Estudio
Sí, tus padres tienen un hijo favorito… lo dice la ciencia
Una batería de estudios psicológicos se han dedicado a analizar cómo se reparte el cariño en casa. Spoiler: no de forma equitativa.


Publicado el 09/04/2025 a las 08:42
Aunque lo nieguen con una sonrisa, aunque digan que "a todos por igual", la ciencia se atreve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: sí, tus padres tienen un hijo favorito.
Esta conclusión no nace del rencor de los hermanos del medio ni de una noche de confesiones familiares navideñas, sino de una batería de estudios psicológicos que se han dedicado a analizar cómo se reparte el cariño en casa. Spoiler: no de forma equitativa.
¿A QUIÉN PREFIEREN Y POR QUÉ?
Un estudio publicado por la Universidad de California, dirigido por la socióloga Katherine Conger, analizó durante tres años la dinámica de 384 familias con dos hijos adolescentes. ¿El hallazgo? Que al menos el 65% de las madres y el 70% de los padres admitieron tener preferencias. Lo impactante es que la mayoría creía no estar mostrando favoritismo, aunque los hijos sí lo notaban.
Por su parte, un trabajo del Journal of Family Psychology reveló que los padres tienden a sentirse más unidos a los hijos que comparten sus mismos valores o aficiones, o a los que consideran más amables, obedientes o emocionalmente cercanos.
Y para quienes creen que el orden de nacimiento no importa, otro estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) confirmó que el primogénito suele ser el preferido, no necesariamente por ser el primero, sino por el rol de “hermano responsable” que muchas veces adopta.
¿Y QUÉ PASA CON EL GÉNERO?
Aquí la cosa se pone aún más interesante: según un informe, tanto madres como padres suelen favorecer a las hijas frente a los hijos varones. La explicación parece estar en la percepción de mayor madurez emocional o en una conexión afectiva más profunda.
El favoritismo puede pasar desapercibido, pero no es inofensivo. El hijo favorito puede terminar cargando con expectativas desproporcionadas, mientras que el no tan favorito sufre de baja autoestima, celos o incluso rebeldía. Las consecuencias se extienden a la vida adulta y afectan a las relaciones familiares.
¿SE PUEDE EVITAR?
La clave, dicen los expertos, no es forzar una falsa igualdad, sino ser conscientes de las propias inclinaciones y evitar que estas se traduzcan en tratos diferenciales. En otras palabras: querer a los hijos con sus diferencias, pero no dejar que lo noten demasiado.
Así que la próxima vez que escuches eso de "yo a todos por igual", recuerda: la ciencia no está de acuerdo.