Aniversario
Una década de Unai Laso como profesional
Tal día como hoy, 18 de junio, debutó en profesionales con Asegarce. De aquel partido ha pasado una década. Tiempo en el que se ha convertido en un referente por títulos, trayectoria, carácter y conexión con la hinchada


Publicado el 18/06/2026 a las 05:00
Diez años en la vida de cualquiera es mucho tiempo, en la de un deportista de elite en general y en la de un pelotari profesional en particular es media carrera deportiva hecha, o quizá un poco más. Una década es el tiempo que lleva Unai Laso Lizaso (Bizkarreta, 1997) en la mano profesional. Y pocos manistas podrán rememorar una década tan intensa como la que ha vivido Unai. Por números: 237 partidos ganados, 188 perdidos, siete finales de primera disputadas; tres txapelas en su palmarés, una por distancia. Por situaciones personales; la empresa no le renovó y tuvo que reciclarse como aficionado durante 10 meses. Y ha tenido que pasar dos veces por quirófano con dos operaciones importantes, de cadera y de rodilla. Por haber conseguido con su juego, esfuerzo y personalidad en uno de los pelotaris más queridos por la hinchada y un referente en el cuadro de manistas.
El tiempo ha pasado intensamente rápido desde que Unai Laso debutó en el Labrit con Beroiz como zaguero contra Berasaluze VII-Larumbe, ese día perdió 22-17. El de Bizkarreta entró en un Asegarce en el que estaban los Olaizola II, Urruti, Oinatz Bengoetxea de un lado. Los Irujo, Barriola y un recién llegado Altuna, en el que poco a poco a poco y a base de trabajo fue puliéndose como pelotari.
Unai fue dando pequeños pero firmes pasos, dejando impronta de su calidad en pinceladas. Como aquel partido especial del 29 de agosto de 2019 en el Atano. El de Bizkarreta hacía dueto con Olaizola II, y terminó jugando de zaguero porque el goizuetarra no quitaba el aire y ganaron 22-17 a Altuna-Irribarria. O cómo en noviembre de ese mismo año se subía por primera vez al podio de uno de los grandes, tras hacer tercero en el Cuatro y Medio tras Ezkurdia y Altuna.
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DECISIÓN INEXPLICABLE
En este tiempo Unai Laso ha pasado por un trance que pocos pelotaris han vivido. En agosto de 2020, Baiko le comunicaba su despido después de no aceptar una renovación a la baja junto con Jon Mariezkurrena, Iosu Eskiroz y Víctor. Una decisión que tuvo una triple consecuencia.
Tener que reciclarse durante 10 meses en el campo aficionado, la deriva de la primera huelga de pelotaris de la historia y todo el desgaste que conllevó. Y la pérdida de oportunidades de agosto de 2020 a junio de 2021, tiempo en el que -como consecuencia del Covid- se disputaron 5 campeonatos en lugar de tres, y que de facto le supuso la pérdida de dos años reales de competición.
Después vino la enorme paradoja. Tras su readmisión, la piedra que Garai desechó es hoy la piedra angular de Baiko, el pelotari franquicia y el más querido por la afición.
UN MÉRITO MAYÚSCULO
No lo tuvo fácil Laso para volver, ni tampoco para brillar. Desde su regreso hasta hoy (ha pasado un lustro), el delantero de Bizkarreta ha disputado 13 de los 15 campeonatos posibles, y ha conseguido entrar en siete finales, y conquistar tres txapelas. El Manomanista en 2022 contra Joseba Ezkurdia en su segundo intento; el Cuatro y Medio en 2024 contra Peio Etxeberria también en su segunda final, y completó este año la triple corona esta temporada con la conquista del Campeonato de Parejas con Albisu en su tercera final dentro de la distancia.
Todo, coincidiendo con la edad dorada y madurez de su alter ego, Jokin Altuna. Y después de haber tenido que pasar dos veces por el quirófano sin haber llegado a los 30 años para solventar dos lesiones de gravedad. La primera, en 2023 para solventar una lesión en el cartílago que articula la cadera. La más reciente, una operación en el rotuliano derecho para resolver una tendinopatía. Lesiones que ha conseguido superar con mucho trabajo y una rehabilitación superprofesional.
El Laso de hoy ha evolucionado respecto al que debutó hace una década sin perder un ápice de su esencia. Un pelotari listo en la cancha, con un carácter ganador, evolucionado hacia la perfección en su trabajo preparatorio. Con una derecha con la que hace mucho daño con su golpe de abajo, un saque que cada vez se ha ido perfeccionando más, y una volea en evolución.