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ANIVERSARIO

K2, un cuarto de siglo después

  • Un 23 de junio de 1986 los navarros Mari Ábrego y Josema Casimiro se convertían en los primeros montañeros nacionales en hollar los 8.611 metros de la mítica cima

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Momento en el que la pareja de navarros -en un estilo alpino- llega a la cumbre. Eran cerca de las 14.30 horas del 23 de junio de 1986. EN LA CIMA K-2

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Casimiro, Renato Casarotto (murió ese 16 de julio en el K2), Ábrego, Kurt Diemberger y Julie Tullis (fallecida el 7 de agosto), en el Base. EN LA CIMA K-2

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Gregorio Ariz -que subió en las mismas fechas el Chogolisa-, junto con Mari Ábrego y Josema Casimiro a su llegada a Bilbao el 17 de julio. DN

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Actualizada 09/06/2011 a las 01:01
  • J.J. IMBULUZQUETA . PAMPLONA

"La sensación de estar allí arriba, de ver las vistas y todas esas grandes cimas debajo nuestra fue inolvidable. El sueño se había cumplido y casi no nos lo acabábamos de creer". Así de claro es Mari Ábrego Santesteban (Los Arcos, 4-VII-1944) al recordar, veinticinco años después, lo que sintió junto con Josema Casimiro Arteta (Pamplona, 2-XI-1953)- en la segunda cima del planeta un 23 de junio de 1986. Fueron 50 minutos a 8.611 metros. "Se hizo corto, la verdad, porque estábamos disfrutando", explica Ábrego. "Más vale que éramos muy conscientes de que áun quedaba la bajada. La cima era espectacular y el recuerdo precioso pero, había que ponerse ya el chip de bajar de nuevo al Base", añade su compañero de cordada.

Aquel ascenso -en el "verano trágico del K2" como se conoció después aquellos meses por los fallecidos que hubo- fue un hito para el montañismo. "Entonces no se dijo pero fue la primera ascensión en estilo alpino y sin oxígeno suplementario al K2, y de las pocas que en ese estilo se han realizado en esa montaña por el momento", afirman.

Ahora, a punto de cumplirse el cuarto de siglo de aquella ascensión -Ábrego dice que en 1986, tras dos intentos previos, "tenía ese ascenso en mi cabeza, casi como una película"-, Casimiro y él rememoran los detalles y anécdotas de aquel increible viaje como si hubiera sido ayer mismo.

El peso que llevaban en la mochila con todo el material -"no sé cuánto sería, pero nos parecía muchísmo", dice Casimiro-; la preciosa imagen de una gran ave planeando entre las nieblas antes de iniciar el ascenso; el momento "especial" al contemplar desde 8.150 metros "el atardecer y las sombras que el propio K2 y otros picos proyectaban sobre el paisaje"; la "tranquilidad" de la noche previa a la cima y los preparativos antes de salir hacia ella; la foto en la cumbre sosteniendo en las manos una imagen de Nerea, la hija que unos meses antes acababa de tener Ábrego; "el infierno" de descenso que tuvieron por el mal tiempo; los dos días "sin casi comer" que, al llegar por fin al Base, les impusieron los médicos de otras expediciones presentes allí para proteger el estómago; el abrazo de Renato Casarotto al verles regresar y la noticia, llegados ya a Pamplona, de que su amigo italiano había fallecido al caer en una grieta cuando descendía del mismo K2... Decenas de anécdotas y recuerdos fluyen cuando Ábrego y Casimiro -una de las cordadas emblemáticas y más prolíficas del montañismo navarro de la década de los 80 (entre ambos suman 7 "ochomiles"- se reúnen para hablar de aquellos meses de convivencia y persecución de un sueño. "Han pasado ya 25 años. ¡Qué rápido! Y mira que me fastidia, eh. Quien pillara ahora aquellos tiempos...", dice Ábrego.

Tras aclimatar y fogearse "de lo lindo" en el cercano Pico Angelus y no en la ruta a seguir en el K2 como el resto de montañeros, la pareja decidió hacer un porteo de material para hacer un depósito a 6.700 metros para un posterior intento. "Sin embago, hacía buen tiempo. Nos encontrábamos muy bien y decidimos seguir hacia arriba a ver qué tal", rememora Casimiro. Así es como, sin haber llegado a dormir ni una noche a 6.000 metros en esa ruta, los dos navarros siguieron ascendiendo hasta verse, el 22 de junio, justo debajo de la cima. "Llegados ya hasta allí... No se podía escapar", explican.

