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Cuestión de "espacio"

FUNDADORA DE MIMENTA Y EXPERTA EN DESARROLLO DE EQUIPOS Y NEGOCIOS

Cristina Roncal Iriarte, fundadora de MImenTA

Cristina Roncal Iriarte, fundadora de MImenTA

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Actualizada 09/12/2014 a las 12:00
  • Cristina Roncal Iriarte
Las relaciones entre las personas son, probablemente, uno de los temas que más se ha estudiado y analizado desde las más diversas vertientes: filosófica, psicológica, biológica, neurológica, empresarial…; y qué decir desde el punto de vista de las artes, donde ha dado lugar a maravillosas obras en el cine, la música, la literatura, la pintura, el teatro... Seguramente, todas esas personas tenían entre las finalidades de su trabajo el poder entender y actuar con sus semejantes de la mejor manera posible.

El ser humano es una realidad social, ya lo decía Aristóteles en "Ética a Nicómaco". Y aún siendo así, somos, en ocasiones, un fascinante tesoro por descubrir. ¿Cuántas veces en el trabajo, con nuestros compañeros, con nuestro jefe o cliente no sabemos como “acertar”? Si tuviéramos un “manual de instrucciones” de cada uno de nosotros y cuando conocemos a una persona nueva se lo entregáramos, quizás, nos ayudaría a tener reuniones más eficaces, a saber delegar el qué, a quién y cómo corresponde, invertir el tiempo justo en una negociación, etc. En definitiva, nos ayudaría a simplificar cuando interactuamos y, por tanto, a lograr resultados de manera más ágil.

Desde mi experiencia profesional acumulada durante más de 15 años en el trabajo de aportar a los clientes en el Desarrollo de sus Equipos y de sus Negocios; además de toda mi vivencia como hija, amiga, viajera, compañera, jefa, cliente, exploradora, madre, colega…; y toda la literatura, cine y música disfrutada, creo que puedo extraer de todo ello una idea central sobre la que se puede tirar del hilo y ponerse a experimentar. Esa idea es la de conocer y respetar el “espacio”, el nuestro y el de las personas con las que trabajamos.

Pero… ¿qué quiere decir eso de “espacio”? Todos nosotros necesitamos sentir cuando estamos con otra persona que lo que decimos le suscita su interés, que quiere saber qué nos apasiona, qué retos nos planteamos, con qué soñamos despiertos, qué nos hace sentirnos de repente pequeños… También nos gusta que nuestro compañero/ jefe/ colega sepa qué tomamos a las mañanas, qué nos ha quitado el sueño esa noche, qué viaje tenemos por hacer o qué tecla no nos tienen que tocar para que no se abra la caja de nuestros miedos… Todo eso configura el “espacio” de cada persona.

Si somos capaces de conectar con el espacio de las personas con las que nos relacionamos, estaremos en el camino de generar relaciones profesionales más auténticas, más libres, más ágiles, más felices. Conseguiremos hacer que ese colaborador se sienta único, seguro, pueda ser él/ella. Como consecuencia, aportará lo mejor de sí mismo y contribuirá a que lo que hay que hacer para lograr los objetivos empresariales se haga de una manera más directa. Si tenemos un equipo que puede y se atreve a poner toda su valía, todo su talento a disposición de nuestra empresa seguro que la trayectoria hacia el éxito está más clara y cerca para todos.

Ahora bien, el ingrediente que hace que esta “receta” sea especial es “nuestro espacio”. Alguien ya dijo hace mucho tiempo que todo comienza por uno mismo. Y esto quiere decir que es imprescindible que cada uno de nosotros conozca y respete su espacio. Es decir, lo mismo que es necesario conocer de los demás, pero en este caso, respecto de uno mismo. No podemos liderar un equipo si, como guías, nos falta nuestra brújula interna.

Por último, una obviedad en estrategia empresarial, todo lo anterior está muy bien para crear un clima de trabajo inspirador y creador pero se puede quedar solo en eso si a nuestra empresa y a nosotros mismos nos falta ver con claridad el destino hacia el que dirigirnos y los papeles que cada uno tiene que jugar en esa partida que durará no más allá de tres años.
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