ya respiraba sin el tubo”. Quien habla es Ramón Azcona Pastor, un falcesino de 51 años propietario de una empresa de transporte en frío y que desde hace seis meses vive por y para su mujer, Clemen Troyas Tejada, de 53 y también de Falces. Diagnosticada de cáncer de ovario en junio de este año, tras varios ciclos de quimioterapia fue intervenida en Virgen del Camino el 16 de octubre, Día internacional del cáncer de mama. Y aunque la operación fue ‘un éxito’, una secuela (la hemorragia que sufrió al intentar extraerle líquido de un pulmón) la llevó a la UCI el 27 de ese mes y allí permaneció diez días. “Yo no soy muy creyente. Pero que mi madre despertara en el mismo momento en que yo gané la carrera me hace pensar que tiene que ser por algo”, se emociona Mikel Azcona, en un pasillo de la segunda planta de Virgen del Camino. El joven de 20 años quedó subcampeón de Europa (tras pruebas en diferentes circuitos) y regaló su trofeo a los médicos y enfermeras de la Unidad de Cuidados Intensivos del antiguo Hospital de Navarra (CHN). “Para todo el equipo UCI por hacer ganar a mi madre esta carrera”, escribió con un rotulador permanente en el trofeo. La familia al completo, padre, madre y los dos hijos (Mikel e Imanol), relatan esta historia con final feliz.


“Esta carrera se la dedico a mi madre, que es una campeona, como yo”. Con el buzo de carreras blanco y la gorra negra, Mikel Azcona se retiraba el sudor de la frente, aún en el circuito de carreras y en una entrevista para televisión. El joven, que regenta un taller de reparación de vehículos en Tafalla, confiesa que le resultó muy difícil concentrarse. “Todo el tiempo tenía a mi madre en la cabeza. Pero me centré al máximo y gané”, cuenta. Nada más bajar del coche, Cristina Sans, dueña de la escudería PCR junto a su marido Pep Codinach, se acercó a él para decirle: “A tu madre le han quitado el tubo. Está respirando”. “Lloramos los dos. El despertar de mi madre y mi triunfo han sido mi mejor regalo”, confiesa Mikel, que el viernes lanzó el chupinazo de las fiestas del Salvador del mundo en Falces. Mientras relata emocionado sus vivencias, le escucha en una silla de plástico gris, de las de pasillo de hospital, su hermano Imanol. También protagonista de esta historia. Acompañó a Mikel a Montmeló para que “no se sintiera solo”. “En la familia lo estábamos pasando muy mal pero fuimos a apoyarle”, cuenta este joven de 24 años, que fabrica palas de molinos para Acciona (Lumbier). “Los días de la UCI han sido muy duros y las horas, muy largas. Ahora solo quiero estar con mi madre, entrar por esa puerta -dice señalando la habitación 214- verla y abrazarla”.


Y lo hace. Imanol entra en la habitación, se arrodilla a los pies de la cama y da la mano a su madre, a la que mira con devoción. Mientras, Ramón ayuda a Clemen a ponerse el gorro para la foto. “Mamá, estás guapica”, asegura Mikel con una sonrisa de oreja a oreja y el trofeo en su mano derecha. “Que no nos lo querían dar en la UCI. Que dicen que es suyo...”, bromea. Obedecen al fotógrafo y posan. Pero no esbozan sonrisas forzadas sino de sincera alegría.


‘GRACIAS A LOS MÉDICOS’


Ramón se arrodilla también a los pies de la cama y no suelta la mano de su mujer mientras relata la historia que ha vivido su familia estas últimas semanas. “La operación del cáncer fue un éxito. Los médicos estaban muy satisfechos. Pero ocurrió algo inesperado. Clemen sufrió una hemorragia en esta misma habitación, al intentar extraerle líquido de un pulmón. La tuvieron que operar de urgencia y le indujeron el coma”, recuerda. “Fue mala suerte- continúa Clemen-. Ya ha pasado y no ha sido culpa de nadie. Solo podemos estar agradecidos”. “Con nosotros, todos han sido geniales. Desde el doctor Muruzábal y todo su equipo de ginecología; a los médicos, enfermas y auxiliares de la UCI , el personal de limpieza...” Y cuenta que cuando su mujer estaba en la UCI él llamaban varias veces al día ‘con un poco de apuro’ y les respondían siempre con cariño: “Llamad todas las veces que queráis. Estamos aquí para atender a los pacientes pero también a las familias”. En la media hora diaria en que podían visitar a Clemen el padre y los hijos le cantaban ‘Amatxu, zer duzu / polita, zara zu (mamá, ¿qué tienes? / bonita, eres tú), una canción popular en euskera que los hijos aprendieron de pequeños en la ikastola, cuando vivían en Arrigorriaga (Vizcaya). “Le hablábamos y Mikel le acariciaba la cabeza- recuerda Ramón entre risas- y a Clemen se le subía la tensión. Creo que a ama no le gusta que le toques el pelo”, le recrimina bromeando.


“¿Que qué recuerdos tengo del coma? Muy negativos. Sufría muchas pesadillas y taquicardias. Oía campanas... No sabía qué hacía ahí...”, recuerda Clemen desde la cama de su habitación. “Bueno, también te pasaron cosas buenas. ¡Cuéntale lo de los santos!”, la anima su marido. Y Clemen continúa la historia. “Será porque soy muy creyente pero se me aparecieron los santos de Falces, la Virgen de Nieva y el Salvador del mundo. También San Fermín, San Francisco Javier y la Virgen del Rocío. ¡Era como si los estuviera viendo en procesión!”, sonríe. Cuando se despertó y tras unos momentos de confusión, solo reclamaba a sus hijos. “Lo único que quería era ver a mis hijos. Tocar a mis hijos. Dormir con mis hijos”, se emociona.


Y así, entre cajas de bombones, ramos de flores y plantas, Clemen se esfuerza por recuperarse, aunque, le han dicho, le costará tiempo. Pero el primer pasó ya lo dio el pasado domingo, a las 12,50 horas. Cuando su hijo Mikel y ella ganaron su mejor carrera; la de su propia vida.

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