AMBIENTE
El Reyno alcanzó el delirio
- La afición rojilla empujó a su equipo a pesar de que el Sevilla siempre estuvo por delante y los goles de Kike y Lekic le dieron su premio
Publicado el 12/05/2011 a las 02:00
Hasta el final. El Reyno de Navarra volvió a empujar durante los noventa minutos más descuento a sus jugadores. Con el corazón encogido en un puño, la marea roja hizo de tripas corazón y grito aún sabiendo que su equipo se acercaba peligrosamente al descenso durante buena parte del partido. El segundo gol de Kike Sola premió a la hinchada. Y el de Leka llevó el delirio a una afición de Primera.
Los dos zarpazos de Negredo mediada la primera parte sentaron como un jarro de agua fría en una grada que tenía ganas de triunfo, de sumar 44 puntos, de permanencia. El equipo había sentido el apoyo desde que saltó al campo. El ímpetu del fondo sur era tal que se saltó el minuto de silencio en memoria del padre de Juanfran y Severiano Ballesteros; aunque cuando sus nombres fueron mencionados por megafonía encontraron una multitud de aplausos por respuesta. Se comenzó a cantar el Riau Riau de los grandes días. Una banda sonora capaz de intimidar a cualquier batallón emanaba de la garganta del viejo El Sadar.
No obstante, los guerreros sevillanos sobrevivían a la emboscada. Tuvo que aparecer la testa de Negredo. La celebración del primero de sus tantos tuvo como marco un incesante "Osasuna, Osasuna". Sin embargo, el segundo gol del vallecano sí silenció al Reyno. Y la puntilla para los seguidores rojillos fue la lesión de Nelson. Rápidamente, la grada se dio cuenta de que era algo grave. El caboverdiano fue despedido por un estadio en pie, entregado.
No obstante, el gol de Kike Sola nada más comenzar la segunda parte renovó los ánimos. Los cánticos habituales volvieron a subir los decibelios. Había que empatar. Las decisiones arbitrales comenzaron a encrespar los ánimos y a Muñiz Fernández se le acabó convirtiendo en protagonista de algunas letras. Pero al final, el premio llegó. El empate de Sola fue celebrado con énfasis por un estadio que veía peligrar la presencia de los mejores equipos de España. Y el tanto de Lekic elevó al éxtasis a una afición que supo sufrir, pero que se marchó con la alegría pocas veces del Reyno. Al final, el Riau Riau se volvió a entonar. Se seguirá cantando.