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Partido Popular (PP)

El triste destino de los ministros de José María Aznar

  • Rajoy es el único superviviente político de los gobiernos de 1996 a 2004, mientras Matas está en prisión y Rato y Acebes, imputados

El triste destino de los ministros de José María Aznar
Mariano Rajoy, durante una rueda de prensa en Bruselas
EFE
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 26/10/2014 a las 06:00
Fue la edad de oro del PP. Las dos legislaturas sucesivas de José María Aznar han sido siempre evocadas en el partido como aquellas en las que se obró "el milagro económico". Aún hoy quienes formaron parte de sus gobiernos, como el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, se sienten orgullosos de "una magnífica época en la que se hicieron grandes cosas por España". Pero casi dos décadas después, la era Aznar, mitificada por antiguas y nuevas generaciones de populares, y apuntalada por la vieja guardia, se ha topado con los tribunales.
 
Las sospechas de desmanes, excesos y abusos cercan a quienes compartieron mesa en el Consejo de Ministros, y echan por tierra el mantra repetido por el expresidente del Gobierno: "El PP es incompatible con la corrupción". Un repaso por las causas que se investigan en los juzgados refleja la complicada situación que atraviesa el partido a poco más de un año de las elecciones generales.
 
Esta misma semana, Rodrigo Rato, persona de la máxima confianza de Aznar y "el mejor ministro de Economía de la democracia" en palabras del fallecido Emilio Botín, se veía obligado a darse de baja temporal como militante por su implicación en el caso Bankia y el uso de las tarjetas opacas. De ser "don Rodrigo", el hombre que pudo heredar el partido, ha pasado a verse presionado por los barones del PP a irse por la puerta de atrás. Unos líderes territoriales que hasta hace no mucho besaban el suelo que pisaba el ahora desterrado y que hoy tratan de marcar distancias para salvar los muebles electorales en plena tormenta judicial. 
 
"El que la hace, la paga", repiten dirigentes y diputados populares en conversaciones formales e informales. En la mente de todos está Jaume Matas, extitular de Medio Ambiente entre 2000 y 2003, buen amigo de Mariano Rajoy y presidente de Baleares en dos ocasiones. Desde julio duerme en la cárcel de Segovia por pagar con dinero público al periodista que le escribía los discursos y hacía panegíricos en sus crónicas. Sólo es la primera causa de la veintena que le aguardan en el 'caso Palma Arena', 'Nóos' incluido.
 
Pero lo que más preocupa en la dirección del PP es el 'caso Gürtel', que junto al de las tarjetas opacas de Caja Madrid no da respiro. Se investiga si existió financiación ilegal en el partido y camina despacio, pero camina, como una apisonadora que deja al descubierto nuevos nombres. El último, el de Ángel Acebes, imputado por autorizar el uso de fondos de la supuesta caja B para comprar acciones de un grupo de comunicación afín al PP. Los populares confían en que el juez Ruz rectifique y envían mensajes de apoyo al que fuera su secretario general, sin superar la conmoción de una causa que no cesa.
 
No es el único exlíder de la formación que conocerá los despachos de la Audiencia Nacional. Lo hicieron como testigos los también antiguos vicepresidentes del Gobierno, Javier Arenas y Francisco Álvarez-Cascos. Todos estuvieron en los Ejecutivos de Aznar, todos fueron los números dos del PP en distintos momentos. El juez Pablo Ruz trata de esclarecer si conocían los presuntos tejemanejes de los tesoreros, Luis Bárcenas y Álvaro Lapuerta, bajo su mandato.
 
Los 'papeles de Bárcenas', al principio desdeñados y ahora temidos, han hecho tambalear los cimientos del partido. Exministros y altos cargos populares aparecen como receptores de sobresueldos sin declarar. Y se teme que la investigación judicial se convierta en una interminable 'gota malaya'. En agosto de 2013 el mismo Rajoy, poco amigo de dar la cara en estas situaciones, tuvo que explicarse en el Senado por las andanzas de quien fue el jefe de las finanzas de la organización bajo su presidencia del partido y la de Aznar.
 
 
El congreso de Valencia 
 
 
El jefe del Ejecutivo es prácticamente el único superviviente político del núcleo duro del aznarismo que se mantiene en lo más alto. Mariano Rajoy exhibió la herencia en su primera legislatura en la oposición, pero en 2008 rompió amarras. En el congreso de Valencia de aquel año se encontró con que los más fieles a su mentor trataban de moverle la silla tras dos derrotas consecutivas ante José Luis Rodríguez Zapatero. Pero pese al saludo frío de Aznar y el desplante encabezado por Esperanza Aguirre, arrasó, siempre gracias a sus compañeros valencianos.
 
