LAS FUENTES MONUMENTALES DE PAMPLONA (2)

La desaparecida fuente de la plaza del Castillo

JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ . PAMPLONA

Publicado el 24/07/2011 a las 01:02

GAYA Nuño, en su conocida obra La arquitectura española en sus monumentos desaparecidos (Espasa-Calpe, Madrid, 1961), dice que esta fuente, lamentablemente destruida, era la más bella y monumental de las cinco que el pintor Luis Paret proyectó para Pamplona en 1788. Y era la mejor precisamente porque iba destinada a adornar el espacio central de la plaza del Castillo, alma y núcleo de la vida de la ciudad.

Descripción de la fuente

Don Mariano Arigita, en su Guía del Viajero en Pamplona, que publicó en Madrid en 1904 bajo el seudónimo de Fernando de Alvarado, describe la fuente en estos términos: "Ocupa el centro de la Plaza del Castillo y está rodeada de tres círculos de acacias. Es de forma cuadrada, de orden corintio. En su basamento tiene unos salientes a manera de mesas, adornadas con flores en relieve, de cuyo centro salen los caños, uno en cada lado. Encima de dichos salientes hay un hermoso jarrón y en cada frente en la parte superior el escudo de Pamplona adornado con follaje. Corona esta hermosa fuente una estatua alegórica de la Beneficencia, que se eleva sobre una base decorada de guirnaldas; es de piedra blanca, tiene en la mano derecha un escudo y la acompaña un genio, hallándose orientada al Norte". Por su parte, el Catálogo Monumental de Navarra incluye esta otra descripción: "La fuente, situada en el centro de la plaza, presentaba el asca poligonal y un potente cuerpo prismático con los frentes marcados por pilastras de capitel corintio, cuerpo que daba paso al pedestal troncopiramidal de remate, donde asentaba la figura alegórica de la Beneficencia o Abundancia, conocida popularmente como Mari-Blanca. Fue su autor el escultor madrileño Luis San Martín, quien la entregó para el 6 de junio de 1800, día en que se inauguró. La decoración de guirnaldas y jarrones conectaba con el gusto neoclásico".

Esa noticia sobre el autor de la escultura está tomada de un artículo mío, que se cita, publicado en Diario de Navarra el 13 de abril de 1997, en el que di a conocer una anotación que encontré en un manuscrito del erudito pamplonés Vicente Aoiz de Zuza y que literalmente decía: "En 6 de junio de 1800 se colocó en la fuente de la Plaza del Castillo la bella estatua de mármol de la Beneficencia, trabajada por don Luis de San Martín, escultor de la Villa y Corte de Madrid". En realidad, se llamaba Julián y era teniente de director de la rama de Escultura de la Real Academia de San Fernando. Hizo también el Neptuno de la fuente del Consejo y cobró por ambas obras 1.800 pesos. En la ornamentación de la fuente, que se construyó en 1798, intervinieron Antonio Rubio y Mauricio Valdivieso, arquitectos y tallistas vecinos de Vitoria.

Lápida de la Constitución

Esta fuente, al estar situada en la plaza principal y más frecuentada, fue la señalada para colocar en ella la lápida conmemorativa de la faraónica obra de la traída del agua de Subiza a las fuentes públicas. Como se puede leer en la primera de las nueve láminas que entregó Paret en 1788, el texto que se redactó para la inscripción, decía: REINANDO CARLOS III DE CASTILLA VI DE NAVARRA. POR EL BIEN PÚBLICO LA M. N. Y M. L. CIUDAD DE PAMPLONA. AÑO DE MDCC.

Al haber fallecido el monarca en 1788, y no haberse finalizado la obra hasta diez años después, hubo que corregir la inscripción incluyendo al rey Carlos IV de Castilla, VII de Navarra, y completar la fecha haciendo referencia a la de 1798.