Un cambio radical tras la cima

Así es como, "en un ascenso en el que todo se nos puso de cara", llegaron a la cumbre en cuatro días y con un desgaste menor de lo esperado. "La ruta es muy bonita, hay escalada en roca, en hielo, en nieve..., el tiempo acompañaba, estábamos fuertes y aunque hubo una zona difícil, no hubo ningún momento excesivamente complicado", dice Casimiro.

Pero todo eso acabó tras la noche en la que, después de hacer cima y ya en la tienda a 8.150 metros, una tormenta azotó la zona. "Todo cambió radilcamente. Nos pilló cerca de Hombro. Aquel descenso fue un infierno. Un salvese quien pueda. No se veía nada a 20 metros, pero nosotros íbamos atados y a nuestro aire, sabiendo que tampoco podías lanzarte hacia abajo a lo loco. Era mejor parar, reflexionar y pensar lo qué hacer. Era fácil tomar una decisión errónea".

En total fueron cinco días los que pasaron para "regresar a la vida del Campo Base", con un par de sustosque lograron solventar y algunas congelaciones en los dedos de la mano derecha de Ábrego y en la planta de un pie de Casimiro. "Mari y Josema, si no fuera por los ojos y la sonrisa, serían irreconocibles... están llenos de arrugas, tienen que haber perdido seguramente un cuarto de su peso, parecen cieruelas pasas ambulantes (...) de aspecto horrible, sin voz... y tan queridos por nosotros", escribió el emblemático Kurt Diemberger sobre cómo llegaron los navarros al base.

Eso sí, con el paso del tiempo, ambos coinciden es que aquel ascenso a la conocida como "montaña de las montañas" fue una experiencia "extraordinaria" para ambos. "Esa montaña no me defraudó lo más mínimo. Es un diez. Sobresaliente", reconoce Ábrego.

Casimiro regresa este verano al Base del K2

Mañana mismo, Josema Casimiro embarcará rumbo al Karakorum paquistaní. En esta ocasión no le podrá acompañar Mari Ábrego -que este mismo julio va al Pico Lenin (Pamir)-, pero el pamplonés contará con un amplio grupo de acompañantes: Felipe Uriarte, Javier "Txispi" Bermejo, Pedro José Labiano, Ignacio Eugui, Ángel Lizarraga, Enric Deckler, Mikel Rípodas y Gorka Iriguibel.

Todos ellos intentarán ascender a la cumbre del Spantik (7.027 metros) a lo largo de las próximas semanas.

Además, y para celebrar el aniversario de su cumbre en el ochomil paquistaní, Casimiro se acercará a partir del 12 de julio, junto a Felipe Uriarte y un grupo de aficionados navarros, hasta el glaciar Concordia y desde allí, si el tiempo y las fuerzas lo permiten, al Campo Base del K2, situado en el glaciar de Godwin-Austin. Será la primera vez que vuelva a esa zona desde el ascenso al K2 y la posterior cima -con Ábrego- en el Broad Peak de 1995.

Cinco navarros han coronado esta montaña

La cima de Mari Ábrego y Josema Casimiro el 23 de junio de 1986 llegó en la que fue el tercer intento navarro al K2. Antes, en 1983, Gregorio Ariz lideró una expedición con "Pitxi" Eguillor, José María Donazar, Javier Muru, Xabier Garaioa, Agustín Setuáin y Jesús Moreno, además de los propios Ábrego y Casimiro. Ese mismo año, Ábrego no regresó con el resto (renunciaron el 24 de julio) y lo volvió a intentar junto al británico Roger Baxter-Jones, dándose la vuelta a 8.450 metros.

El de Los Arcos y Casimiro cumplieron finalmente el sueño y, desde su primera ascensión a esa cima, muchos alpinistas nacionales han intentado alcanzar los 8.611 metros de su cima. Y cuatro de los que lo consiguieron han sido navarros. Así Juan Tomás (catalán de nacimiento aunque navarro de adopción) ascendió -practicamente sin descanso tras un intento previo en solitario- por la vía Cesen un 24 de junio de 1994 junto a Kike de Pablos, Juanito Oiarzabal y los hermanos Iñurrategi. Las dos últimas cumbres navarras llegaron en 2004. Aunque en expediciones y rutas distintas, Mikel Zabalza logró su primer ochomil el 26 de julio en la montaña de las montañas mientras que, dos días después, era Iñaki Ochoa de Olza el que pisaba la cima en el que era su cuarto intento.

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