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Billy Magnussen: "Estoy orgulloso de ser estadounidense, pero me entristece ver cómo nos hemos perdido"
Protagoniza en AMC+ ‘The Audacity’, donde da vida al CEO, ególatra y lleno de complejos, de una gran tecnológica de Silicon Valley


Publicado el 13/04/2026 a las 08:23
A punto de cumplir 41 años, Billy Magnussen (Nueva York, 1985) vive un estupendo momento en su trayectoria profesional. Lejos quedan su participación en telenovelas eternas como 'As The World Turns' o sus personajes episódicos en series de largo recorrido pero poca enjundia como 'Ley y orden', 'NCIS: Los Ángeles' o 'C.S.I.'. Paso a paso, el también músico ha ido construyendo una sólida carrera con papeles en series como 'The Leftovers' o 'La franquicia' y películas como 'El puente de los espías' o la última entrega de James Bond, 'Sin tiempo para morir'. El año pasado, incluso, se metió en la piel del encantador Pleakley en Lilo y Stitch.
Mientras se prepara para dirigir su primer largometraje, estrena este lunes en AMC+ 'The Audacity', la primera serie de Jonathan Glatzer. En este drama con trazas de comedia ambientado en Silicon Valley da vida a Duncan, un ególatra e inseguro CEO especializado en minería de datos, que lucha por convertir el conocimiento y la influencia en beneficio y poder.
¿Cómo llegó al proyecto?
Llevo más de veinte años de carrera profesional y eso me da la oportunidad de leer guiones de aquí y de allá, aunque no suelen ofrecerme los proyectos. Pero, de pronto, surgió esta oportunidad y cuando leí el guion pensé: “Dios mío, quiero hacer esto”. Así que luché por conseguirlo. Hice la audición para el personaje, me expuse y lo perseguí. Lo que me encantó de Duncan fue su complejidad. Probablemente empezó siendo inocente, llegando a Silicon Valley con la intención de crear algo bonito, y luego, poco a poco, sus inseguridades, la corrupción, el poder, la codicia y el dinero lo desviaron de su camino. Entendí que había una profundidad enorme en interpretar a un personaje así, y eso es lo que sueño como actor: perseguir papeles como este, donde puedas dar vida a un personaje tan denso. Fue un regalo que Jonathan Glatzer escribiera esto y que me diera la oportunidad de interpretarlo.
Hay inseguridades, pero también mucho ego. ¿Fue difícil encontrar el equilibrio para hacerlo real?
No fue fácil, no (risas). Por suerte estoy trabajando con gente con mucho talento como Glatzer, los directores, y el resto del reparto, y me dan espacio para cometer errores. Como actor, creo que es mi responsabilidad llevar al límite al personaje y entender en qué punto va demasiado lejos, debo conocer dónde está la línea, así que necesitaba la libertad de explorar y encontrar ese equilibrio. El objetivo es que parezca natural, como si fuera algo sencillo, pero sí, ha sido complejo construirlo, y no se hizo en un día (risas). Pero tampoco se construye una vida en un día, ¿sabes?
¿Cómo se llevaba con las nuevas tecnologías antes de esta serie?
Crecí en Georgia, soy hijo de un carpintero y trabajaba con las manos constantemente. No era un experto en tecnología, pero mi interés ha crecido muchísimo. Como actor, una de mis partes favoritas de la profesión es explorar vidas que no he vivido. Para mí ha sido una gran fuente de aprendizaje profundizar en este mundo y en este personaje. Ojalá se me diera mejor… Aún no sé ni escribir un email bien.
¿Cree que el dinero y el poder corrompen necesariamente a las personas?
Sí, lo vemos diariamente. Y lo que es aún más loco es que no tiene una base cultural. Todas las culturas se han corrompido por el dinero y el poder, esa es la verdad, y es triste. Me encantaría que alguien cambiara la narrativa y usara esos superpoderes para el bien.
En estos últimos años son varias las series que se han acercado a Silicon Valley y han abordado asuntos de las grandes tecnológicas. ¿Qué diría que hace estos temas tan atractivos?
Que no puedes pasar el día sin interactuar con ellas, que forman parte de nuestras vidas y las controlan en gran medida. Creo que nuestro trabajo como artistas es reflejar lo que está ocurriendo en la sociedad. La sátira es una especie de arma contra el poder. Es un arma débil, pero es lo único que tenemos ahora mismo: mostrar un reflejo. Además, como es un mundo tan cerrado, como una burbuja, la gente siente curiosidad: “¿Qué pasa ahí dentro?”. Es parte de la naturaleza humana sentirse atraído por eso.
Hay un momento en el que Duncan dice: “En América inventamos nuestras propias reglas”. ¿Hasta qué punto está de acuerdo con esa frase?
(Risas). Déjame pensar. Creo que los estadounidenses piensan que inventan sus propias reglas y a veces ignoran las de los demás. ¿Creo que es sano? No. La mitad de los estadounidenses no tiene pasaporte y no experimenta otras culturas, lo que es un regalo enorme. Creo que muchos estadounidenses son ajenos a otras culturas y eso me entristece.
Sus abuelos, de hecho, llegaron a EE UU desde Lituania. ¿Cómo está viviendo todos los conflictos que hay sobre la mesa? ¿Es más difícil ahora sentirse orgulloso de ser estadounidense?
(Reflexiona unos segundos). Estoy orgulloso de ser estadounidense, pero me entristece ver cómo, creo, nos hemos perdido. Es un país de gente maravillosa, con mucho amor y pasión, pero creo que tiene miedo y eso me rompe el corazón. Aun así, con la plataforma que tengo, quiero decir que amo a mi comunidad y estoy muy agradecido, pero también respeto y quiero a los demás, y espero que eso se comparta. ¿Qué ha aprendido con Duncan? Que ser el que habla más alto o el más ruidoso no te da necesariamente la razón.