A lo largo del siglo XIX, con la promulgación de las sucesivas constituciones, la primera la de 1812 -llamada popularmente "la Pepa"- la lápida en cuestión fue retirada y sustituida por la de la Constitución, nombre que oficialmente se le dio a la plaza del Castillo hasta la proclamación de la segunda República en abril de 1931.

La hazaña de Pinaqui

La fuente conoció uno de sus momentos más felices el 6 de noviembre de 1874. Los carlistas que bloqueaban la plaza habían cortado la conducción que venía de Subiza y el vecindario empezó a padecer sed. Ese día, gracias al ingenio del industrial bayonés Salvador Pinaqui, que tenía su fundición y fábrica de maquinaria en el antiguo molino de Caparroso, volvió a manar el agua, tomada de un manantial junto al Arga y elevada hasta la ciudad mediante una bomba acoplada a la turbina y una tubería provisional. A la una del mediodía, el alcalde Sr. Colmenares, el presidente de la Diputación Sr. Iñarra, el capitán general Sr. Andía y el presidente de la Audiencia, procedieron a abrir los cuatro grifos, mientras se disparaban cohetes, sonaban las gaitas y bailaban los gigantes. Por la tarde, la banda de música de "la Meca" dio un concierto en el Paseo de Valencia. En la fuente, adornada con escudos, guirnaldas y banderas nacionales, se colocaron varios carteles, uno de ellos con este expresivo lema: "A pesar de los carlistas". Hay algún testimonio gráfico de aquel episodio, en que se ve a las autoridades, los gigantes y buen número de pamploneses alrededor, gozosos de ver salir el líquido elemento.

La Mari-Blanca

La elegante fuente neoclásica presidió el espacio central de la plaza del Castillo durante algo más de un siglo, desde 1798 hasta 1909. El 5 de marzo de este último año, el Ayuntamiento cometió el disparate de derribar aquel monumento emblemático para instalar en su lugar un quiosco para la música, pobretón y provinciano, que a su vez sería sustituido por el actual en 1943. El traslado del quiosco, que antes estaba más próximo a la acera del Café Iruña, se ejecutó en una sola noche, seguramente para evitar la oposición ciudadana. Solo se salvó la figura alegórica de la Beneficencia, con la que remataba la armónica composición diseñada por Paret. Y casi de milagro, porque según cuenta José García Esteban, el propósito inicial era picarla y aprovechar la piedra en la pavimentación de la Calle Nueva. Afortunadamente alguien logró disuadir a aquellos regidores iconoclastas, y en lugar de destrozarla decidieron llevarla provisionalmente al patio del antiguo caserón de la Misericordia, que por entonces estaba en el Paseo de Sarasate. Poco después, en 1912, fue trasladada a la entonces recién urbanizada plaza de San Francisco, y colocada en un sobrio pedestal, costeado por "La Agrícola", aquella sociedad de triste recuerdo, que en su inesperada quiebra se llevó los ahorros y las ilusiones de tantas familias navarras un día aciago de 1925.

Y unos años después, en 1924, la bella escultura sufrió un segundo traslado, esta vez a los jardines de la Taconera, en cuyo romántico entorno vive desde entonces su apacible retiro. Como recogió el Dr. Arazuri en su obra Pamplona, calles y barrios, fue don Raimundo García, "Garcilaso", que fuera director de Diario de Navarra, quien hace ahora un siglo bautizó con ese nombre de la Mari-Blanca, tan castizo y madrileño, a la mitológica figura de piedra, que durante más de cien años fue un poco nuestra Cibeles.

En abril de 1997 la prensa daba cuenta del hallazgo de los cuatro jarrones de piedra que en su día adornaron el cuerpo principal de la fuente, que aparecieron enterrados en un solar de la calle Calderería donde por entonces se estaba construyendo el actual centro de salud del casco antiguo. Contando con la figura de la Mari-Blanca, con esos jarrones recuperados, con los diseños originales y con tantas fotografías como tenemos de la fuente desaparecida ¿por qué no se decide algún día el Ayuntamiento a reconstruir la que en otro tiempo fue la más bonita de nuestras fuentes?

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