Montaña

Denis Urubko, alpinista: “La tecnología está recortando la aventura en la alta montaña”

El emblemático alpinista visitó ayer a Pamplona para colaborar con la Fundación Iñaki Ochoa de Olza-SOS Himalaya, semanas antes de regresar a las grandes cumbres del Karakorum

Denis Urubko, con su nuevo libro en el que habla de Iñaki Ochoa de Olza (se ve al navarro en una foto) y la Medalla de Oro al Mérito Deportivo que el entregó en 2008 el Gobierno de Navarra, ayer en Muga
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Denis Urubko, con su nuevo libro en el que habla de Iñaki Ochoa de Olza (se ve al navarro en una foto) y la Medalla de Oro al Mérito Deportivo que el entregó en 2008 el Gobierno de Navarra, este viernes en Muga
Denis Urubko, con su nuevo libro en el que habla de Iñaki Ochoa de Olza (se ve al navarro en una foto) y la Medalla de Oro al Mérito Deportivo que el entregó en 2008 el Gobierno de Navarra, ayer en Muga

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J.J. Imbuluzqueta

Publicado el 28/05/2022 a las 06:00

Es uno de los grandes referentes del alpinismo mundial. Alpinista profesional, ex militar, periodista freelance, escritor y ponente en conferencias, Denis Urubko atesora un palmarés deportivo extraordinario a sus -es el 15º hombre en ascender todos los ochomiles (el 8º sin usar oxígeno embotellado en ninguna), suma 23 cimas de esa altura, Makalu y Gasherbrum invernales, cuenta con un Piolet de Oro, con un Leopardo de las Nieves, varias primeras rutas,...- pero, sobre todo, destaca su faceta solidaria y su intervención en decenas de rescates. En uno de ellos, en mayo de 2008, una llamada le despertó cuando dormía en su hotel de Katmandú. No dudó. Se levantó, cogió su mochila y fue al aeropuerto dispuesto a enfrentarse a una de las paredes más exigentes y duras del planeta para salvar a su amigo Iñaki Ochoa de Olza, atrapado a 7.400m en la cara sur del Annapurna.

“Lo recuerdo todo como si fuera ayer. Ese intento de rescate me tocó el alma. He participado en numerosos rescates pero ése fue uno de los más importantes. Sin duda. Lo tengo muy presente en mi mente. Fue un ejemplo de amistad, de esfuerzo, de cómo alguien puede darlo todo por un amigo, por humanidad”, reconocía en Pamplona este deportista ruso-polaco de 48 años. Acudió para proyectar junto a su pareja María José Pipi Cardell su Honey Moon -una nueva vía que firmó en solitario, en 24 horas, sin agua, sin comunicación y sin casi material en el Gasherbrum II en 2019-. Fue en Golem Baiona en el ciclo organizado por la Fundación Iñaki Ochoa de Olza-SOS Himalaya para recaudar fondos.

Antes, junto con Pablo y Daniel Ochoa de Olza -hermanos del malogrado alpinista navarro y con quien Urubko compartió cinco expediciones-, firmó posters en Muga, donde lució “orgulloso y agradecido” la medalla, la insignia y el pañuelo con los que el Gobierno de Navarra galardonó a los integrantes de aquel operativo de rescate en 2008. “Me acuerdo que los amigos me felicitaban y les decía: ¿por qué? Si no hemos podido salvarle. Pero aquello fue un gran ejemplo”.

Regresa a Navarra y lo hace con una nueva proyección, nuevo libro y una semanas antes de retomar su actividad en las altas cimas...

Sí. Y lo hago encantado. La verdad. Pamplona fue la primera ciudad que visité en España. Vine en 2008 para la entrega de la medalla. Y voy a contarte una cosa. Hoy mismo, cuando venía, he parado en una loma desde la que se veía Pamplona, los campos de cereal movidos por el viento y también algunos montes en los que entrenaba Iñaki. Él me contaba muchas historias, me enseñó a tener una relación especial con las montañas. Me he sentido en un sitio muy especial.

El intento de rescate en el Annapurna está muy presente en su proyección y en el libro...

Sí. en ‘Honey Moon’ se habla de un montón de rescates, entre ellos ése sí o los cuatro que he tenido en el Gasherbrum II. Y en el libro hablo de rescates en montaña en los que he participado y el intento por salvar a Iñaki sale, claro, porque fue uno de los más especiales.

El ‘mundo’ de los ochomiles sigue cambiando. Masificación, vuelos en helicóptero a campos de altura, uso de oxígeno, polémicas en redes sociales... O retos como el de Nirmal Purja por completar los catorce en seis meses o, ahora, el de la noruega Kristin Harila que busca batirle (ayer subió el Makalu, sexto ochomil en un mes)...

