URBANISMO

El ascensor de la discordia divide Milán

  • La ciudad, sede de la Expo 2015, debate sobre la colocación de un elevador en el Duomo
  • Unos defienden que la idea traerá más turismo, mientras que otros lo consideran una "aberración"

EFE. ROMA (ITALIA)

Publicado el 16/11/2013 a las 12:16

El proyecto de construir un nuevo ascensor de cristal en la catedral de Milán, situado en el lado norte del Duomo, divide a los habitantes y políticos de la ciudad, sede de la Expo 2015, entre los que creen que esta nueva estructura atraerá más turismo y los que la consideran una barbaridad.


Este elevador, que se usaría durante la Exposición Universal, permitiría el acceso de los turistas a la terraza de la catedral desde un nuevo punto, donde, según explican sus responsables, "se podría incluso abrir un punto de avituallamiento para ofrecer refrigerios y proteger del calor a los visitantes".


"No sirve de nada que nos garanticen que el ascensor se desmontará cuando la Exposición cierre sus puertas. Es una obra inoportuna que no es compatible con la calidad artística y el valor del monumento", ha declarado a los medios el superintendente de Bienes Culturales de Milán, Alberto Artioli.


La opinión negativa de Artioli desde la proposición inicial del proyecto, hace tres años, es sin duda la que más peso tiene sobre la intervención y ha hecho encallar, hasta el momento, todos los intentos de seguir adelante con la misma.


El comisario de la Expo 2015, Giuseppe Sala, declaró la semana pasada durante la inauguración del museo de la catedral que esta actuación "sería una ocasión única para relanzar el turismo y hacer más atractivo el monumento", unas palabras que han dado aire fresco al ascensor y han rescatado al proyecto de su posible olvido.


A las declaraciones de Sala se han unido la voluntad del ministro de Infraestructuras italiano, Maurizio Lupi, y la acción diplomática del gobernador lombardo Roberto Maroni, que ha viajado recientemente hasta Roma para sensibilizar al ministro de Bienes Culturales, Massimo Bray, sobre las bondades de la iniciativa.


Con estos apoyos, la Venerable Fábrica del Duomo de Milán, ente privado de 600 años de antigüedad propietario de la más famosa iglesia milanesa, ha anunciado una posible reforma del proyecto inicial del arquitecto Paolo Caputo, para intentar así lograr la aprobación de la Superintendencia de Bienes Culturales lombarda.


"Se trata de una estructura de acero que no se acopla ni apoya en el edificio en sí, sino en la parte superior, donde una pasarela permite descender a los turistas", ha explicado Caputo en defensa de la agilidad y seguridad de su obra.


El arquitecto ha apuntado además que, para evitar cualquier agravio en el interior de la catedral, el ascensor se construiría íntegramente fuera de su recinto, para ser transportado y montado en su lugar definitivo solo en el último instante, antes de su inauguración.


La catedral de Milán, comenzada a construir en estilo gótico en 1386 y completada en neoclásico y neogótico en 1965, recibe en sus 12.000 metros cuadrados de superficie total a cinco millones de visitantes anuales, de los cuales 700.000 visitan suben hasta su terraza, plagada de agujas, capiteles y pináculos.


Durante la Exposición Universal de 2015, las estimaciones prevén que el Duomo reciba en torno a 125.000 visitantes diarios, que se incrementarán hasta los 250.000 durante el fin de semana, unas cifras que los propietarios de la catedral quieren rentabilizar con la instalación del ascensor de cristal.


Mientras que para la Superintendencia de Bienes Culturales la cuestión no supone por ahora nada más que una "degradación" del monumento, la Venerable Fábrica, que ya ha dejado clara su idea de no renunciar al proyecto, quizá retire pronto su idea de ofrecer café y refrescos a quienes suban por su polémico elevador.


Puede que así se produzca, cuanto menos, un primer acercamiento hacia el acuerdo.

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