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Pelota

Olaizola: El broche a 8.616 días de pelota

Aimar se retiró el sábado en Goizueta en una despedida entrañable

Ampliar Aimar Olaizola aplaude a los más de 790 aficionados que se dieron cita ayer en el frontón del colegio de Goizueta, se quedaron fuera muchos que quisieron estar y no pudieron por capacidad. Pero fue una gran fiesta
Aimar Olaizola aplaude a los más de 790 aficionados que se dieron cita en el frontón del colegio de GoizuetaGoñi
Publicado el 14/11/2021 a las 08:54
Hay historias que tienen final feliz. Como la que escribió el sábado Aimar Olaizola en Goizueta, su pueblo, el día de su 42 cumpleaños. El nombre de Olaizola II cerró este sábado su trayectoria como pelotari con su victoria 831. Quizá lo de menos era llegar a 22, porque el sábado los goizuetarras, los pelotazales, la pelota en definitiva, vivió como una fiesta el final de una carrera mayúscula -23 años, 7 meses y 1 día de profesionalismo-, cuajada- 27 finales, 15 txapelas- y difícilmente repetible. Fue un cierre a la altura del protagonista. En su casa, con su gente; gratitud a raudales y con cariño, mucho cariño, de por medio.
La jornada 8616 de su vida como pelotari comenzó pronto para Olaizola II. A las 7.30 de la mañana tocó diana. Desayunó, recibió la felicitación de su mujer Olaia y sus cuatro hijos: Irai, Joan, Mara y Ziara porque el sábado Aimar cumplía 42 años. Después no rompió con las tradiciones previas a todos los partidos desde que debutó. Su vuelta mañanera por el monte, visitar a sus perros. Más tarde fue a ver a su hijo mayor -Irai- jugar un partido de fútbol antes de comer el mismo menú de siempre. Ensalada de pasta, un yogur y un té.
Aimar llegó conduciendo la furgoneta familiar hasta el frontón del colegio de Goizueta a las 15:11 horas. “Aquí estudié hasta los 18 años”, recordaba. Le tocó el vestuario 2 con Aretxabaleta, Imaz y Jaka. El viernes por la tarde cumplió por última vez con el rito de hacer los tacos nuevos, esta vez solo el de la mano derecha; el de la zurda lo preparó el jueves. Mientras cumplía con los últimos encargos de entradas, se dio cuenta de que se había dejado en casa las tradicionales cajas de pastas por su despedida/cumpleaños. Terminó de prepararse e hizo un breve calentamiento.
Olaizola II quiso ser el último en entrar al frontón de la ikastola. Eran las seis de la tarde. Diez minutos después comenzaba el último partido de su vida, lo hacía con un atronador zorionak zuri (cumpleaños feliz) al primer saque. Aimar, con Imaz de compañero, se empleó a fondo en un partido en el que lo único en juego era terminar con un buen partido y satisfacer a los más de 790 espectadores que se dieron cita en el frontón, no había sitio para más. Se cruzaron 517 pelotazos, de los que 119 los dio Aimar, que terminó con victoria 22-13 frente a Jaka-Aretxabaleta y 12 tantos hechos, entre los que hubo gachos y voleas marca de la casa.
EL HOMENAJE DE UN PUEBLO
A las siete en punto Olaizola II culminaba con una ovación atronadora su último tanto como pelotari. A partir de entonces se daba rienda suelta a los sentimientos y al agradecimiento. Regresó Aimar al frontón en el que jugaba en el colegio escoltado por 24 pelotaris del Umore Ona.
De pie, en el cinco y medio, con las manos cruzadas en la espalda, vivió 30 minutos que nunca podrá borrar de su memoria, como tampoco podrán hacerlo los 795 espectadores del frontón ni Goizueta entera en un día para la historia. Aimar sintió cómo se le ponía la piel de gallina al escuchar un aurresku de honor cantado a capella por el coro del Umore Ona, y bailado por una decena de dantzaris.
También permanecerá en el disco duro de su memoria, la atronadora entrada del zanpantzar de Ituren Artuiz y la vuelta que le dieron al recinto de la ikastola de Goizueta como homenaje a uno de los pelotaris más grandes de la historia.
Recordó Aimar los viejos tiempos de su juventud, los años de carnavales de Goizueta, cuando saltaron a la cancha 16 dantzaris, con dos acordeones y dos Zhagi Dantzak (uno de ellos el ex pelotari Apezetxea) para cumplir con un baile típico del pueblo. Con su paloteado, en el que también le tocó participar al propio Aimar.
Tuvo también la despedida espacio para la entrega de recuerdos y obsequios. La Federación Navarra de Pelota, su empresa (Baiko), la Caixa, su cuadrilla de amigos, sus sobrinos y el Ayuntamiento de Goizueta. Su alcalde, Unai Miranda, habló de la “ejemplaridad de un pelotari para la historia”.
Le costó tragar a Aimar cuando todo el frontón interpretó los bertsos escritos por la ocasión por su tío, Manolo Arocena, en los que contó quién era Aimar. Dibujó una sonrisa entre pícara y tierna al ver el vídeo de tres minutos con fotos suyas retro, desde recién nacido hasta hoy. Le recorrió un escalofrío por la espalda de emoción al ver salir de la grada a su mujer y a sus cuatro hijos para que el mayor, Irai, le entregara la última txapela de su carrera, la del campeonato de la vida. Los abrazó a los cinco para escuchar una pieza del cantante Gontzal Mendivil.
Y mostró al fin Olaizola que además de un pelotari 10 es un tipo excepcional, agradecido con los suyos. Dio las gracias a todos por aquella media hora inolvidable. Y tuvo un recuerdo especial para Josu Apezetxea. Trinquetista, pero por encima de todo gran amigo, que falleció el 26 de octubre, y su familia, que estuvo en el frontón, “A Josu le hubiera gustado estar, pero seguro que allí donde esté le ha gustado todo esto”, concluyó Olaizola emocionado.
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