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La apuesta fallida de la infanta Cristina

Se lo jugó todo a la baza del amor cuando la justicia cercó a Iñaki Urdangarin, quien ha reinventado su vida de la mano de otra mujer

Ampliar Imagen de archivo de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín a su salida de la sala del juicio del caso Nóos
Imagen de archivo de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín a su salida de la sala del juicio del caso NóosEFE
  • Colpisa
Publicado el 22/01/2022 a las 06:00
Se decía de ella que era la princesa europea que lucía con mayor naturalidad las grandes joyas de la monarquía. Que había nacido para reinar en las grandes ocasiones. La última vez que se coronó, de hecho, lo hizo con una de esas tiaras -la Cartier- solo reservadas para las reinas de España que hoy custodia doña Letizia y que en su día, para el enlace de Victoria de Suecia con Daniel Westling, en junio de 2010, le prestó su madre. En un momento del paseíllo que hicieron los miembros de las familias reales europeas, Iñaki Urdangarin (53 años) besó el hombro de su mujer. Otra vez más. Porque si algo caracterizó a esta pareja hoy rota han sido las continuas muestras de cariño en público. Aquel día, de alguna forma, su cuento de hadas comenzó a desdibujarse. Nunca más se la volvió a ver plenamente feliz. La infanta Cristina (56 años) camina hoy sola. Mantiene su residencia a las afueras de Ginebra, en la casa-fortín a la que se mudó en verano de 2020, y todo indica que su intención es continuar trabajando en Suiza, en la Fundación Aga Khan. Allí se trasladó la familia al completo -en septiembre de 2014- cuando el escándalo del 'caso Nóos' hacía inviable su día a día en Barcelona. La segunda hija de los reyes Juan Carlos y Sofía puso tierra de por medio para proteger a sus hijos del acoso mediático al que eran sometidos. Hoy solo la benjamina, Irene (16 años), continúa a su lado. Sus otros tres hijos hace tiempo que ya vuelan por su cuenta. Juan Valentín (22 años) vive en Madrid, Pablo Nicolás (21 años), en Barcelona, y Miguel (19 años), en Londres. "Todos estamos tranquilos y nos vamos a querer igual... Son cosas que pasan y lo hablaremos entre nosotros". Estas palabras, pronunciadas por Pablo Urdangarin poco después de que la revista 'Lecturas' mostrara a su padre en portada de la mano de otra mujer, vinieron a confirmar la ruptura del matrimonio. Y, sí, en esta ocasión por terceras personas:_Ainhoa Garmendia (43 años), una compañera del despacho Imaz&Asociados, ubicado en Vitoria, donde Urdangarin trabaja desde hace diez meses como requisito para poder acogerse al tercer grado de su condena de 5 años y 10 meses por corrupción. La infanta Cristina se siente traicionada. Ella nunca hubiera dado el paso de separarse. La cárcel les distanció. La prisión abulense de Brieva, en la que ingresó el 18 de junio de 2018, cambió a Iñaki. Durante 15 meses permaneció recluido sin ningún tipo de salidas. Aislado. El único hombre en un módulo de una cárcel de mujeres.
Pero la hermana del rey Felipe VI seguía dispuesta a todo. Ya había hecho lo más difícil: Renunciar a todo por amor. Incluso pudo acabar entre rejas -Manos Limpias pedía para ella 8 años de cárcel en el juicio que comenzó en enero de 2016-. La Justicia terrenal la absolvió, no encontró más tacha que la ceguera que le produjo el amor al rubio jugador de balonmano del que se prendó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 y que, convertido en duque de Palma, hizo tambalear los cimientos de la Zarzuela. Sexta en la línea de sucesión al trono -privilegio al que no quiso renunciar, por más presiones que recibió-, se la apartó -en diciembre de 2011- de la que había sido su vida en palacio, de cualquier actividad de la Familia Real. "¿Nosotros o él? ¿Tu familia o tu marido?". Se le dio a elegir. No dudó. Se fue con él. Sin apoyo de Zarzuela El escándalo del 'caso Nóos' les sorprendió en Washington -donde residieron entre 2009 y 2012-, hicieron las maletas y regresaron a España, al palacete de Pedralbes, para preparar la defensa de Urdangarin, y de ahí a Ginebra. Los meses pasaron y el distanciamiento entre doña Cristina y el resto de su familia era más que evidente. Tan sólo la reina Sofía y la infanta Elena se dejaban fotografiar con ella.
Ni una sola palabra, ni oficial ni extraoficialmente, pronunció la Zarzuela de apoyo a la infanta Cristina. Nada. El 20 de junio de 2013 participó en el último acto como miembro de la Familia Real, en la misa tributo a don Juan por el centenario de su nacimiento. Se sentó junto a Froilán, y don Felipe y doña Letizia no le dedicaron ni una mirada. Pero el golpe mortal llegó con la abdicación en junio de 2014 de don Juan Carlos, a quien ha visitado en varias ocasiones desde que se 'exilio' en Abu Dabi -incluso aprovechó un viaje para vacunarse-. No fue invitada a la firma con la que se hizo efectivo el relevo en la Corona en el Palacio Real. Tampoco a la proclamación de Felipe VI; la infanta Elena, sí. Nada. Se le hizo saber que no era bien recibida en la Zarzuela.
Don Felipe le retiró en junio de 2015 el Ducado de Palma, el mismo del que no había hecho buen uso Urdangarin con aquello del "duque emPALMAdo" con el que se despedía en algunos de los correos que salió a la luz; en otros, incluso, dejó entrever que mantenía una relación amorosa con otra mujer. Barcelona la desposeyó de la medalla que le concedió con motivo de su enlace matrimonial en octubre de 1997 y el Ayuntamiento de Palma descolgó su nombre de la placa con su nombre en la capital balear.
Pero aún le quedaba el amor por el que tanto había luchado. Hasta ahora. Urdangarin pasea su amor con Ainhoa. Ella lo hace sola.
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