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Ruanda

Africanas emprendedoras en el campo buscan salir de la pobreza gestionando su tierra

Un grupo de casi 190 miembros reunió en su día dinero para comprar un terreno y levantaron un centro que tiene una máquina de procesamiento

Africanas emprendedoras en el campo buscan salir de la pobreza gestionando su tierra
Miembro de una cooperativa de Musanze muestra las hojas de la planta de la que obtienen judías enriquecidas en hierro.
EFE
  • EFE.Ruanda
Actualizada 31/05/2018 a las 10:33

Cada vez con más confianza en sí mismas, las mujeres rurales de una cooperativa en Ruanda tratan de dejar atrás la pobreza gestionando sus propios activos y asumiendo su derecho a la propiedad compartida en el hogar.


En una remota área del sur, próxima a Burundi, un grupo de casi 190 miembros, mujeres en su mayoría, reunió en su día dinero para comprar un terreno y levantaron un centro que, con la ayuda conjunta de distintas agencias de la ONU, tiene una máquina de procesamiento.


Es la 'joya de la corona' en un contexto de extrema pobreza que, junto a un pequeño almacén, les ha permitido transformar en harina el maíz que plantan, preservar el producto y venderlo a un mejor precio.


Incluso cobran una tarifa a los vecinos que requieran procesar sus cultivos, detalla Alphonsine Bagenzi, presidenta de la que hace dos años se configuró como una cooperativa.


La asistencia no se traduce solo en medios materiales. Más de 17.000 personas en ocho distritos del país han aprendido en talleres cómo mejorar la productividad agrícola, la higiene, la nutrición, la planificación de su negocio o la gestión del dinero.


En las paredes del citado local cuelga un dibujo -no todos allí saben leer- con los pasos a seguir en función del clima y una consigna: "Emplearse duro para luego ahorrar".


"Nos faltan aún nociones de cómo llevar la cooperativa, pero el entrenamiento es útil", confiesa a Efe Bagenzi, que pone entre las principales dificultades para asociarse la "escasa confianza en ellas mismas y la costumbre de trabajar solas".


Otra de las beneficiarias del proyecto, Beata, opina que lo que más le costó fue "confiar en la gente" y superar la timidez antes de entrar en una cooperativa.


Así accedió a fondos para alquilar un cerdo y llevar a cabo una espiral de inversiones: prestó sus crías, pagó los estudios de su hija, compró una máquina de coser y más tarde una vaca.


En Ruanda, las mujeres representan un 46 % de la fuerza laboral, según datos oficiales, con la agricultura como el principal sector.


La coordinadora nacional del programa conjunto de la ONU para empoderar a la mujer rural, Judith Katabarwa, asegura que desde 2015 les han ayudado a manejar pequeñas empresas, fomentando el trabajo en grupo a pesar de vivir aisladas.


Para el director del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) en Ruanda, Francisco Pichón, antes de cualquier inversión en esas zonas es necesario "entender los roles de los hombres, las mujeres y los jóvenes en la economía del hogar y en la local".


"Las organizaciones comienzan a desarrollar un dinamismo movilizando ahorros, aunque sean pequeños", afirma Pichón.


Algo que diferencia a Ruanda de otros países africanos es el reparto equitativo de la propiedad en el seno de la familia, de acuerdo a una ley de 2005, a la que siguió el registro de la tierra.


Si antes las tierras solían pertenecer al marido, actualmente se deben repartir a la mitad entre este y su esposa, que comparten responsabilidades en el hogar y son "cabezas de familia".


Jean Bosco Siborurema, uno de los pocos hombres de la cooperativa presidida por Bagenzi, cuenta cómo renunció a "mandar en casa": "Un día le dije a mi mujer que las cosas no funcionaban así. Entonces compramos una pequeña parcela que pusimos a nombre de los dos".


En la práctica, sin embargo, resulta difícil garantizar los derechos de las mujeres en África subsahariana, donde pese a su integración laboral siguen cobrando un 30 % menos que los hombres, según la ONU.


El trabajo sin remunerar en el hogar, los cuidados familiares, la agricultura informal y los matrimonios tempranos son factores que limitan su capacidad de ingresos.


La jefa de Igualdad de género de la Comisión Económica de Naciones Unidas para África, Ngone Diop, explica por teléfono desde Etiopía que la clave está en invertir en educación en un continente donde más de 20 millones de niñas rurales no van a clase.


En su opinión, las políticas públicas y la cooperación al desarrollo deben dirigirse específicamente a las mujeres del campo si de verdad se quiere transformar su vida.


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