El mundo está cambiando pero no por la gente, no por las acciones de la humanidad, sino por la tecnología. Botellas de oxígeno más ligeras, drones, partes de tiempo más ajustados... Lo decía Iñaki: ir con botellas de oxígeno a la montaña es bucear, no es alpinismo. Hay quien va a bucear y ver peces en Egipto; otros pagan por atarse a una cuerda y subir con oxígeno al Everest. Yo lo respeto, pero no es alpinismo. O no es mi forma de entender el alpinismo. Es excursionismo, turismo, no sé... otra cosa.

Y ahora vuelve allí con su filosofía tradicional... ¿Se siente raro?

Es curioso pero sí. Ya me pasaba. Parecía como que esos otros alpinistas me miraban raro cuando no llevaba oxígeno o iba por rutas diferentes a la normal. Lo que yo hago parece que no es popular. Tratar de subir un ochomil es estilo alpino y sin oxígeno requiere un entrenamiento muy duro, dedicar mucho tiempo, asumir riesgos... La gente quiere reconocimiento rápido, que le hagan el trabajo duro. Ahí surge el tema de las redes sociales. Seguro que quizá hay quien puede pensar que soy estúpido, pero es mi forma de entender el alpinismo y la montaña. Es mi ‘arte’. Y eso parte de la creatividad, no depende de tecnologías.

La tecnología también tiene su parte buena, sirve de ayuda...

Sí. Y me alegro. De verdad. Estoy contento de que la gente pueda hacer lo que quiera de la forma más segura y cómoda. Así los jóvenes volverán con sus padres y amigos. Pero eso está recortando la aventura. La tecnología está acabando con la aventura de la alta montaña, se corta lo más importante y emocionante. Todo es mucho más predicible, todo está calculado, se busca garantizar al máximo todo... hasta en la cascada del Khumbu hay un sendero trazado estos últimos años. Y si cambia el tiempo, te agarras a la cuerda y bajas. Aunque sigue habiendo accidentes, hay errores humanos, problemas de salud... Pero ir a practicar alpinismo a la alta montaña tiene siempre riesgos. Yo los asumo. Es mi problema. Sé que puedo morir pero espero volver. Si te falta ese riesgo, no es lo mismo. Lo decía Iñaki -ríe-: ‘Si quieres garantía cómprate una tostadora’.

G-I, G-II, Broad Peak y K2 en dos meses para superar a Juanito Oiarzabal

Hace dos años, Denis Urubko, tras bajar del Broad Peak, sorprendió anunciando que abandonaba por un tiempo el alpinismo extremo para centrar su atención en otras facetas de su vida y probar más la escalada deportiva. El pasado febrero firmó la primera invernal en el Khosar Gang (6.046m) lo que le permitió probarse. Y este verano volverá de nuevo a las grandes cimas con un ambicioso proyecto.

“En aquel momento necesitaba tomarme una pausa. Quería superar los 26 ochomiles de Juanito Oiarzabal, también ayudar a que una mujer abriese por primera vez una ruta en un ‘ochomil’, y otros objetivos... Pero me tomé ese tiempo. Ahora, después de estos dos años organizándome y prestando atención a otras facetas de mi vida, estoy de nuevo listo, física y mentalmente, para volver”, decía el alpinista ruso-polaco.

Antes de desplazarse al Karakorum el alpinista -acompañado de su compañera María José Pipi Cardell- tiene previsto iniciar una escuela de escalada para niños y jóvenes cercana a Skardú, capital paquistaní, equipando las vías en una zona muy cercana a la ciudad y aportando una amplia cantidad de material (pies de gato, gri-gri, etc.). También tratarán de subir un pico virgen de 5.900 metros.

Y será entonces cuando Urubko se dirija a por su reto principal. “Gasherbrum I, Gasherbrum II, Broad Peak y K2 están cercanos unos de otros. Y voy a intentar ascenderlos en esos dos meses de verano. También el K2, ¿por qué no? Es un buen reto. Ahora tengo 23 ochomiles y, si los consigo, ya serán 27”, reconocía sonriente (Juanito Oiarzabal se retiró en 2021 con 26 ochomiles).

El sueño de abrir una nueva vía con su compañera, convirtiéndola en la primera mujer en abrir una ruta en estilo alpino en el ochomil -lo que provocó la apertura de Honey Moon en el Gasherbrum II en 2019, queda pendiente para el futuro ya que Cardell fue operada de la rodilla y aún no está en condiciones de afrontar una empresa de esa envergadura. “Es uno de los objetivos que tengo pendiente. Una caída durante la aproximación al Gasherbrum, que le dañó la espalda, impidió entonces que Mashenka -como denomina cariñosamente a su pareja- me acompañara en la ruta aunque ése fue un proyecto conjunto. Mis amigos rusos bromeaban conmigo y me decían que pasé mi luna de miel (honey moon) solo”, decía riendo.

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