"La torpeza de los secuestradores de Quini siempre ganaba a su maldad"

“Concebimos 'Por cien millones' como una película de dos horas y media”, asegura Nacho G. Velilla, director y guionista de la serie, quien regresa a la televisión después de una década 

Gabriel Guevara, el creador y director Nacho G. Velilla, Vito Sanz y Raúl Arévalo
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Gabriel Guevara, el creador y director Nacho G. Velilla, Vito Sanz y Raúl ArévaloMovistar+
Gabriel Guevara, el creador y director Nacho G. Velilla, Vito Sanz y Raúl Arévalo

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Agencia Colpisa

Publicado el 09/04/2026 a las 08:49

Nacho G. Velilla (Zaragoza, 58 años) llevaba más de una década sin asomarse a la televisión. Al creador de series como 'Aída' o 'Gominolas', parecía que la pequeña pantalla se le había quedado pequeña, valga la redundancia, en favor de películas como 'Menudas piezas', 'Por los pelos' o 'Que se mueran los feos'. Ha sido la inaudita historia del secuestro del futbolista Quini, en los ochenta, la que le ha hecho volver a televisión con 'Por cien millones', serie de tres episodios que desde hace unas semanas está disponible en Movistar Plus+.

Por cien millones podría haber sido una película.

Inicialmente, estuvimos planteándonos si era una película o podía ser una serie. En este caso yo veía un formato de miniserie, de tres capítulos, que eran como el planteamiento del secuestro, el secuestro en sí, los intentos de cobro y la resolución. Pero cuando nosotros empezamos a hablar del proyecto, que fue en 2019 o 2020, ese formato no se hacía en Movistar, porque es un formato caro, no tiene una fidelización... Afortunadamente, les fuimos enamorando y todas las pegas se solventaron.

No rodaba para la televisión desde Fenómenos en 2012. Entonces, ni siquiera había llegado Netflix a España. ¿Ha notado mucho cambio?

Buff, sí, desde hace mucho (risas). Es que este proyecto en sí no tiene nada que ver con la tele que hacía yo. Primero, porque es un contenido que a mí me gusta y que lo estoy haciendo tal y como quiero, sin ningún condicionamiento, y muy apoyado por Movistar, que entendió el tono: una tragicomedia, sin ir a la comedia pura ni a explotar otro tipo de de comedias con las que yo he tenido éxito. Me dio libertad absoluta para llegar a un tono que igual es un poco más comprometido, que tiene más poso y que parte de unos hechos reales. ¿Se podría haber hecho en esa época y en una tele generalista? Yo creo que no. Segundo, en cuanto a nivel de producción, el equipo con el que he producido la miniserie es mi equipo de cine y, desde el minuto uno, lo concebimos como una película de dos horas y media.

¿Cómo se empezó a interesar por esta historia?

Soy de Zaragoza y era pequeño cuando sucedió pero recuerdo ese titular de “Quini liberado” porque fue un shock para toda la ciudad. No eran ETA ni el Grapo, sino tres mecánicos de Zaragoza en paro que mantuvieron cautivo a Quini en un sótano al lado del Ebro durante 25 días. El detonante fue una comida con un escritor muy amigo, que es Miguel Mena. Yo estaba interesado en un libro suyo que se llama Alcohol de quemar, que me parece una historia muy cinematográfica y comimos para hablar del tema, y a partir de ahí empezamos a hablar de historias rocambolescas, de la intrahistoria que esconden los titulares de periódicos, y de esos personajes secundarios que rodean a la historia oficial, que es lo que a mí siempre me ha interesado en todo lo que he escrito y derivó en el caso de Quini.

¿Y eso?

Me empezó a contar que había escrito un libro que tenía como trasfondo el secuestro y se había documentado bastante. Me decía: “¿Tú sabes que escogieron al secuestrado a través de unas revistas del corazón? ¿O que cuando lo metieron en su propio coche vieron que era automático y no sabían cómo se conducía y Quini les dio las instrucciones?” (risas). Me quedé flasheado y totalmente enamorado de la historia que tiene una premisa dramática y trágica muy bestia, pero luego también tiene una premisa cómica muy potente... Si somos capaces de encontrar el equilibrio, entre las dos tendremos una cosa muy buena.

El espectador empatiza y quiere que les salga bien, sin que Quini sufra, claro.

Sí, que se lleven algún dinerillo (risas). Cuando empecé a darle vueltas con Oriol Capel, que es el coguionista, nuestra preocupación era cómo logramos que el espectador empatice con tres señores que han secuestrado a un ser de luz como Quini. Lo bueno es que su torpeza ganaba a su maldad. Todo lo que hacían tenía en su origen la necesidad en una época muy convulsa, con una crisis económica muy tremenda.

La serie tiene tanta comedia que cuesta creer algunos pasajes.

La gente se va a sorprender. Cuando el personaje de Raúl dice esta barbaridad de “su marido come como una lima, ya me dirá cómo vamos a cobrar esto”, es una transcripción de las llamadas reales a las que tuvimos acceso. Nosotros hemos apretado la comedia ahí y hemos sacado ventaja a situaciones reales.

La serie dialoga con un presente en el que los jóvenes tampoco tienen facilidades para acceder a una vivienda.

Es un poco preocupante. Nosotros cuando empezamos a documentarnos sobre la época, nos sorprendíamos, no sé si es el efecto nostálgico, de que estéticamente era más atractiva de lo que nosotros pensábamos en vestuario, que ahora todos vestimos iguales, y era una cosa maravillosa. Pero luego había una parte preocupante que es que esos problemas de vivienda que había en el 80 o en el 81, que es uno de los detonantes de los secuestradores... Es que lees los mismos titulares hoy en día. Madre mía, ¿45 años y estamos dándole la vuelta a la historia? Probablemente hay una cosa que alivia un poco y es que en aquella época el respaldo de ayudas sociales o de soporte para gente en esa situación no existía y hoy sí que existe algo.

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