Opinión
La empresa del siglo XXI
CEO DE OPTITUD


Actualizado el 08/01/2015 a las 20:54
La sociedad se encuentra inmersa en un cambio sin precedentes. Este cambio es diferente al de los acaecidos durante los últimos 200 año y Ia empresa debe satisfacer las necesidades que esta nueva sociedad le plantea, y como esta ha cambiado notablemente, la empresa lo debe hacer también, ya que no conforma un ente aislado.
Antes, los cambios eran locales, lentos, y nacionales. Hoy, son globales, rápidos e internacionales. El mercado de ayer era pequeño, el de hoy es el mundo entero. Con necesidades diferentes, lo que antes valía hoy no es suficiente. El actual está mucho más informado, conectado y es más exigente.
¿En qué medida nos hemos adaptado las empresas a los nuevos requerimientos que nos plantea la sociedad? ¿Utilizamos viejos planteamientos para los tiempos modernos que vivimos hoy?
Algunos pensarán: “Yo como exporto en un 70% y tengo lo último en tecnología estoy preparado “.
En la Revolución Industrial del siglo XIX, la sociedad crecía a un ritmo desaforado y las empresas tenían que producir y producir. Los seres humanos eran una pieza más de esa gran maquinaria productiva. Pero los perfiles técnicos y la aparición de las máquinas eliminaron el diálogo. Así lo denunció Charles Chaplin en su magistral película “Tiempos modernos“.
¿Qué ha cambiado? El planteamiento del siglo XIX, así como el de los sistemas ultramodernos del XXI, tienen el mismo error de planteamiento: no tienen en consideración a los integrantes de las empresas, las personas. Y ahí empieza el principio del fin, o el principio del despegue.
Hoy más que nunca, las empresas deben diseñar políticas del siglo XXI, es decir, políticas encaminadas a la gestión del talento y a la consecución de empleados “engaged” o comprometidos en cuerpo y alma con la misión de la empresa .¿Y cómo lo conseguimos? Este es el quid de la cuestión.
Si los empleados alinean sus competencias y fortalezas con las necesidades de la empresa, si la relación recursos-demandas laborales es la adecuada, la asignación de las tareas es equilibrada y correcta, se fomenta la crítica constructiva y el trabajo en equipo, si todos se sienten útiles y se cultiva el optimismo, la comunicación en general y en particular el feedback positivo público, las emociones positivas… la empresa se verá exponencialmente beneficiada con una mayor rentabilidad de su negocio, mayores ventas, una menor rotación de sus empleados, menores bajas por estrés…
Pero, ¿conocemos a nuestros empleados? ¿Sabemos lo que pueden dar de sí? ¿Son felices en el trabajo? ¿Qué hace la empresa para ello? ¿pagarles un sueldo? Viejas estrategias para necesidades nuevas. Las viejas fórmulas del pasado no nos servirán de mucho para un mundo donde la competencia la tenemos a 12.000 km de distancia y no en el polígono de al lado.
Los nuevos perfiles profesionales de este nuevo mercado cada vez se parecerán menos a los que contratábamos en el siglo XX. Los estilos de gestión empresarial del pasado se han quedado obsoletos en la actualidad.
Hoy más que nunca, el cliente tiene el poder y las empresas se convierten en seguidores, y no al revés como sucedía hasta ahora.
Vender o morir; esa es la cuestión. Un nuevo paradigma al que todos debemos ser capaces de responder.