Han pasado ya seis años de aquello, un tiempo en el que muchos se han ido apartando de la primera línea y del círculo de confianza del presidente. Quienes representaban otra época y otra forma de hacer, Acebes y Eduardo Zaplana, primeras espadas de un PP conmocionado tras el 11-M, dejaron sus responsabilidades tras el cónclave. Pero las diferencias ideológicas y de enfoque también han llevado a algunos de los exministros a retirarse.
 
Ya en 2004, con Rajoy como sucesor al frente del PP, Rato optó por marcharse al Fondo Monetario Internacional. Otro de los aspirantes a 'delfín', Jaime Mayor Oreja, tiró la toalla en enero pasado tras unos años de retiro dorado en el Parlamento de Estrasburgo. La empatía con Rajoy era inexistente. La política antiterrorista abrió una sima entre ellos y Mayor Oreja decidió irse a casa. Aunque también hay quien dice en el PP que se fue minutos antes de que le comunicaran que no iba a encabezar la lista para las elecciones europeas. El ala dura del partido se quedaba sin uno de sus referentes.
 
La herida abierta con este sector terminó de agrandarse tras este verano. La retirada de la polémica reforma de la ley del aborto se cobró la cabeza de Alberto Ruiz Gallardón en forma de dimisión. Nunca antes había sido ministro, pero era un histórico, el verso suelto que había pasado de ser el progresista del PP a paradigma del sentir de los más conservadores.
 
 
"Quemados" 
 
 
Poco a poco Rajoy se ha ido quedando solo en la cúpula. Le acompaña en un segundo plano sin aparente influencia Arenas, vicesecretario de Política Autonómica y Local, y sin visos de optar a ningún ministerio. De la foto de la era Aznar van cayendo uno a uno. Hay quien como Francisco Álvarez Cascos estrenaba el año en 2011 abandonando el partido del que fue "general secretario", en palabras de Aznar. Fue además vicepresidente en el primer Gobierno del PP y ministro de Fomento en el segundo. Su fracaso intentando encabezar las listas de Asturias y sus desacuerdos con la dirección sobre el proyecto político le llevaron a coger la puerta.
 
También Josep Piqué, extitular de Industria, de Ciencia y Tecnología, y de Asuntos Exteriores, y una cabeza muy valorada por Aznar renunció a liderar a los populares de Cataluña al percatarse de la retirada de confianza de la dirección nacional, recelosa del tibio sesgo catalanista que pretendía imprimir al partido.
 
Sólo Rajoy sobrevive a todo y a todos. Fuentes del PP rechazan la existencia de una estrategia elaborada para ir borrando a sus antiguos compañeros de gabinete. Recuerdan que continúan a su lado Ana Pastor y Miguel Arias Cañete, amigos personales suyos. Es más, aseguran que acusarle del diseño de una táctica sostenida durante años es algo demasiado alambicado para él.
 
Muchos en el partido ven esta situación como una evolución natural. Esta España ya no es la de 1996, los que nacieron aquel año pudieron votar por primera vez en las elecciones en 2014. El tiempo vuela para todos y entienden que a los exministros "se les va pasando el arroz". "También a Aznar, la política es así" y muchos de los que se fueron lo hicieron "quemados de una profesión que desgasta".
 
Lo que todos niegan es que el partido se esté desvinculando de su pasado por un interés electoral a menos de un año vista de la cita con las urnas. No hay excepción para mantener intacto el orgullo de cómo se gobernó con Aznar. Dicen que "una cosa es la gestión que hicieron desde la Moncloa y otra, los asuntos en los que cada uno se haya visto implicado después".
 
Pero lo cierto es que el partido se resiente y mira con desconfianza hacia la Audiencia Nacional e incredulidad a los señalados. Todos reconocen que los casos de corrupción que afloran duelen. Y duelen porque surgen de dentro, porque los protagonistas son de los suyos. Si había "malos", decía Posada esta misma semana, "saldrán en los juicios". La factura política, sin embargo, ya está casi sumada y el precio electoral apunta a elevado. Nadie, sin embargo, se atreve a renegar de Aznar aunque miran con preocupación, por lo que les pueda ocurrir en el futuro, el triste destino de la gran mayoría de su guardia pretoriana. 


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