Getafe 1-0 Osasuna

Las lágrimas del osasunismo

Herrando se mostró desconsolado en el banquillo tras el gol del Getafe

Fotos del partido Getafe-Osasuna
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Fotos del partido Getafe-OsasunaJ.P. Urdiroz
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Álvaro Huarte Llorens

Publicado el 24/05/2026 a las 08:29

No cabe duda de que la situación de Osasuna le estaba costando más de una mala noche a algún que otro jugador rojillo. Aimar, quién ya se mostraría emocionado en el multitudinario entrenamiento del viernes, fue el que consoló a esta vez un enternecido Jorge Herrando. El central, que no ha gozado apenas de minutos, se metió en un lío en una acción sin peligro aparente en la que lo más normal hubiese sido depejar el balón. Pese a que eso mismo fue a lo único a lo que se dedicó el conjunto navarro en el verde del Coliseum, en esta ocasión le robaron la cartera y regaló el balón que acabó en el definitivo 1-0.

La ‘rasmia y corazón’ no aparecieron en los siguientes compases de la jugada. Un tibio despeje derivó en la inofensiva defensa de Moncayola, que permitió el disparo de Luis Milla. Pues el que no pudo parar de llorar desde que salió del campo en el minuto 68 fue el defensor navarro. Gracias a una morbosa realización por parte de LaLiga se pudo apreciar que Herrando lloraba desconsoladamente y se tapaba la cara vista la impotencia del equipo, y asumiendo su parte de culpa en la derrota.

La aparición del central en el once del técnico sorprendió. No por el pundonor y nivel mostrado cuando le ha tocado jugar, sino por la obviedad de su presencia en los elegidos por Lisci esta temporada. Las innovaciones llegaron en la última jornada de liga. Defensa impar, Aimar Oroz sacando los córners y una doble delantera que no supuso problema para la defensa azulona.

No cabe duda de la pasión por los colores de varios jugadores de la plantilla. Pero como bien comentó Kike Barja en la previa al duelo, “no vale de nada hablar, hay que demostrarlo en el campo”. Resulta injusto que, probablemente uno de los jugadores con menos responsabilidad sobre la mala gestión del final de temporada, sea el señalado en esta bochornosa salvación.

Pero si también algo ha caracterizado a este club en los innumerables momentos al filo del abismo ha sido resiliencia de sus jugadores. No fue así esta vez. Es extraño ver la reacción de una afición, que se las prometía para mirar a Europa hace un mes, animar a su equipo de aquella manera en un entrenamiento por no descender, con los mostrado por su equipo sobre el césped. Como también es extraño que no revolviese la conciencia de los jugadores. Al margen de un plantemiento inadecuado, las carreras de los rojillos no mostraron esas ganas de quedarse en primera que se prometían tan solo unas horas antes.

Cuando se celebra la salvación antes de tiempo o se deja escapar los puntos como si fueran inocuos aparecen los nervios y las desgracias. Fue el caso de Herrando o la lesión de Rubén nada más entrar. Se dejó en entrevisto que la elección por la defensa de cinco esta vez sí tuvo finalidad defensiva. Cuando el buscado 0-0 desapareció parecía que Osasuna se iba a volcar a por el gol, fue entonces cuando se vieron las carencias del ataque rojillo.

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