Iker Vicente: "Estoy picadísimo, volveré a Australia y pelearé el Mundial"
El aizkolari de Ochagavía cuenta su experiencia en Australia, donde fue subcampeón del mundo de corte horizontal a rapidez, y tercer clasificado en el Mundial de corte vertical


Publicado el 27/04/2025 a las 05:00
Hay retos deportivos que son como el canto de la sirena, y el deportista cae embelesado por sus encantos. Es lo que le pasa al aizkolari navarro Iker Vicente con el Campeonato del Mundo de corte de Velocidad, que todos los abriles se disputa en Sídney, Australia. Vicente, un aizkolari de fondo, que se mete a competir contra velocistas. Podría parecer una locura, pero los hechos han demostrado que es posible. Suma ya cuatro podios mundiales. Tres subcampeonatos en corte horizontal -uno en la edición de 2025-, y un bronce -conseguido esta semana- en corte vertical. Y todo después de no haber competido en las mejores condiciones.
“Este año me ha costado aclimatarme más que nunca. Porque el Parejas terminó tarde, y por un asunto personal, solo pude llegar cuatro días antes de que comenzase la competición”, comentaba ayer el aizkolari de Ochagavía. “Físicamente igual no he llegado en las mejores condiciones, pero aún así me quedo con que he sido capaz de competir con los mejores, y he estado ahí, ahí para pelear el título”.
UN SISTEMA CRUEL
Los Mundiales de corte de velocidad tienen un sistema de competición cruel. Tras días de pruebas previas, los 40 mejores del mundo se reparten las semifinales en cuatro tandas de diez, pasan a la gran final los dos mejores de cada una. El trabajo, un solo tronco de 375 mm (horizontal o vertical) de eucalipto. Un solo corte, un esfuerzo de 40 segundos a máxima intensidad. Posiblemente el escenario más hostil para Iker Vicente. Un fondista contra los mejores velocistas.
“Son 40 segundos en los que vas a tope del primer al último hachazo, no hay tiempo para estrategias ni para nada. Es ir a tope y cortar a tope. O Toole, que es nueve veces campeón del mundo, se quedó fuera en una semifinal”, explica Vicente. “El que ganó Brayden Meyer, es un tío que pesa 160 kilos, pero tiene una potencia increíble. Cuando acaba la prueba está medio muerto, a mí no me cuesta recuperar, podría seguir cortando”.
A Vicente, para el que el viaje a Australia le implica una fuerte inversión económica, es una competición que le tiene enamorado. “Estoy picadísimo con el Mundial, es una prueba en la que sufro pero me encanta y que creo que puedo ganarla”, explica Vicente. “Voy a volver todas las veces que pueda y pelearé por ganarlo, porque creo que puedo ganarlo. Es un título de gran prestigio”.
La cuenta atrás para volver ha empezado.


La trampa del eucalipto, las hachas y la preparación
Podría pensarse que al tratarse de un esfuerzo de apenas 40-50 segundos, el corte en Australia es más sencillo. Nada más lejos de la realidad. Los aizkolaris se enfrentan en las antípodas a un tipo de madera radicalmente opuesto al de Europa. Aquí se corta haya, allí se corta eucalipto de 375 mm.
“Son dos cortes opuestos. Lo que cortamos aquí, el haya, tiene una parte exterior más blanda, y la interior más dura. Te puedes encontrar con un nudo, pero si estás en forma, si llegas muy bien lo más posible es que ganes”, explica. “El eucalipto es distinto. Tiene una parte exterior durísima, a la que hay que darle con todo, y la interior es más blanda. Pero a veces en el interior aparecen bolsas de tinta (resina) del propio árbol. Si coges una, partes el hacha seguro. El eucalipto te obliga ir a tope de principio a fin, con unos ángulos de corte diferentes, y hachas distintas”.
A Vicente no le valen para nada en Australia las 130 hachas que tiene en España. Allí son herramientas algo más pesadas y con unas dimensiones diferentes, acordes al eucalipto. Mango más largo y curvo, más grandes.
Vicente cree que para afrontar con garantías un Mundial de velocidad necesita dos meses de aclimatación, de trabajo específico al corte rápido. “Tengo que trabajar más las fibras rápidas”, dice. La apuesta por el Mundial de velocidad puede llegar a condicionar gran parte de su temporada, no le da miedo. Lo ve factible.