Tarjeta roja
El 'sportwashing', cuando el deporte de élite se muda a Arabia por la pasta
Columna sobre la presencia de estrellas de todas las disciplinas que caen ante los encantos del dinero saudí, el último Carlos Alcaraz


Publicado el 20/10/2025 a las 05:00
Cuentan las agencias que el tenista Carlos Alcaraz, que el sábado perdió la final del Six Kings Slam, el torneo de exhibición celebrado en la capital de Arabia Saudí, Riad, por 2-6 y 4-6 ante el italiano Jannik Sinner, dejó de facturar 6 millones de dólares por ese motivo. O sea, por participar, los jeques les pagaban millón y medio a cada estrella de la raqueta y al que gana, seis kilazos. Al perder, Carlitos se queda sin esa propina y por eso Sinner le supera como tenista que más dinero ha ganado este año. Y todo gracias a un torneo ficticio que no está ni incluido en el calendario de la ATP.
Ya se sabe lo que hace el dinero y más el árabe. El de Riad proporciona el mayor premio económico jamás dado en un torneo. No da puntos ni hace subir en el ranking, pero permite tener más millones a quien ya tiene muchos.Cada vez hay más deportistas que cierran los ojos a de dónde viene el dinero y abren la cartera con tal de subir sus ingresos.
No hay más que ver esas ligas de fútbol artificial sin nivel y en estadios de paupérrimo aspecto, en los que por supuesto no hay mujeres, pero que cada vez atraen a más jugadores europeos, incluso con buenos años por delante, que antes soñaban con logros deportivos en grandes clubes y ahora lo dejan en segundo plano si hay bien de petrodólares. Cristiano Ronaldo marcó el camino y la Supercopa española hizo el resto. O Jon Rahm, que se unió oficialmente a LIV Golf, la liga respaldada por Arabia Saudí, en diciembre de 2023, lo que se consideró una gran deserción del PGA Tour. El acuerdo le reportará cientos de millones de dólares a lo largo de varios años.
El llamado sportwashing afecta cada vez a más disciplinas y, efectivamente, va de eso que, traducido del inglés, es lavar la imagen a través del deporte. Boxeo, Fórmula Uno (como el millonario patrocinio de Fernando Alonso a través de Aramco) o, por supuesto, tenis, han caído rendidos ante los encantos árabes.
Arabia Saudí, uno de los lugares del mundo donde, según Amnistía Internacional y la ONU, más se violan sistemáticamente los derechos humanos de millones de personas (mujeres, refugiados y homosexuales, principalmente), dispone de 800 mil millones de dólares este año a través del fondo soberano saudí PIF para invertirlo mayoritariamente en encandilar a las estrellas del deporte. Y lo consiguen.