'Paga o muere' arroja luz sobre el impuesto revolucionario de ETA

Dirigida por Ricardo Sanz, esta serie documental de tres episodios toma como hilo conductor el secuestro de Jesús Guibert

Recreación de la liberación de Jesús Guibert en el documental ‘Paga o muere’
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Recreación de la liberación de Jesús Guibert en el documental ‘Paga o muere’Movistar+
Recreación de la liberación de Jesús Guibert en el documental ‘Paga o muere’

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Agencia Colpisa

Publicado el 19/10/2026 a las 08:10

“El aita nunca nos pidió que olvidáramos, nos pidió que la memoria no se convierta en una frontera”. Son las palabras de María Luisa Guibert, hija de Jesús Guibert, el empresario extorsionado por ETA que sobrevivió a 17 días de cautiverio en una cueva del monte Arauntza.

Guibert fue secuestrado por dos terroristas en el garaje de su empresa en Azpeitia (Guipúzcoa), a las nueve de la mañana del 21 de marzo de 1983, y su historia es el hilo conductor de 'Paga o muere. ETA en la caverna', la serie documental que trata de arrojar luz al chantaje sistemático de la banda terrorista en el País Vasco y Navarra a través del llamado impuesto revolucionario.

“Ha sido una de las principales vías de su financiación y uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad”, explica Ricardo Sanz, director y coguionista, junto a Marisa Lafuente, de los tres episodios que llegan este lunes a Movistar Plus, justo cuando se cumplen 15 años de que ETA anunciara el cese de la violencia. “A mí -continúa el periodista-, es un tema que siempre me ha atrapado por cómo se generó y por las aristas que tiene desde todos los puntos de vista: éticos, morales e históricos”.

Sobre todas ellas trata esta pieza audiovisual vinculada al libro La caverna: diario del secuestro de un empresario vasco, escrito por el jesuita José María Guibert, hijo del empresario, y publicado en 2024. Rector de la Universidad de Deusto durante una década, además de teólogo y doctor en Ingeniería Industrial, cuando José María se jubila se topa con el diario familiar de las negociaciones con la banda terrorista y decide poner por escrito las palabras de su padre acerca de un secuestro que terminó tras el pago de 200 millones de pesetas.

MIRADA POSITIVA

Sanz se quedó maravillado con el libro. “Me pareció una historia tremenda”, dice, así que planteó a José María usar sus mimbres y su voz para tejer estos tres capítulos. “No quería hacer un documental que solo reflejara el dolor. Hace 15 años que desapareció ETA, nuestra sociedad es diferente. Quería hacer un retrato de esa herida profunda, pero también quería analizarlo de una forma constructiva, con una mirada positiva hacia el futuro, y tanto José María como su padre, que nada más ser liberado ya estaba pensando en perdonar a sus secuestradores, la tenían, así que nos encajó la posibilidad de hablar de la extorsión a través de este caso”, explica. Pero a pocas semanas de iniciar su rodaje, José María sufrió un ictus y falleció. Sanz se puso entonces en contacto con la familia y fue María Luisa quien, “con una generosidad enorme”, dio un paso adelante y aportó el testimonio de la familia. Su voz en el documental es esencial y permite ver cómo la extorsión se perpetúa a lo largo de cinco décadas porque sobre ella, “una empresaria en un mundo de hombres”, también dibujarían la diana.

Repleta de valiosos testimonios -Juan María Atutxa, consejero de Interior del Gobierno Vasco entre 1991 y 1998; José Moisés Pérez Cornejo, exjefe superior de la Policía Nacional en el País Vasco; Carlos Bueren, juez de la Audiencia Nacional entre 1986 y 1996; Enrique Molina, exfiscal de la Audiencia Nacional, o José Antonio Sarria, presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra hasta 2020, son solo algunos de ellos-, recreaciones e imágenes de archivo, la serie documental aborda la evolución de una organización terrorista que a finales de los setenta aprovechaba la lucha obrera para demonizar a los empresarios, a los que tachaba de explotadores, como recuerda el historiador Gaizka Fernández. “Se presentaban como unos Robin Hood”, apunta Ramón Jauregui, delegado del Gobierno en Euskadi entre 1983 y 1987.

“Era un momento muy convulso. Salíamos de una dictadura, con una fuerte reconversión industrial en el País Vasco, y los índices de paro eran tremendos. Entonces ahí se instala el germen de la indiferencia, que permitió que el fenómeno se quedara y ampliara. Si a eso le sumas el miedo de una sociedad que sufre el terrorismo, con los años de plomo en los que había atentados todos los días, pues tienes un terrible caldo de cultivo”, explica Sanz.

UNA ENTEREZA BRUTAL

Una ETA que por aquel entonces, en realidad, eran tres: la ETA militar, la más violenta, la ETA político-militar, que apostaba por compaginar las acciones terroristas no indiscriminadas con la lucha política y sindical, y los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que fueron los que secuestraron a Guibert. Paga o muere reconstruye su cautiverio en la cueva y plasma algunas de las reflexiones de Jesús, mientras su hija cuenta, con una entereza brutal, los desvelos de una familia que designó a su tío Javier como portavoz ante los medios de comunicación.

Habla Izaskun Sáez de la Fuente, profesora de Ética de la Universidad de Deusto, del “poder aislador” de las cartas que la banda terrorista enviaba a los empresarios y de los dilemas que estas planteaban. ¿Callaban y pagaban y por lo tanto con ese dinero la banda extorsionaba a otras personas del sector? ¿Denunciaban y se atenían a las consecuencias? “Todos ellos eran víctimas”, deja claro esta docente vasca.

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