Mar de fondo en Osasuna

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User Admin

Actualizado el 08/12/2020 a las 06:00

El resultado de las elecciones a la Asamblea de Socios Compromisarios ha revuelto las aguas del osasunismo. La jugada de la junta de Sabalza, legal porque lo único que han hecho es inundar las 947 candidaturas con su gente y saber moverse para conseguir el voto, contempla un trasfondo cuando menos discutible. En buena lid, una Asamblea de Compromisarios de cualquier entidad deportiva o social no es más que un muestrario de las distintas corrientes de pensamiento y pareceres que existen en su interior. Algo que en sí mismo es bueno, sano. Las corrientes mueven el agua, enriquecen a cualquier entidad, porque necesariamente ayudan a transformarla y mejorarla. Con una asamblea monocolor en la que las voces críticas se han quedado fuera por la legal, hábil y discutible jugada de quien la preside, existe el riesgo real de que el agua se estanque. Y cuando el agua no se mueve y se estanca, se acaba pudriendo. No admitirlo es engañarse.

En este punto cabe hacerse otra pregunta. ¿Hasta qué punto de profundo y comprometido es el sentimiento rojillo de los socios si el domingo votaron algo más de 2.400 de los más de 11.800 que tiene el club? ¿Quiere decir que solo poco más de un 20% de la masa social considera el club como algo suyo y que el resto se limita a bajar al estadio cada quince días y con eso le es suficiente?

El resultado de las elecciones tiene otra lectura. Aunque el efecto buscado y deseado por la directiva fuera uno, quizá el conseguido sea el contrario. En todo este tiempo Sabalza y su junta han navegado a favor de corriente. Han revitalizado el club en muchos aspectos, saneado la economía, el panorama judicial presenta otro color, tienen un nuevo Sadar y hasta hace un mes las cosas deportivamente han funcionado. Pero esta maniobra, legal pero discutible a todas luces, ha revuelto las aguas. Si lo que se pretendía era taponar las corrientes críticas, éstas se han embravecido más si cabe, porque se han visto y se saben ninguneadas. Sumen a esto el mar de fondo que traen los pésimos resultados deportivos de noviembre. Un punto de 15 posibles que ponen al equipo en puestos de descenso. Y lo que es peor, la sensación de que el jagobismo ha perdido fuelle. Lo que para Sabalza y su gente parecía una navegación por un canal apacible está cambiando. Pinta de marejada, a fuerte marejada. Queda por ver cómo navegan cuando vengan mal dadas, y si el barco aguanta un oleaje que ya está aquí. Tienen un elemento a favor, el público no puede ir a El Sadar cada dos semanas para mostrar su enfado por todo lo que ve. A la hinchada solo le queda el pataleo en las redes sociales, entre sus compañeros de abono y en la calle. La tentación es pensar que con la Asamblea de Compromisarios controlada las corrientes quedan canalizadas. Craso error. El agua, antes o después, vuelve a su cauce original. Siempre. Porque el agua es libre, e incontrolable.

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