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Isabel Preysler, varada en el tiempo

Impecable en bañador, Isabel Preysler protagoniza la portada más comentada del verano

Isabel Preysler, varada en el tiempo
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Isabel Preysler, varada en el tiempoAFP
Isabel Preysler, varada en el tiempo

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AGENCIAS

Publicado el 15/08/2019 a las 09:01

A este paso, para calcularle la edad, a Isabel Preysler van a tener que someterla a la prueba del carbono 14. Porque de otra forma es imposible. Inalterable, indeformable... Físicos del mundo entero escudriñan la anatomía de esta mujer preguntándose de qué material está hecha y cómo ha llegado a convertirse en el único ser sobre la Tierra al que la ley de la gravedad no le afecta.

De momento los científicos solo han podido llegar a la conclusión de que Isabel envejece mucho mejor que un puente de Calatrava. Con Mario lleva ya cuatro años. Pero parecen cinco horas. El tiempo no pasa por ella.

¡Hola!, que cada verano por estas fechas se convierte (sin pretenderlo) en la revista Science, da cuenta en su último número de los más recientes avances en el prodigio biogenético de la eterna juventud, encarnada en esta celebrity de 68 años que (al menos de lejos y con teleobjetivo) aparenta 39.

Bien es verdad que las fotos del periplo preysleriano de este mes de agosto no tienen una nitidez precisa y a buen seguro habrán contado con la exigente aprobación de su protagonista y las pertinentes correcciones del Photoshop. Pero, aún así, de cuerpo entero y en la cubierta de un megayate que navega por las islas griegas, es imposible encontrar en la impecable figura de Isabel ni una lorza a la que asirse, ni un pliegue, ni una arruga, ni siquiera un huérfano hoyuelo de celulitis donde colocar un ¡Aaaaaarg!

DE CABEZA AL AGUA

Espectacularmente estilizada, como el verano pasado (y el anterior, y el anterior al anterior...), Preysler aparece retratada con un traje de baño bicolor y pareo a juego en tonos amarillo y naranja. Un naranja que asemeja un rojo desvaído. Y ello da lugar a cierta confusión, sobre todo en el caso del pareo. En una imagen en la que su dueña lo lleva anudado a la cintura da vagamente la sensación de que Preysler se hubiera envuelto en la bandera de España... Algo más propio de su compañero, Vargas Llosa. El escritor por cierto también aparece atlético en traje de baño, ma non troppo porque luce un apunte de barriguilla perfectamente humano y justificado a sus 83 años. En todo caso está claro que estos dos o no comen lo mismo o no le aprovecha igual.

“Tú ya sabes que yo a veces estoy hecha un asco”, le soltó una coqueta Preysler a Boris Izaguirre durante la entrevista (más bien masaje ayurvédico) que le realizó el venezolano en el programa Lazos de sangre. Boris, que la contemplaba como un creyente contempla a una deidad, ni se inmutó. Quizás estuviera pensando en otra cosa o tal vez es que no concedió el menor crédito a semejante confesión. Al fin y al cabo, la conversación discurría por cauces tan artificiosos y fingidos que el contenido era lo de menos.

Durante su singladura por el Egeo, Isabel también ha lucido un elegante kaftan playero bajo cuyas transparencias se adivina un bikini blanco que por supuesto le sienta como un guante. El reportaje gráfico demuestra que ella y Mario en algún momento puntual incluso tocaron tierra... Pero la instantánea que realmente retrata la eterna juventud de Preysler es esa en la que se está zambullendo en el agua, como cualquier veinteañera en la piscina. Por medio de un salto limpio, casi impecable, Isabel se tira de cabeza con una determinación absoluta, como si se le acabara de caer al fondo del mar el cheque de una exclusiva.

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